Entrevista a Sebastián Álvaro, periodista

De los casi 40 años en TVE, 27 los ha vivido "Al filo de lo imposible". El día que un amigo del Club de Montaña le pidió grabar una expedición al Himalaya cambió su vida. Dejó de hacer telediarios y se dedicó con pasión a escalar altas montañas, a cruzar desiertos, sobrevolar los Andes en globo o descender por aguas bravas. Aunque algunos amigos no han vuelto de esas expediciones, sigue viajando y disfrutando. Lo suyo es contar historias, "buenas o malas, pero siempre emocionantes".

Javier del Castillo
 | 
Foto: César Lucas Abreu

Vive muy cerca de la Casa de Campo y también cerca de su otra casa, TVE, donde trabajó desde los 16 años hasta que le obligaron a dejarlo, como otros veteranos, en diciembre de 2008. Una parte de esa trayectoria profesional -39 años y medio- está guardada en el sótano, donde comparte con su hijo una sala de montaje y un archivo con miles de horas grabadas en los lugares más increíbles del planeta. En ese santuario queda constancia fotográfica de algunas de sus más de doscientas expediciones y el testimonio de admiración de Sebas por alpinistas legendarios a los que ha conocido: Maurice Herzog y Walter Bonatti, entre otros.

"Eran gigantes, gente enorme", afirma Sebastián Álvaro, mientras en la tele del salón ha quedado congelada una panorámica del desierto Líbico, tomada durante la expedición realizada en 2004 con Al filo de lo imposible: "A Maurice le tuvieron que cortar los dedos de los pies y de las manos después de subir al Annapurna en 1950. Fue durante doce años ministro con De Gaulle, ocho años alcalde de Saint Moritz, miembro del COI... Cuando murió, el pasado diciembre, le hicieron un funeral de Estado. Vivió la vida a tope. Con más de 90 años, estuvo conmigo en Madrid y se metió media botella de Oporto para el cuerpo. Es una generación irrepetible".

Si de algo puede presumir usted es precisamente de haber mostrado a millones de españoles esas cumbres conquistadas por ellos.

Fue un proceso natural. Yo trabajaba en los telediarios, pero hacía montaña. Entonces grabé un documental de una expedición al Himalaya; gustó mucho a los jefes, y a partir de ahí se enredó la cosa. Tenía claro que no volvería a hacer más telediarios. Al filo de lo imposible, junto a El Hombre y la Tierra, ha pasado a ocupar un lugar destacado en la mejor tradición documental española. En el Everest he estado cinco veces; en el K-2, cuatro; en el Nanga Parbat, tres. Nosotros fuimos los descubridores de lo que hoy podríamos denominar la aventura moderna en España.

También ha perdido amigos en esas aventuras...
En 207 expediciones perdimos a dos compañeros. Si hubiera montado una empresa de mensajería, probablemente habría tenido mayor índice de siniestralidad. Hay lugares ligados a emociones negativas. He pagado un peaje por hacer mi profesión y por elegir la forma de vivir que quería. Nada más.

¿Se puede disfrutar en plena escalada del espectáculo natural que a uno le rodea?

Depende del riesgo y de la altitud, pero siempre hay tiempo para mirar un paisaje. Incluso cuando apenas tienes sensibilidad en los pies, hay tiempo para decir: estoy en el lugar más bello de la Tierra. Si tuviera que elegir una montaña, me quedaría con el Masherbrum 4.

¿El Everest ya no es lo que era?

Hace 50 años era un lugar solitario, salvaje, pero hoy se ha convertido en una feria de las vanidades. Estuve la primavera pasada y había alrededor de trescientas personas haciendo cola para subir a la cumbre. Es algo lamentable, con sherpas que les llevan hasta las botellas de oxígeno.

Sebastián pasará el fin de semana con un grupo de amigos escalando los Mallos de Riglo (Huesca). Cualquier excusa es buena para practicar deporte al aire libre: "Yo siempre digo que antes de escalar en el Himalaya y el Karakorum, uno tiene que hacerse montañero en La Pedriza, Guadarrama, Picos de Europa o los Pirineos".

¿Cómo influye la edad a la hora de preparar nuevas expediciones?

Hay una canción muy bonita de mi admirado Joaquín Sabina que dice: "El agua apaga el fuego y al ardor los años". A mí los años aún no me han apagado el ardor. Sigo haciendo expediciones y sigo yendo con chavales más jóvenes a escalar y a hacer deportes de aventura. Eso sí, ahora entreno dos horas al día y cuando era joven no necesitaba entrenar.

¿Un momento que haya quedado grabado para siempre en su memoria?

Cuando cruzamos los Andes en globo. Pasar la espina dorsal de América, por encima de picos de casi siete mil metros, como el Aconcagua, se te queda grabado en tu memoria para siempre. Ni el primer beso, ni lo que viste desde la cesta de aquel globo se te olvidarán nunca.

¿Qué mensaje le gustaría que perdurara de "Al filo de lo imposible"?

Nosotros enseñamos los últimos paisajes grandiosos de la Tierra. Pero, sobre todo, transmitíamos unos valores: esfuerzo, valentía, solidaridad y honestidad.

Roma y París... Pero sin olvidar España
La montaña, al menos para Sebastián Álvaro, es perfectamente compatible con expediciones más relajadas, a través de paisajes urbanos. "A mi mujer, Carmen, y a mí nos encanta Roma y vamos con frecuencia. Pero no para ver la Roma del Coliseo, la Plaza de San Pedro o la columna de Adriano sino la Roma de las pequeñas tabernas, la que te permite disfrutar de los mercados, paseando por el barrio judío y por el Trastevere o ver museos que ni siquiera sabías que existían".

Roma y París son las dos grandes ciudades a las que este profesional del periodismo de aventura se iría a vivir "pasado mañana": "Hace tres o cuatro años le dieron una condecoración a Maurice Herzog y nos invitó al acto que tuvo lugar en el Palacio del Elíseo. Pasamos cuatro días en la capital francesa paseando. No teníamos ni idea de adónde ir, pero ni queríamos tenerla. Me gusta improvisar, salvo que vaya a un lugar con un objetivo concreto. Además, tanto a Carmen como a mí nos gusta mucho caminar. Juntos nos hemos pateado Nueva York en varias ocasiones y la vieja ciudad de Katmandú".

De los destinos españoles, destaca Sevilla y Barcelona, con mención especial para las dos Castillas: "He realizado el Camino de Santiago en bicicleta y me gusta descubrir la España auténtica: provincias como Burgos o León, donde te puedes topar con unas ruinas románicas, con un castillo en lo alto de un cerro, una ermita o una catedral que son una auténtica maravilla. Nosotros nunca hemos sabido vender lo nuestro, pero tenemos el país más rico del mundo desde el punto de vista del patrimonio. Solo Italia nos puede hacer sombra".