Entrevista a Quique San Francisco, actor

Cumple 61 años en este mes de marzo, pero viéndolo en pantalón vaquero, con la camisa por fuera y recién salido de la ducha nadie lo diría. Hijo de actores –Queta Ariel y Vicente Haro–, nació en Madrid, vivió su infancia en Barcelona y pasó muchos veranos en Comillas (Cantabria). Le atraen los parajes de Las Bardenas Reales y su gran sueño es vivir algún día en Rusia.

Javier del Castillo
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Foto: Victoria Iglesias

Aunque en estos momentos trabaja en la serie de televisión Gym Tony (Cuatro), su trayectoria reciente ha estado más vinculada al teatro. El cine -con películas como Maravillas, de Manuel Gutiérrez Aragón; Amanece que no es poco, de José Luis Cuerda, o Acción mutante, de Álex de la Iglesia- ha pasado a segundo plano. Gracias a las giras teatrales, a "los bolos", como él dice, ha descubierto buena parte de España. Y gracias a su inconformismo y rebeldía ha vivido aventuras increíbles en Nepal o sobrevolado la isla de El Hierro en parapente.

¿Conoce bien España?

Más o menos. Con los bolos conoces muchos pueblos y ciudades, pero de una manera insustancial, porque pasas muy poco tiempo en ellos. Con la obra Misterioso asesinato en Manhattan hicimos unos doscientos bolos (representaciones). España es toda muy bonita.

¿Qué le atrajo de Nepal para quedarse a vivir un año?

Vi el terreno y decidí recorrer Nepal en moto. Aquello es una maravilla, aunque ha quedado bastante destrozado por el terremoto. Yo vivía en Patán y desde allí me iba al lago Pokhara en una moto alquilada. La moto más moderna tenía diez años más que las que yo utilizaba en Madrid, pero estaban preparadas para viajar por aquellos caminos y carreteras. Tenía una Honda que era moto-trail, con ruedas de taco.

¿Alguna anécdota curiosa de su aventura por Nepal?

Un día me detuvieron y me metieron en la cárcel por darle una h... a un mono que me había robado un plato de espaguetis. Yo sabía que por aquellos lares las vacas eran sagradas, pero no los monos. Fue un acto reflejo, ¿me entiendes?, sin pensar. Me acababan de servir los espaguetis, después de estar una hora esperando para comer, muerto de hambre, y el mono saltó de arriba y me cogió los espaguetis con las dos manos. Aquello era una plaga. Los monos trabajan en equipo, son ladrones y borrachos. Pero, aun así, me detuvieron.

¿Y a dónde le llevaron?

A una celda que parecía de la Edad Media, con unos barrotes como las vigas de esta casa. Y encima me pusieron grilletes que me quedaban grandes y que me los podía sacar cuando quisiera. Parecía como un hulahoop. Allí estuve encerrado hasta que llegó el dinero para pagar.

También ha viajado a Estados Unidos.

He estado en Nueva York, en Chicago y en Miami.

¿Y no ha ido a San Francisco?

No he tenido la oportunidad de hacerlo todavía. Pero aquí también hay una bebida que se llama San Francisco. La probé una vez y no la he vuelto a probar. La Mahou es algo más serio, como de la familia. A mí me tenían que haber puesto Mahou de apellido, pero no he tenido esa suerte.

En su biografía dice que con 6 años ya trabajó en una película. ¿Entonces no estaba prohibida la explotación infantil?

Perdona, pero mi madre no me explotaba. En todo caso explotó ella, de aguantarme. Yo era un niño hiperactivo y con un coeficiente intelectual por encima de la media. Tanto es así que me llevó a un centro especial, para superdotados, pero no supieron explicarle de qué servía estar allí y me sacó a la semana siguiente. Ella les dijo que yo no tocaba ningún instrumento, pero que de armamento lo sabía todo. Era un especialista. Con un palo te hacía dos fusiles. Le dijeron que tenía que estar allí un tiempo, para ver cómo me orientaba, y mi madre les dijo que ya me orientaba ella.

