Entrevista a Vicente del Bosque, seleccionador nacional de fútbol

Lo ha ganado casi todo, como jugador y como entrenador, pero no le da mayor importancia. Si algo caracteriza a este salmantino que bascula su generosa humanidad por la Ciudad del Fútbol de Las Rozas (Madrid) es la calma. Vive el éxito con la misma naturalidad con la que admite ser "hombre de secano". Ha viajado bastante, pero tiene tendencia a la vida tranquila y relajada.

Javier del Castillo
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Foto: Victoria Igelsias

En las paredes de los pasillos que dan acceso al despacho de Vicente del Bosque puede verse resumida la historia reciente de la Selección Española de Fútbol. Abundan las fotografías de algunos momentos del juego, pero los lugares más estratégicos están reservados a los grandes hitos, como el gol de Andrés Iniesta a Holanda o las celebraciones del Mundial de Sudáfrica y las dos últimas Eurocopas ganadas por España. A sus 64 años, el responsable del equipo nacional consigue durante la entrevista abstraerse del ambiente futbolístico que domina el entorno y detenerse en su experiencia viajera. Al fin y al cabo, gracias al fútbol ha podido darse cuenta de que nuestro país es mucho más admirado de lo que creemos. Vicente del Bosque ha viajado por todas las capitales de provincia españolas, salvo Lugo, y por casi todas las europeas. Sin embargo, sus lugares favoritos siguen siendo Salamanca, Madrid y San Pedro de Alcántara (Málaga).

¿Con qué ciudad española se quedaría?

Me inclino por Salamanca. Es una ciudad fantástica y preciosa para visitarla. También paso mis buenos ratos en San Pedro de Alcántara (Málaga), donde tenemos una pequeña casita, a la que vamos normalmente en verano. Pero por cualquier sitio que vas hay algo bonito que ver.

Recomiende a los lectores de VIAJAR algún rincón de Salamanca.

A mí me gusta mucho la zona de San Esteban y los Dominicos; es muy bonita, pero tengo que reconocer que la Plaza Mayor es el símbolo principal de la ciudad. Lo digo con orgullo y con alegría.

¿Algún viaje que le haya dejado una huella imborrable?

El viaje más importante para mí fue el que me permitió, cuando tenía 15 años, conocer el mar. Había viajado ya con el Gordini de mi tío por la provincia de Salamanca, pero no había visto nunca una playa. Fuimos a Avilés, siguiendo al equipo de fútbol de la Unión Deportiva Salamanca, y visitamos la cercana playa de Las Salinas, una de las playas más bonitas de España. Ahora presumo de ser de secano, pero es que entonces tenía 15 años y no había visto todavía el mar.

Cómo recuerda usted su llegada a Madrid en el verano del año 1968, cuando acudió para enrolarse en las categorías inferiores del Real Madrid Club de Fútbol?

Recuerdo que vivíamos primero junto a la Avenida Pío XII y luego nos traslamos a una pensión de la calle General Álvarez de Castro. Entonces nos comunicábamos con la familia por carta. El Madrid de entonces era muy distinto al de hoy. Un poco lo mismo que si comparas la Polonia que yo conocí en los años 70 con la de ahora. Igual podría decirte de la Unión Soviétoca, de Rumanía o de la antigua Yugoslavia.

Entonces no le conocía nadie y ahora supongo que le será más difícil pasar inadvertido...

Pero lo llevo con bastante naturalidad y procuro atender a todo el mundo. Tenemos que estar satisfechos de la evolución de nuestro país, como lo acredita la gran cantidad de turistas que nos visitan. Hemos perdido los complejos que teníamos. Viajar, por otra parte, educa tanto o más que la Universidad.

A lo largo de su carrera deportiva también vivió en Castellón y en Córdoba, cuando estuvo cedido por el Real Madrid en los equipos de esas dos ciudades.

Son ciudades a las que les tengo un especial afecto. Estuve dos años en Castellón y uno en Córdoba, y a las dos las llevo en el corazón. La zona mudéjar, en el centro de Córdoba, es fantástica. Lo pasé muy bien allí. Y en Castellón igual.

¿Qué recuerda de Turquía y de los turcos, de los ocho meses que vivió en la ciudad de Estambul, cuando estuvo entrenando al equipo del Besiktas?

Estambul es una ciudad increíble, con una mezcla muy bonita de culturas. La gente de allí es muy maja. Fuimos toda la familia, incluidos mis suegros, y nos trajimos de allí hasta un perro. Mi hijo Álvaro lo tenía algo más complicado, pero a través del Instituto Cervantes le encontramos un profesor que acudía todas las mañanas a casa. Era un sabio de Carabanchel (Madrid), un hombre de mundo, que había vivido antes en Egipto. En Estambul yo no fui nunca al Gran Bazar, pues ir allí como entrenador del Besiktas hubiera sido una locura. Los turcos son muy afectuosos.

¿Cómo han influido nuestros éxitos deportivos en la percepción que hoy se tiene de España fuera de nuestras fronteras?

El deporte da una imagen buena. No solo es por ganar, sino por los comportamientos de Rafa Nadal, Pau Gasol o de nuestros atletas y futbolistas. Ha sido un empujón para la marca España.

¿A la hora de elegir el destino de sus vacaciones prefiere la playa o el interior?

Yo soy de secano. La casa que tenemos en San Pedro de Alcántara está junto al paseo marítimo, pero no bajo nunca a la playa. Tampoco soy mucho de viajar. No soy de andar demasiado por ahí y busco cada vez más la tranquilidad en los viajes. Será cosa de la edad.

¿Si tuviera que decantarse por un país?

Me quedo con España. Es un país fantástico, desde el Norte hasta el Sur, pasando por las islas.

En Johannesburgo (Sudáfrica) y Kiev (Ucrania) se lograron las victorias más importantes de la Selección Española de Fútbol con Vicente del Bosque como seleccionador (campeona del Mundo y campeona de Europa, respectivamente). Supongo que son dos ciudades inolvidables para usted...

A Johhanesburgo volvimos un tiempo después para agradecerles el excelente comportamiento que habían tenido con nosotros. También nos trajimos muy buenos recuerdos de Durban y del resto de las poblaciones por las que pasamos en el Mundial de Sudáfrica. A Ucrania también volveremos para disputar en Prado el último encuentro de la fase clasificatoria para la Eurocopa. La final que jugamos en Kiev contra Italia no la olvidaré nunca.

¿Y Brasil mejor olvidarlo?

No. Es un extraordinario país, un país fantástico, en el que mucha gente parece que está al margen del sistema; gente incontrolada pero muy interesante. El problema es que durante la competición y en las concentraciones resulta muy difícil disponer de tiempo libre para patear las ciudades en las que uno se aloja.

El hecho de asumir una escasa vocación viajera no es óbice para que Del Bosque elogie los efectos positivos que reporta el conocimiento de otros países y otras culturas.

El viajar nos hace más tolerantes, sin ninguna duda. Y yo me alegro de que haya cada día más entrenadores y futbolistas españoles compitiendo en otros países; que podamos demostrar que estamos preparados para triunfar en las principales ligas del mundo.

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