Entrevista a Carlos Latre, actor y humorista

La voz es su herramienta de trabajo y le encanta ponérsela a otros. A sus 36 años, el humorista castellonense no olvida los atardeceres de Benicassim. Son paisajes de su infancia. Lugares que nada envidian a los que ha contemplado en otros lugares del planeta. Le hubiera gustado ser corresponsal para viajar por el mundo y presume de tener buena mano para hacer las maletas.

Javier del Castillo
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Foto: Victoria Iglesias

Le interesa mucho el arte y la gastronomía. Una breve estancia en Florencia, en el año 2002, fue suficiente para sentirse cautivado por la escultura y la pintura. Las inquietudes de Carlos Latre, que ahora protagoniza el espectáculo 15 años no es nada, no se detienen en un escenario, ni en un plató de televisión. Tiene previsto viajar por Latinoamérica, le gustaría conocer Japón y China con nativos de estos países y espera que pronto el continente africano deje de ser su asignatura pendiente.

¿Qué escenarios recuerda de su infancia?

Las barcas y los pescadores. Mi padre trabajaba en la Autoridad Portuaria, en Castellón y luego en Tarragona, y mis abuelos tenían barcos. El mar, la cocina marinera... Todo eso siempre lo he tenido muy presente en mi vida. Luego nos fuimos a Barcelona y allí fue donde tomé contacto con el mundo de la comunicación.

¿Ha gastado muchas bromas imitando la voz de otros?

Alguna que otra. Recuerdo una que le hicimos a la actriz Loles León, aprovechando que yo estaba en ese momento con Boris Izaguirre. La llamamos, nos íbamos pasando el teléfono y no se enteró de nada. Lo pasamos en grande.

Creo que fue boy scout. ¿Sigue yendo a la montaña?

Pasé por todas las ramas de los boy scout y recuerdo veranos increíbles, durmiendo bajo las estrellas, en contacto con la naturaleza, buscando lagos y senderos. Era una aventura fantástica, algo maravilloso. Ahora me gustaría retomarlo, pero soy miedoso. Siempre me ha dado mucho miedo sentirme desprotegido.

Después de hacer giras por toda España, ¿le ha dado tiempo a conocer las ciudades en las que actuaba?

Por supuesto. Siempre intento sacar tiempo libre para visitar los mercados, las iglesias... Me apasiona la arquitectura y la pintura. En las últimas giras -tanto con Yes we Spain como con 15 años no es nada- he tenido la oportunidad de ver lugares maravillosos. He podido ver la catedral de Málaga (La Manquita) desde la cúpula. También me enseñaron una carta de Isabel la Católica de su puño y letra. En otra ocasión pude ver el Cristo de la catedral de Sevilla a 80 metros de altura, cuando lo estaban restaurando. He visitado sitios maravillosos, como los Jameos del Agua en Lanzarote. Para poder contemplar estas cosas, es una suerte que te conozcan.

No le veo muy partidario de la vida sedentaria.

La verdad es que no. Me encanta viajar, me encantan los hoteles, me encanta conocer gente y me encanta la gastronomía. No aguanto más de cuatro días en casa; se me cae el techo encima. Llevo desde los 16 años viajando y viajando...

¿Cuándo subió por primera vez a un avión?

Empecé a volar con bastante edad. El avión lo cogí por primera vez con 18 ó 19 años. Pero desde entonces no he parado y es un medio de transporte que me encanta.

¿En qué lugares ha estado?

He viajado a Italia, a Rusia, a Francia... Hice un viaje maravilloso a Estambul, con unos atardeceres espectaculares. He estado en Latinoamérica, en Estados Unidos, pero me queda mucho por viajar.

¿A dónde le gustaría ir algún día?

Tengo muchas ganas de visitar Japón, Corea, China, la India y el sudeste asiático. También quiero conocer África. Y me encantaría visitar Perú, el Machu Picchu. Si todo va bien, haré una gira por Latinoamérica.

¿Y a qué sitio no le importaría tener que volver?

A las islas Maldivas. Allí le pedí a mi mujer que se casara conmigo. El lema No news, no shoes me encanta. Como me encantaba bucear y descubrir especies marinas. Es un paraíso.

Y sitios de España.

Está muy bien conocer las islas Mauricio, las Maldivas o Cancún, pero aquí tenemos las islas Cíes, Ibiza, Formentera, la costa de Cádiz, el cabo de Gata... Deberíamos querernos más a nosotros mismos.

Algún paisaje inolvidable.

Las puestas de sol de Estambul, sobre el Bósforo; el skyline de Nueva York en una noche de verano o la brisa del mar Mediterráneo en el paseo marítimo de Benicassim.

Una ciudad.

Me gusta callejear por París, Londres y por Chinatown en Nueva York.

Algún sitio que le haya decepcionado.

Una vez tuve la oportunidad de conocer Tallin (Estonia), viendo a Rosa López en Eurovisión con el Europe''s living a celebration, y no creo que vuelva en mi vida, aunque tiene un casco antiguo muy bonito.

¿Qué tal se le da hacer la maleta?

Maravillosamente bien. Llevo muchísimos años haciendo maletas y coloco perfectamente las cosas. Tengo muy buena mano con las maletas.

¿En qué época le hubiera gustado vivir?

En la Edad Media; la época de los Reyes Católicos. También me hubiera gustado conocer a Leonardo Da Vinci, Donatello, Miguel Ángel, Bernini, Caravaggio o el taller de Velázquez.

Anécdotas de viaje
Paseo "a la fuerza" con Pedro Piqueras

Casualidades de la vida, el humorista Carlos Latre y su mujer, Yolanda Marcos, se encontraron con el periodista de Telecinco Pedro Piqueras y señora durante una visita a la ciudad maya de Chichén Itzá (México), mientras disfrutaban de unas vacaciones en Cancún. Con ellos compartieron una de las historias más divertidas de la excursión. "Nos saludamos -comenta Carlos-, hablamos y dijimos: ¿por qué no nos subimos a una de estas bicicletas que llevan los chavales con dos asientos detrás y nuestras mujeres que vayan en la otra? Pues vale. Pero el chico, cuando me vio a mí, que entonces pesaba 35 kilos más que ahora, y a Pedro, que es un tío grandote, nos dijo que a las mujeres sí las llevaba, pero que nosotros mejor que nos fuéramos andando. Vamos, que no nos llevaba ni de coña. Intentamos convencerle con una propina, pero no hubo manera. Que no y que no, que podía darle un infarto pedaleando con esos dos grandes. Tuvimos que ir a pata no sé cuántos kilómetros". Más desagradable fue otra anécdota vivida por Carlos Latre en un viaje por Castilla y León, con invitación incluida a una bodega-restaurante. "Nos recibió el dueño y cuando estábamos en mitad de la comida se murió. Cayó desplomado en un pasillo estrecho, así que hasta que no llegaron la Policía y el juez a levantar el cadáver no pudimos salir de allí. Fue bastante angustioso", recuerda el humorista.