Entrevista a Juan José Hidalgo, presidente de Globalia

Antes de hacer viajes de negocios y de jugar al golf, viajó por necesidad. Natural de Villanueva del Conde (Salamanca), era el mayor de nueve hermanos y emigró a los 19 años a Suiza huyendo de las precariedades del mundo rural. Hoy, a los 75 años, el presidente de Globalia (Air Europa, Halcón Viajes, Travelplan, Welcome, Be Live...) se asoma al espejo retrovisor del autobús y recuerda algunas de sus increíbles experiencias viajeras.

Javier del Castillo

En su amplio despacho de Pozuelo de Alarcón (Madrid) conviven las maquetas de modernas aeronaves con un cuadro de grandes dimensiones en el que aparece retratado un grupo de segadores, con sus hoces y sus sombreros de paja. El mundo rural sigue presente en la memoria de Juan José Hidalgo. Ha conseguido resistir la imparable revolución de las comunicaciones, pues el mundo rural forma parte del paisaje más querido de este empresario cuyos primeros viajes tuvieron como destino las ferias de ganado de Salamanca capital, Ciudad Rodrigo y Béjar. Después vendría la emigración a Zurich (Suiza) con un contrato de seis meses en una granja, que se prolongó cinco años, los viajes por Europa conduciendo una furgoneta Sava, la pequeña empresa de autobuses, la primera oficina de Halcón Viajes y el nacimiento de Air Europa, una compañía aérea en la que pudo ver cumplidos sus sueños de volar entre los grandes. Buen conocedor del mundo del turismo y de los viajes -por la cuenta que le trae-, presume de desconocer cómo es un viaje de placer y de relax.

¿A dónde podía viajar un chaval de Villanueva del Conde (Salamanca) en los años 50?

Yo iba a Salamanca, que era donde vivían mis abuelos maternos. También iba a las ferias de ganado con mi padre, que se dedicaba a la compraventa de caballos y burros. En Salamanca estaba la Feria de San Antonio, el 15 de junio, y la de septiembre. Luego estaba la Feria de Ciudad Rodrigo, en San Andrés -"dichoso mes que empieza con Todos los Santos y termina con San Andrés"-, y la Feria de Béjar.

Veo que tiene buena memoria... Seguro que tampoco ha olvidado el viaje a Zurich, con 19 años, y un contrato temporal en la cartera.

Claro que no. Tardamos tres días en tren: Salamanca-Madrid, Madrid-Barcelona, Barcelona-Portbou, Portbou-Ginebra y Ginebra-Zurich. Fui con un contrato de seis meses y estuve cinco años.

¿Cómo le marcó Suiza?

Mi forma de ser me viene un poco de los años que pasé allí. Me enseñaron a cumplir con los compromisos y obligaciones. No podías llegar tarde, ni tirar un papel en la calle o dejar el coche mal aparcado. Había una disciplina absoluta en todo y eso ha marcado mi forma de ser en la vida.

¿Viajar ha dejado de ser una odisea?

Ahora es otro mundo. El viaje más largo que yo he hecho en mi vida, como conductor de autobús, duró sesenta horas. Otro compañero y yo cogimos el autobús en Hamburgo y atravesamos Alemania, Bélgica, Francia, España y Portugal, hasta llegar a Faro. Entonces no había autopistas y la suspensión de los autobuses no era la de ahora.

Alguna vez habrá viajado por placer.

Nunca. Todos los viajes que he hecho tenían un interés. Quería ver aquello para comprobar si podía llevar a la gente allí, como cuando fui por primera vez a la República Dominicana, donde tengo importantes inversiones, a Cuba y a México. Nunca he hecho viajes de relax ni desconecto el teléfono cuando estoy fuera de España. Siempre estoy pendiente de lo que pasa. Soy incapaz de relajarme y de olvidarme de las cosas.

¿Qué sitios le han llamado más la atención?

Me gustó mucho Buenos Aires, por la manera de ser de la gente. Yo iba buscar futbolistas, cuando fui presidente del Salamanca, y los argentinos siempre te convencen. Te vendían lo que querían. También me siguen impresionando las fantasías de Nueva York o Miami: los cruceros, los barcos... Mucho de lo que ves por primera vez se te queda grabado y te parece bonito. Aunque depende de a dónde vayas y con qué ojos mires...

¿Un medio de transporte?

Para llegar rápido y comerte el mundo, el avión. En distancias de menos de 300 kilómetros, el AVE.

¿No echa de menos el autobús?

No. El AVE es lo más cómodo. Para qué vamos a decir lo contrario.

¿Una ciudad que le guste especialmente?

Me quedo con Madrid. Hay buen ambiente, buena comida. A mucha gente le gusta París, pero a mí no me emociona.

¿Algún viaje pendiente?

No tengo inquietud por conocer nuevos lugares, ni a más personas tampoco. Tengo ya tantas relaciones y tantos amigos que no quiero más.

¿Playa o montaña?

Me gustan los países cálidos. Conozco muy bien la República Dominicana y allí es donde mejor me lo paso.

¿Un paisaje?

Me gustan los paisajes de Galicia, Asturias y Cantabria. Hay más hierba y más árboles que en la meseta castellana, donde predominan los campos desiertos. Por eso el Norte es tan bonito.

¿Qué le exige a un buen hotel?

Que no te hagan esperar mucho en recepción, que te suban la maleta rápidamente a la habitación y que te faciliten cualquier cosa que puedas necesitar. Lo de más o menos lujo no es algo que me llame la atención. Yo quiero una buena cama y un buen servicio. Con eso es suficiente.

¿Por qué tuvo tanto éxito la campaña "Curro se va al Caribe" de Halcón Viajes?

Fue una campaña importante. Al principio se pensó como eslogan Pepe se va al Caribe, pero luego decidimos cambiarlo por Curro se va al Caribe. Curro es un término que se podía entender también como currante y la gente asimiló que al Caribe podía ir cualquiera, por un precio asequible.

¿Cuántas veces le han perdido la maleta?

Nunca. Las maletas se suelen perder cuando hay conexiones de vuelos y es necesario moverlas de un avión a otro. Yo hasta ahora he tenido suerte. De todas formas, procuro viajar con un maletín. La experiencia te enseña.

ANÉCDOTAS QUE HOY SERÍAN INCREÍBLES

"A una señora se le quedó la cara pegada al cristal de la furgoneta"

No fueron nada fáciles los comienzos de Juan José Hidalgo como transportista de pasajeros en los años 60. Ni las carreteras de entonces ni los vehículos que conducía el actual presidente de Globalia ayudaban a realizar los trayectos de forma rápida y confortable. Durante aquellos años, después de cambiar el viejo Mercedes por una furgoneta Sava de doce plazas, Juan José Hidalgo vivió situaciones realmente complicadas, aunque contadas ahora pueden resultar divertidas. "En un viaje en furgoneta, desde Salamanca a Zurich, me ocurrió algo que no me había pasado nunca -comenta Juan José Hidalgo-. A una señora de Santiago de la Puebla (Salamanca) que se había quedado dormida, entre el frío de fuera y el vaho de dentro se le quedó la cara pegada al cristal y tuvimos que tirar de ella varias personas para despegarla. Parece increíble, pero se le quedó la cabeza agarrada a la ventanilla".

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