¿Qué es lo que más le interesa en los viajes?

Conocer otras culturas. Saber sus costumbres, lo que comen, cómo viven. También me gusta observar el sentido que tienen del tiempo. Cuando yo llegué a Nepal iba por la calle que parecía un loco. Me miraban como a un bicho raro por la prisa que llevaba. Hasta que me dijeron: "che, no hay que correr tanto". Luego fui cogiendo el sentido del tiempo y eso te produce una paz interior. Es maravilloso. No me puse a meditar en un templo porque me acuerdo de mí mismo y la jodimos.

El día que pueda tomarse las cosas con más tranquilidad, ¿a dónde le gustaría ir a descansar?

A Rusia. También me gustaría ir a África, a conocer el Ngorongoro, y visitar algunos países musulmanes, pero ahora el ambiente allí no es muy agradable. Con esta pinta que tengo de judío, me pueden cortar la cabeza.

Además de los paisajes de Comillas, ¿podría señalar otros lugares de España que le hayan llamado especialmente la atención?

Me sorprendió mucho la Laguna Negra, en Soria, donde tenía una casa -con capilla y todo- una novia millonaria que tuve. Con el agua aquella negra, parecía otro planeta. Las Bardenas Reales (Navarra), donde se rodó la película Acción mutante, también me pareció impresionante.

¿Es más de monte o de playa?

Me gusta mucho el campo. Mi abuelo tenía en Comillas una finca con vacas, cerdos, bueyes, caballos... Me gustaría irme a vivir al campo, pero si tengo acceso a comprar cerveza y a escuchar buena música.

Creo que en su juventud practicaba algunos deportes de riesgo.

Hace más de veinte años hacía parapente en la isla de El Hierro (Canarias). Un amigo, Carlos Manuel, tenía allí una casa incrustada en la roca, y una pista para aviones ultraligeros. Hacíamos también submarinismo en el Mar de las Calmas, donde hay unos fondos de coral increíbles.

¿Cómo se ve España cuando te alejas de ella?

Te das cuenta de que somos un país insignificante. Lo siento. Soy muy español y muy patriota, me encanta el Ejército, pero no soy chovinista. Hemos cambiado a peor. Antes la gente en Cantabria se tiraba cuatro horas preparando un marmitaco. Ahora te lo hacen en la olla exprés y no es lo mismo. Las estrellas Michelin las dan por un pollito que lleva cangrejo rebozado con nitrógeno, en lugar de darlas por un plato de toda la vida.

Conoce bien Madrid y Barcelona. ¿Qué diferencias hay entre ellas?

Barcelona, arquitectónicamente, está mejor diseñada. La diseñó Primo de Rivera, que era un señor muy inteligente y un gran fascista. Antes era la ciudad más europea de España, pero se ha estropeado. El nacionalismo crea un involucionismo terrible y absurdo. Madrid es la ciudad más cosmopolita y multirracial que existe. En Madrid lo que menos quedamos son madrileños. Nunca hemos sido nacionalistas.

Quédese con un rincón de Barcelona.

Me gustaba mucho la calle Tuset, que era como la Calle 42 de Nueva York. Allí estaban todos los grandes, desde Serrat a los movimientos culturales, pasando por la gauche divine. Yo tuve la suerte de vivirlo.

¿Le gustan los viajes organizados o la aventura?

Me gusta la aventura, pero tengo una limitación: la edad. Decía el gran Elías Canetti en Cuentos de Marrakech que "el buen viajero tiene que ser despiadado". Yo he visto cosas muy bonitas, pero también el hambre, la miseria y el dolor.

Si le toca en un concurso un viaje "a cualquier parte del mundo", ¿qué destino elegiría?

Ya le he dicho que quiero conocer Rusia. Vivir en un barrio pobre de Moscú y conocer cómo es la gente. Las playas del Caribe me interesan mucho menos.

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