Entrevista a Gabino Diego, actor

El zangolotino de "El viaje a ninguna parte" está a punto de entrar en los 50, pero sin perder la frescura, la espontaneidad y el buen humor. Tampoco la sana costumbre de viajar. Hijo de padres cubanos con ascendencia asturiana y cántabra, se ha enamorado de lugares en los que ha rodado películas y de ciudades a las que ha viajado con sus obras teatrales.

Javier del Castillo
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Foto: Victoria Iglesias

Subimos en ascensor a la azotea del Teatro La Latina, de Madrid, donde representa Nuestras Mujeres, de Eric Assous. En una pequeña sala, desde la que se divisan los tejados de la Plaza de la Cebada, Gabino Diego juega con una botella de agua, mientras trata de poner en orden los recuerdos de algunas de sus numerosas experiencias viajeras. Muchos de esos viajes están relacionados con dos de las películas más celebradas del cine español -Amanece que no es poco y El viaje a ninguna parte-, pero también con aventuras de juventud que a punto estuvieron de cambiar su destino. Para el actor, los viajes son muy saludables. "Te despejan y te limpian la mente", afirma Gabino Diego antes de empezar a revelar sus aventuras viajeras.

Creo que después de acabar el rodaje de "Amanece que no es poco" se quedó algunas semanas más para conocer mejor la Sierra del Segura (Albacete).

No podía salir de allí. Gracias a la película de José Luis Cuerda, tuve la suerte de conocer Ayna, Letur, Liétor, Molinicos, Socovos... Es una zona muy agradable, con una paz alucinante. Un verano estuve durante dos meses y medio recorriendo la Sierra y hace un par de años me pusieron una calle en Socovos. Fue muy bonito.

¿Le ocurrió algo parecido con "El viaje a ninguna parte"?

Me encantó el pueblo amurallado de Palazuelos y la villa de Atienza, en Guadalajara. La verdad es que el teatro y el cine me han dado la posibilidad de conocer mejor España. Palazuelos no se me olvida. España tiene sitios preciosos y poco conocidos.

¿Por ejemplo?

Cáceres es una maravilla. O Teruel, donde estuve hace poco rodando una película. España es impresionante. ¿Quieres montaña? Tienes Huesca, el Valle de Arán o los Picos de Europa. ¿Quieres playa? Pues las tienes todas, y hasta con clima tropical en Canarias. España es muy completa. Lo tienes todo. Y a nivel gastronómico, lo mismo.

¿Viajó mucho de chaval?

El primer viaje que recuerdo fue una acampada de varios colegios en un pueblo de Cuenca que se llama Uña. No se me olvida porque, después de tanto caminar, pasaba un hambre que me moría. Mi padre ha sido muy viajero y estaba enamorado de Cáceres y del Pirineo de Huesca, especialmente de Benasque. Tenía un Seat 1500 y nos llevaba a mediados de los 70 a toda la familia -tres hermanos y mi madre- a Francia, Alemania... Vivimos unos años en Londres. Hyde Park y Regent''s Park me traen todavía muchos recuerdos.

¿Su primer viaje en solitario?

Cuando acabó el rodaje de Las bicicletas son para el verano, con 16 años, me fui a Ibiza. También fui desde Villajoyosa a Denia en autostop.

¿Es cierto que no tiene carné de conducir?

No lo tengo, ni me interesa. Siempre encuentro a alguien que me lleva. Soy muy despistado para conducir, aunque conduzco en las películas.

Haber nacido en Madrid le otorga cierta autoridad para hablar del carácter acogedor de los madrileños. "Todos los que viven en Madrid -afirma- son madrileños. Un tío que ha nacido en Japón, en Cuenca o en Santander, viene a Madrid y es madrileño".

¿Se es de donde se nace o del lugar en el que se vive?

Uno es de donde nace, pero a mí me gusta sentirme sueco cuando estoy en Suecia. Viajo bastante a Cataluña, porque mi hija vive en Barcelona, y me he sentido también de allí. Como decía Gerald Durrell, las ciudades son la gente que conoces, la gente que te quiere en esa ciudad. Puedo estar en la ciudad más fea del mundo y parecerme maravillosa si estoy a gusto. Y puedo estar en la ciudad más bella del mundo y me puede parecer horrible si la gente es desagradable. Zaragoza es una ciudad que me gusta mucho porque la gente es encantadora, muy maja.

¿El viaje más increíble?

Un verano que estuve dos meses en Ibiza durmiendo en una hamaca, en la zona de Es Canar. Tenía amigos y una persona que me lavaba la ropa.

Puede presumir de conocer bien España.

A veces les pregunto a los taxistas: "¿De dónde es usted o su familia?". Y me dicen: "De un pueblecito de Zamora". Pues resulta que he estado en él o cerca de él. Lo bonito del teatro es que puedes viajar llevando tu obra, como si estuviera rememorando ¡Ay Carmela! o El viaje a ninguna parte.

Por cierto, ¿qué opinaba de todo esto Fernando Fernán Gómez?

Fernán Gómez me decía: "No te has dado cuenta de que los ricos van sin maletas, porque alguien se las lleva, y los pobres van siempre con la casa encima". Tenía mucha razón.

¿El sitio al que algún día piensa retirarse?

No se lo digo, porque luego va todo el mundo a buscarme.

He leído en algún sitio que con 19 años se fue a Australia.

Pensaba dejar la profesión y me fui a Australia. Viví en casa de un exiliado español, un comunista asturiano que había organizado manifestaciones contra Franco allí en Australia. Hice turismo y cuando se me acabó el dinero me llamaron para hacer El viaje a ninguna parte. Estuve en Sídney, en Adelaida y en Alice Springs. Me tiré varios días metido en un autobús, recorrí el desierto australiano y también visité Ayers Rock. Treinta años después de aquel viaje, recibo una llamada: "Te llamo para decirte que hay gente que te quiere mucho en Australia".

Ser popular tiene estas cosas...

Lo de los móviles es horroroso. Te piden una foto, pero no te dan ni conversación. Como dicen las mujeres: me quieres llevar a la cama antes de hablar y de tomar una copa. Ellos sacan la foto, la mandan y no les importas un pimiento. Al final, te ves en Internet con un tío que no sabes quién es. En Tailandia los del hotel no entendían nada. Se preguntaban: y este tío, ¿por qué se sacan fotos con él?

¿Algún viaje pendiente?

Tengo ganas de conocer los países nórdicos, Noruega y los fiordos. También me gustaría viajar a Vietnam, que no lo conozco.

¿Viajar siempre es saludable?

Hay médicos que recomiendan hacerlo para aclarar la mente. Te despejas. Es bueno salir a otros sitios, pero tampoco hay que irse demasiado lejos. Este verano estuve en la Sierra de Gredos y me encantó.