Entrevista a Enrique Cerezo, empresario y presidente del Atlético de Madrid

Hijo de ferroviario, pasó muchas horas de su infancia en la estación de Segovia jugando entre vagones destartalados. De su infancia recuerda una excursión a Bragança (Portugal) con los Padres Claretianos, y sus inicios en el mundo del cine como ayudante de cámara. El cine y el fútbol, por este orden, le han enseñado a este empresario a convivir con el riesgo y con las grandes emociones. También le han permitido viajar por todo el mundo y encontrar argumentos para decir que "en España se vive muy bien".

Javier del Castillo
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Foto: César Lucas Abreu

Desde su despacho, en la tercera planta de un moderno edificio ubicado en la Ciudad de la Imagen, puede contemplarse una bella panorámica de Madrid, aunque tampoco hace falta asomarse a los ventanales para comprobar algunas de las grandes pasiones de este hombre, que nació en la calle de La Paloma y fue bautizado en la iglesia del mismo nombre. Junto a varios carteles de películas, entre una escultura de Botero y algunos emblemas del Atleti, ocupan un lugar privilegiado las fotos de sus dos primeros nietos. Los últimos rayos de sol de la tarde podrían dar fe de la simpatía y cordialidad de Enrique Cerezo. Su equipo del alma atraviesa un momento dulce. Eso se nota. Disfruta del éxito deportivo, pero sin dejarse llevar por la euforia. Al igual que con las experiencias viajeras, que son muchas, sabe que no todo es tan bonito como lo pintan.

Nació en Madrid, pero se crió en Segovia. ¿Qué recuerdos conserva de esta bella ciudad castellana?

Recuerdo, sobre todo, la nieve y el frío. Segovia tenía entonces treinta mil habitantes y estaba a dos horas en tren de Madrid. Me acuerdo de las viejas locomotoras de vapor y de las primeras máquinas eléctricas. Vivíamos en frente de la estación y yo jugaba con mis hermanos y mis amigos entre los vagones que estaban fuera de servicio.

Alguna excursión de esa época...

La primera excursión que hice en mi vida fue a Bragança, con el colegio de los Padres Claretianos de Segovia, donde estudiaba. Aquel viaje fue como si ahora te vas a América del Norte. No fue un viaje fácil. Pasamos por Zamora y Palencia y, después de visitar el castillo de Bragança, compramos paquetes de tabaco de marcas lusas y americanas que no se vendían en España. Aquello fue un éxito.

Sin embargo, el viaje más importante del presidente atlético lo emprendió el día que debutó como ayudante de cámara en la película Vente a Alemania, Pepe (1971). Desde entonces, tiene claro que se puede viajar con el cine y que todo el mundo conoce la Quinta Avenida, la Torre Eiffel o Sunset Boulevard a través de las películas.

¿Tanta influencia tiene el cine en los viajes?

El cine y la televisión han sido básicos para promocionar algunos destinos, aunque una cosa es lo que ves en la pantalla y otra lo que te encuentras cuando llegas a ese lugar.

¿Qué sitio le gustaría descubrir en persona?

Quiero conocer China. He estado en Japón, y en el norte y sur de Asia, pero China es un país que todavía no he visitado.

Y de los lugares que ya conoce, ¿con cuál se quedaría?

En el mundo hay muchos sitios maravillosos, pero yo me quedaría con Roma. Si tuviera que vivir en alguna parte del mundo que no fuera España, me iría a Italia. Me gusta el carácter de la gente, la comida... Roma es una ciudad fantástica, donde respiras un ambiente especial, aunque también me gustan Nueva York y Los Ángeles. Me encanta Estados Unidos, me gusta Miami, pero, por su forma y sistema de vida, no me encontraría tan a gusto como en Roma.

¿Cómo lleva los viajes de trabajo y más concretamente las salidas con el Atlético de Madrid?

