Entrevista a José Luis Cuerda, director de cine

Vive en Madrid, con el corazón dividido entre los amaneceres de Albacete y el paisaje agreste y fluvial de Galicia. En su tierra natal apadrina la ruta turística "Amanece que no es poco", por los escenarios de esta locura de película, y en Gomáriz cultiva viñedos del mejor ribeiro (Sanclodio). A sus 68 años, este prestigioso director de cine, productor y guionista nos invita a viajar por su mundo en una moto con sidecar.

Javier del Castillo
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Foto: César Lucas Abreu

Al verle sentado en la cafetería del Círculo de Bellas Artes, en pleno centro de Madrid, con la última novela de David Trueba en sus manos, no te lo imaginas por la Sierra del Segura mochila al hombro, compartiendo entrañables amaneceres con las gentes del lugar. José Luis Cuerda -autor de éxitos como El bosque animado o La lengua de las mariposas- tiene en Albacete raíces y recuerdos, pero no tan enraizados como los personajes que brotan en los bancales de Ayna, Liétor o Molinicos. Esa curiosa fauna rural que ha convertido Amanece que no es poco en una de las mejores películas del cine español. La imaginación de este hombre es ilimitada, como también lo es su capacidad para reírse de sí mismo y de los sucesos que ha vivido.

¿Es usted una persona muy viajada?

No soy especialmente viajero. Me gustaba más viajar cuando la España de los 60 era agobiante. Entonces venía muy bien airearse por ahí fuera. Se adquirían unas perspectivas de mayor profundidad. Ahora prefiero los viajes interiores.

¿A qué viajes interiores se refiere?

A los que me proporcionan las buenas lecturas. Los desplazamientos físicos no son mi especialidad y prefiero viajar con la imaginación, ver películas, leer novela y poesía. El viaje más emocionante es comprobar cómo una palabra que para ti ha significado una cosa, en las manos de un poeta significa otra totalmente distinta. Me emociona un soneto de Miguel Ángel Velasco en el que habla de la transparente arquitectura del humo del cigarrillo y termina diciendo: "Lo que nunca será ceniza". Son hallazgos expresivos tan emocionantes como plantarse delante del Océano Pacífico. Habrá quien diga: este hombre no dice más que tonterías. Pues valiente chorrada la transparencia del humo...

Sentado en un sofá del despacho del presidente del Círculo de Bellas Artes, de cuya junta directiva forma parte, José Luis Cuerda reivindica el acercamiento -viajes de aproximación- a los poetas griegos, a la literatura rusa del XIX y a la obra de Cervantes. Y no resulta fácil reconducirlo hacia sus recuerdos viajeros. "Mi primer viaje -comenta- lo hice a los 11 años con los Escolapios de Albacete, antes de entrar en el Seminario de Hellín. Fue una excursión a Cuasiermas, en la ribera del Júcar, y me gustó mucho la algarabía de estar a orillas de un río grande".

¿Hubo algún otro viaje interesante en aquella época?

Mi padre compró un 600 de color rosa, espantoso, con el que volcó en su primer desplazamiento con la familia. Mi hermano salió por la ventanilla dando saltos y gritando: "¡Estoy vivo, estoy vivo!".

¿Su primera salida al extranjero?

Un viaje a París con 19 años. Fue espectacular. Los chicos y las chicas se besaban por la calle, se metían en los portales y se frotaban unos con otros. Al año siguiente volví, pero mi padre no me dio dinero suficiente y tuve que trabajar sirviendo pedidos en una editorial.

Tengo entendido que es alérgico a los aviones.

Me da mucho miedo. Me siento como un gato al que levantas del suelo y lo dejas colgado del aire. El primer viaje en avión fue a Londres y el piloto era un ex compañero del colegio algo tartamudo. Le dije a mi mujer: "Este nos puede estampar en cualquier esquina del firmamento". Fui todo el viaje sujetando yo solo el avión para que no se cayese.

¿Qué le atrajo de Galicia?

Su paisaje fluvial y que es "un bosque animado". Esos paisajes fluviales son ríos quebrados, llenos de meandros y de riscos, rodeados de un bosque autóctono. Ese es un paisaje fascinante para mí.

¿Qué países conoce?

De América conozco Uruguay, Brasil, Argentina, Colombia, México, Estados Unidos y Canadá; de Europa, Inglaterra, Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Finlandia, Suecia, Noruega y Grecia, y de África, Marruecos y Túnez.

¿Cómo recuerda Grecia?

El ágora de Atenas me provocó una conmoción especial. Cuando critican a Grecia me pillo un cabreo de mil pares de narices. Estamos en deuda con Grecia, pues la estructura mental que tenemos se debe al pensamiento griego. También estamos en deuda física con ellos. Con devolverles el friso del Partenón se acaba la deuda griega.

¿Tiene para usted algún atractivo el turismo de aventura?

No tengo espíritu aventurero. Si hay que pasar penurias, prefiero quedarme en casa.

¿Cuál ha sido el destino de su último viaje?

He estado en Oporto, una de las ciudades más hermosas del mundo.