Entrevista a Víctor Ullate, bailarín y coreógrafo

Con su compañía, y antes como bailarín de las de Antonio Ruiz Soler y Maurice Béjart, ha recibido aplausos en todo el mundo. Ha viajado mucho por razones de trabajo y ahora lo hace para desconectar. Siente debilidad por Oriente, por los paisajes montañosos de la India y Nepal, y retorna en cuanto puede a su ciudad favorita, Nueva York. El artista aragonés estrenará a mediados de mes un espectáculo en homenaje a Enrique Morente, con el que compartió veladas inolvidables en Granada.

Javier del Castillo
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Foto: César Lucas Abreu

Desde la platea del Nuevo Teatro Alcalá observa las evoluciones de sus alumnos en el escenario, a la vez que da instrucciones a sus ayudantes. Maestro de Ángel Corella y Tamara Rojo, este grande del ballet español disfruta ahora enseñando a las nuevas generaciones la profesión a la que ha dedicado su vida desde que era un niño. Víctor Ullate habla de sus primeros viajes como bailarín en los años 60 a lugares que entonces le parecieron increíbles, como Irán o Beirut. Las excursiones con el colegio a Cogullada (Zaragoza), a la Sierra del Moncayo, al Pirineo de Huesca o los viajes a la Costa Brava en verano, aprovechando las visitas de la familia a su hermana Marisol, que estaba interna en un centro especial de Barcelona, fueron una anécdota al lado de los destinos que le esperaban después como bailarín de la compañía de Antonio o del Ballet Siglo XX, a las órdenes de su admirado maestro Maurice Béjart.

¿Qué recuerda de su primer viaje al extranjero?

Fue un viaje a Italia, para actuar con el Ballet de Antonio. Yo tendría 16 años. El segundo viaje importante que recuerdo lo hicimos a Londres... Pero el que más me impresionó fue otro a Nueva York. Aquello para mí era un descubrimiento y me sentí tan a gusto que llegué a pensar que había estado allí en una vida anterior. Me sentía bien en mi piel. Luego he ido a Nueva York muchas veces, por trabajo y otras como turista, y siempre he percibido esa sensación de bienestar.

¿Estas primeras experiencias tuvieron continuidad al pasar a formar parte de la compañía de Béjart?

Con el Ballet Siglo XX viajábamos por todo el mundo. Estuvimos en Japón, en Cuba, en México durante los Juegos Olímpicos y en Oriente Medio. Mis viajes siempre han sido fantásticos. El problema es que cuando vas a trabajar no tienes tiempo de nada, a no ser que tengas unos días de permiso antes o después de la gira. Por eso quizás uno de los viajes más bonitos que he hecho, ya de mayor, ha sido a Nepal. Es un país que me fascinó y al que he vuelto después para conocerlo mejor. También recuerdo con añoranza las Islas Maldivas. Fui con mis hijos y con mi pareja hace unos años y disfrutamos muchísimo. Pienso volver.

El bailarín y coreógrafo aragonés vivió catorce años en Bruselas, donde nacieron sus dos hijos mayores, Patrick y Víctor, y guarda un buen recuerdo de esta ciudad belga. Trabajaba en la compañía que estaba de moda y cuando hacían una gira eran recibidos con honores en los lugares de destino. "Estuve bailando con Maurice Béjart -recuerda Víctor- en las ruinas de Persépolis, en una fiesta organizada por el Sha de Persia en la que estaban como invitados algunos reyes y jefes de Estado".

Pero Bruselas dicen que es una ciudad muy aburrida...

También tiene sus encantos. Es una ciudad tranquila, aunque llueve a menudo... También puedes disfrutar de sitios bonitos como el Bosque de la Cambra. El problema es que para los belgas todos los españoles éramos emigrantes. Un vecino belga me dijo: "Extranjero de mierda, podías irte a tu tierra". Y le contesté que estaba allí porque me había contratado el Teatro de la Moneda para que pudieran disfrutar de mi arte.

¿España no ha sabido vender bien en el exterior su arte y su cultura?

Lo mejor que vendemos es el fútbol. En un pueblo perdido de Nepal un pastor me empezó a hablar del Barça y del Real Madrid. Nos conocen por el fútbol, pero no porque tengamos buenos músicos, buenos bailarines o buenos científicos.

¿Ha estado en China?

No he bailado en China, pero sí estuve allí con motivo de un intercambio cultural con España, junto a Terenci Moix, Adolfo Marsillach y Antonio Gala. Con estos personajes, te puedes imaginar. Lo pasé muy bien. Un día me perdí en la Ciudad Prohibida y nadie me podía ayudar porque no me entendían.

¿Qué país le ha impresionado más por su manera de ser?

Tailandia. Me gustan mucho los países exóticos.

¿Un lugar para refugiarse cuando se retire?

Me encanta Granada, donde tengo una casita. Es un remanso de paz. Pero la felicidad está en uno mismo. No porque vayas a un sitio vas a ser más feliz.

¿Qué recuerdos le trae Cuba?

Estuve por primera vez en La Habana en 1968 y conforme he ido después me la he encontrado más deteriorada. Me da mucha pena que esa maravilla se vaya cayendo.

¿Hay algo que tenga Nueva York que no tengan París o Roma?

Nueva York es un escaparate muy bonito, donde puedes ver cantidad de cosas, desde teatro a musicales... Todo lo que quieras. Además, nadie se preocupa de nadie. Tú puedes ir donde te dé la gana sin problemas. Te sientes parte de la ciudad.

¿Le gusta acumular objetos de los lugares que visita?

Siempre compras cosas que luego te recuerdan ese sitio y que pasan a formar parte de tu vida. Pero los arraigos no son buenos. Yo nunca he tratado de vivir de los recuerdos, prefiero vivir en el presente. Si estás añorando el pasado, es porque el presente no existe. Ahora me apetece volver de nuevo a Marruecos. Me gustó mucho la experiencia de dormir en el desierto, viendo las estrellas. Pero hay tantos sitios a los que me gustaría ir...

"Con Morente viví encuentros inolvidables al pie de la Alhambra"

Después de haber viajado por tantos países, a Víctor Ullate le gusta recrear una puesta de sol en México o un paisaje de Tanzania, pero también detenerse en algunos de los escenarios mucho más próximos y no menos interesantes: "Me gusta mucho el sur de España; ciudades como Granada, Sevilla, Córdoba, Cádiz o Jerez. Yo, de pequeño, quería ser bailarín de flamenco, pero entonces en Zaragoza no había academias de flamenco y mis padres me llevaron a ballet clásico. Por eso ahora pretendo hacerle un merecido homenaje a Enrique Morente, con el que viví algunos encuentros inolvidables al pie de la Alhambra".

Curiosamente, en el otro extremo de la Península Ibérica sitúa el director de ballet y coreógrafo sus paisajes más entrañables: "Me gusta ir a las Vascongadas porque allí, en el Teatro Arriaga de Bilbao, estrené una de mis primeras coreografías. Me encanta también Santander, San Sebastián y todo Galicia, especialmente A Coruña".

Víctor Ullate se ha pateado, por su trabajo, todas las capitales de provincia españolas: "Siento un cariño especial por Barcelona, pues mis primeros pinitos los hice en el Teatro del Liceo. De pequeño íbamos mucho a Barcelona para ver a mi hermana (disminuida psíquica por culpa de una meningitis). Es una ciudad que me trae gratos recuerdos. La verdad es que no hay sitio al que no me encante ir y ahora, como director, lo hago casi como una obligación, para comprobar cómo reacciona el público durante un ballet y para ver cómo actúan mis bailarines. Es mi vida, el motor de mi vida".