Cuando viajas por razones de trabajo, siempre vas a los mismos sitios. En Nueva York he estado montones de veces y hay lugares maravillosos a los que todavía no he podido acercarme. Con el Atleti he tenido la oportunidad de conocer Lima, la capital peruana, hace unos meses. Ahora iremos a San Petersburgo, que no conozco, y a Viena, que está muy bien, aunque no es de esas ciudades de las que te puedas enamorar a primera vista. Prefiero los sitios más cálidos, más mediterráneos, como Italia.

Una de las costumbres arraigadas en la familia Cerezo es la de pasar juntos el Fin de Año fuera de nuestras fronteras. Y en alguna ocasión también con amigos, como la Nochevieja que celebraron en el Hotel Ritz Carlton de Puerto Rico en 1998, con Pedro Masó y su mujer puertorriqueña, Liliana Ross. El empresario no olvidará nunca "la actuación durante aquella velada de la gran Celia Cruz, con una orquesta de 25 músicos cubanos".

Cuando viaja a Hispanoamérica, ¿percibe el cariño que se le tiene allí al equipo rojiblanco?

En Sudamérica el Atleti tiene un protagonismo especial. Por nuestro equipo han pasado y siguen pasando muchos jugadores argentinos, uruguayos y brasileños, y eso se nota. Somos un club querido y la gente se vuelve loca cuando le hablas del Atleti.

Tengo la impresión de que no es muy aficionado al turismo rural...

Pues no, y eso que tengo una casa entre Madrid y Toledo rodeada de pinos y encinas, a la que voy todos los fines de semana. Sin embargo, cuando viajo, soy más partidario de los sitios donde uno se pueda distraer, aunque me parece fenomenal que a la gente le guste el campo y la naturaleza.

Si tuviera que vivir en otra época, ¿cuál elegiría?

Me hubiera gustado vivir en la época de los romanos, griegos y cartagineses. Me parece una época fascinante de la historia de la humanidad.

¿Podría contar alguna anécdota u odisea viajera?

Durante un vuelo de Londres a Los Ángeles, nos anuncian de pronto que vamos a aterrizar en unos minutos en Chicago. Cuando el avión entró en la pista, escuchamos sirenas y vimos coches de bomberos siguiéndonos. Al llegar a la terminal, me di la vuelta y vi cómo ardían los dos motores de nuestro Jumbo.

Nostalgia de un escenario de película

"Almería era el centro neurálgico del cine mundial en los 70"

Enrique Cerezo dirigió en 1974 la película La sonrisa del sol: Almería. No volvió a repetir la experiencia, pero guarda un grato recuerdo de su vinculación a esa provincia: "Durante los años 70, Almería era el centro neurálgico del cine mundial. Todas las películas se rodaban allí: western, acción, aventura, históricas... Nos contrataban, llegábamos allí y hacíamos una película tras otra. Yo me llegué a tirar seis meses seguidos en Almería trabajando. En Tabernas se rodaron ‘Lawrence de Arabia'' y ‘Patton'', y luego Álex de la Iglesia hizo ‘800 balas'' aprovechando las ruinas de los poblados".

Desde entonces, Enrique Cerezo lleva a Almería en el corazón: "La capital era pequeñita. Recuerdo perfectamente el Gran Hotel, donde hicimos una película nada más inaugurarlo, y los paseos por Puerta Purchena, para cenar después en Casa Pedro".

Otra ciudad por la que siente verdadera pasión es su ciudad, la capital de España: "Madrid tiene que espabilar. Hay que gastar dinero en promocionarla, para que la gente venga, como hacen Barcelona y Andalucía. Hemos vivido de las rentas y ahora estamos pagando las consecuencias".

Dos ciudades también muy "queridas" por Cerezo son Bucarest y Hamburgo, escenarios de las dos finales de la Europa Liga ganadas por el Atleti.

En opinión de este hijo de ferroviario, las comunicaciones han cambiado el mundo: "Antes la gente se metía en un barco y tardaba 35 días en llegar a Buenos Aires. Con 15 años, me iba yo a Barajas con los amigos para ver aterrizar a los primeros aviones de la Pan Am. Las farolas de María de Molina eran de hormigón y nos parecían el no va más".