Entrevista a Lorenzo Caprile, modista

Es uno de los modistas, que no modistos, más reconocidos. Acepta que no hablemos de su reciente libro "De qué hablamos cuando hablamos de Estilo" y sí de sus cuadernos de viajes, sus postales viajeras, sus raíces italianas y de esos lugares que han dejado huella en su vida. Extrovertido y vehemente, Lorenzo Caprile es, a sus 47 años, un profesional que no da puntada sin hilo.

Javier del Castillo
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Foto: Luis Davilla

En el hall de su taller de Claudio Coello, en Madrid, Lorenzo Caprile mira de frente a su interlocutor y subraya con los gestos todo aquello que le ha llamado la atención en sus idas y venidas por un mundo que considera cada vez más uniformado. Antes incluso de que le preguntes, el responsable de algunos de los vestidos más celebrados de la Reina Doña Letizia y del vestuario de importantes óperas y obras teatrales, te adelanta que le gusta viajar solo, que no tiene carné de conducir y que esta carencia es una buena excusa para patearse bien los lugares a los que viaja y distraerse en los escaparates. Conoce muy bien Italia, especialmente el norte del país, y se lamenta de no haber podido visitar todavía el Monasterio de Yuste.

¿Por qué no le gusta viajar acompañado?

Pierdes un montón de tiempo. Uno quiere ir a un sitio, el otro quiere ir a otro y al final nadie queda contento. Los viajes más bonitos que recuerdo los he realizado en solitario o con un amigo mío muy viajero, Fabián C. Barrios, que ha recorrido el mundo en moto. Yo también soy motero, pero de escúter para ciudad.

¿Algún viaje especial?

Un viaje muy especial, que luego fue una estancia de más de dos meses, fue el que hice a Los Ángeles en el año 2009. Fue en un momento de crisis personal y profesional, que tuvo que ver con el fallecimiento de mi padre y con la crisis de los 40. Se me metió en la cabeza Los Ángeles y allí me fui buscando la fantasía, el sueño americano, Hollywood y sus películas... Ese viaje marcó un antes y un después en mi vida.

Supongo que también le atraerá Nueva York, aunque solo sea por lo que significa en el mundo de las nuevas tendencias y de la moda.

Yo viví a tope la Nueva York de los años 80. Acababan de construir las Torres Gemelas y recuerdo que cené un par de noches en el restaurante Windows on the World. Esa Nueva York ya no existe, aunque sigue siendo una ciudad muy estimulante. Te faltan horas del día para seguir el ritmo de esa ciudad. Para mi gusto, la capital de la moda ya no es París sino Nueva York. Es donde están el dinero y los compradores.

Lorenzo Caprile asume con naturalidad su predisposición a mirar los escaparates y cómo visten los habitantes de las ciudades que visita y reflexiona sobre la uniformidad en el vestir dentro del mundo occidental: "Estamos en manos de cinco marcas globales. Por eso, cuando estuve en India me parecía muy curioso observar en las revistas de moda una parte occidental y otra con saris y sus cosas. Como aquí con el traje de flamenca". Sobre la mesa de su despacho Caprile coloca uno de sus últimos cuadernos de viaje, con recortes, collages, etiquetas y anotaciones sobre Londres y Canarias, donde estuvo en Navidades. Es una de sus aficiones, junto con la de mandar postales a los amigos: "Tengo una caja llena de postales de las que me envían a mí también los amigos. Correos ha sacado una aplicación preciosa: transforman las fotos de tu iPad en postales y te las envían a la dirección que les indiques".

¿Tiene algún viaje pendiente, irrenunciable?

Al Monasterio de Yuste. He leído mucho sobre Carlos V y sobre Juan de Austria y quiero conocerlo. Me parece admirable Carlos V en ese sentido. Es lo que nos gustaría hacer a todos.

¿En dónde le gustaría a usted retirarse?

Tengo varios sitios. Cada vez me gusta más Murcia. Se vive muy bien, se come fenomenal y tengo muchos amigos allí. Tienes el aeropuerto de Alicante al lado, y encima no tienes el problema del idioma.

Pasó algunos años estudiando en Florencia. ¿Qué tiene esa ciudad que no tengan otras de Italia?

En Florencia me siento como en mi casa. Voy muchos fines de semana, al mismo hotel y a la misma habitación. Estuve allí dos años y pico y mi título de Filología es por la Universidad de Florencia.

¿Un sitio al que nunca volvería?

A Cuba no vuelvo ni pagado. El centro histórico de La Habana es como un parque temático. Además, si no funciona el grifo del agua en el hotel es culpa del imperialismo capitalista.

¿Lo más divertido que le ha pasado en un viaje?

Cuando fui a Nueva York a entregar un traje de novia para El lobo de Wall Street, de Scorsese, mi equipaje era el maletón con el vestido. Y yo decía: como me abran esto en la aduana, ¿qué les digo? Gracias a Dios, no me lo abrieron, pero hice el vuelo con el corazón en la boca.

Pueblos, gastronomía y tradición popular
"En España hay sitios maravillosos"

Haciendo patria, Lorenzo Caprile lo tiene muy claro. "Me encanta España y además me ponen muy nervioso esos viajes superexóticos que hace la gente cuando aquí hay sitios maravillosos que no conocemos y a los que nunca vamos porque somos idiotas. Yo no conduzco -otra de las cuentas que tengo pendientes-, pero me gusta coger el tren o el autobús para pasar el fin de semana fuera, en cualquier capital de provincia. Insisto: soy muy patriótico y España me gusta mucho". Por gustarle, hasta le gusta "la gran riqueza española en el traje popular, antropológico, folclórico o como lo quieras llamar. Es impresionante y de él saco muchas ideas para mi taller. El invierno pasado me invitaron a dar una conferencia en un Congreso de Indumentaria Tradicional en Almazán (Soria), y disfruté de una excursión maravillosa. Me pareció un pueblo impresionante, en el que además se come fenomenal". La gastronomía es una de las razones que le animan a viajar por España: "Cuando estás fuera lo notas muchísimo, pero muchísimo. En nuestro país se come muy bien y tenemos una gastronomía variada". Entre los paisajes de su infancia, tiene muy grabado el que contemplaba cada verano al dejar atrás la meseta castellana para adentrarse en tierras de Cantabria: "Veraneábamos en Laredo y nunca olvidaré los puertos de Las Mazorras y Los Tornos, cuando la meseta se va volviendo verde. Aquello me dejaba sin respiración".

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