Entrevista a Belén Rueda, actriz

La película que acaba de estrenar, Ismael, le ha permitido descubrir la belleza natural de la Costa Brava; durante el rodaje de Séptimo se enamoró de Buenos Aires... Los escenarios naturales de Mar adentro y El Orfanato han influido decisivamente en la visión idílica del Norte de España. Sin embargo, ninguno de estos escenarios ha conseguido borrar sus paisajes de la infancia, en Alicante. La actriz, de 48 años, ha repetido con sus hijas algunos viajes que ella realizó de niña con sus padres.

Javier del Castillo
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Foto: César Lucas Abreu

La promoción de su nueva película, Ismael, en la que interpreta a la madre de Mario Casas, y el rodaje de la serie BB para Telecinco, donde encarna a una periodista, ocupan parte de su tiempo. Se le acumula el trabajo, pero los compromisos no le impiden esbozar una sonrisa inconfundible, ni tampoco le restan un ápice de cordialidad. Belén Rueda es una de nuestras grandes actrices, una intérprete que se siente cómoda hablando de sus viajes, realizados unas veces por razones profesionales y otras para disfrutar con sus seres queridos. Fue boy scout y la montaña le ha dejado un poso de atracción por el turismo de aventura.

No me la imagino de boy scout.

Era muy chicazo, aunque la gente no se lo crea. Cuando decían que las chicas teníamos que hacer algo diferente a los chicos, siempre me oponía. Me impresionaban los sitios donde había una vegetación brutal y al mismo tiempo hacía mucho frío. Aprendí a guiarme por las estrellas y desde entonces soy campestre.

¿Qué atractivos tiene para usted el turismo rural?

Con la excusa de ir a una casita rural, descubres unos lagos maravillosos, disfrutas de buenas caminatas por la montaña, montas a caballo o recorres los bosques en bici. España lo tiene todo: el verde maravilloso de las montañas del Norte y ese Levante y Sur con playas estupendas. Además, tenemos historia.

¿Recuerda algún viaje especial, sin salir de la península?

Recuerdo una anécdota que me pasó en la Alhambra con mis padres, siendo una niña. Cuando pasábamos por delante de un árbol, mi padre nos contó la historia de una princesa que no podía estar cerca de su amado, pero lo hizo de tal manera que daba la impresión de estar hablando el árbol. Yo estaba fascinada. Me encantó tanto que volví a repetir esa misma historia con mi hija, como si yo fuera la princesa que hablaba desde dentro del árbol. Un sitio tan mágico como la Alhambra, por la fantasía infantil, se convierte en más mágico todavía.

Después de rodar Mar adentro, ¿le da el mar un poco más de miedo?

No me da miedo, pero sí mucho respeto. Me gusta hacer submarinismo. El mar sería mi medio natural si pudiera respirar bajo sus aguas sin necesidad de un respirador. Cada mar es diferente. El verano pasado estuvimos en Croacia, con un mar maravilloso, y luego volvimos a Alicante, que también tiene su encanto. El Cantábrico es más agresivo, fuerte y bravo. Hace dos años estuvimos en el Cabo de San Vicente (Portugal) viendo un atardecer con unos colores que empiezan siendo amarillos, luego verdes y después azulados... Todo con un viento brutal. Me pareció impresionante.

Desde el Sur del Algarve y con el cine como excusa, le proponemos a Belén Rueda dar un salto hasta Buenos Aires, donde rodó hace meses Séptimo, junto a Ricardo Darín. Argentina le parece un país sorprendente, al que piensa regresar y de paso conocer la Patagonia.

¿Qué le gustó de Buenos Aires?

Me gustó mucho la gente. No se corresponde con el prototipo que tenemos de los argentinos en España. Aunque Buenos Aires es una ciudad bastante enloquecida, no se cabrean tan rápido como nosotros. En cuanto a la vida cultural, es increíble la oferta teatral y los buenos actores que tienen. También me sorprendió el Barrio de Boca, a unas cuadras, como dicen ellos, de San Telmo, donde rodábamos. El primer día de rodaje le dije al conductor que me llevara al Estadio de Boca. Es fascinante. Mucha gente me habló también de la Patagonia y me lo he apuntado como viaje pendiente que haré con mis hijas.

¿Algún otro destino al que le gustaría ir?

Tengo ganas de ir a Katmandú. También quiero conocer mejor la India. Conozco Kerala, pero su realidad es muy distinta a la que te puedes encontrar en Delhi o Calcuta.

El rodaje de Ismael se hizo en la Costa Brava. ¿Le gustó ese paisaje?

Vivíamos en Palamós y desde allí nos desplazábamos a algunas calas de la Costa Brava que son poco accesibles, pero que gracias a ello conservan su estado original. La Costa Brava me ha gustado muchísimo, aunque he tenido que soportar la tramontana.

¿El Orfanato también le permitió apreciar los paisajes asturianos?

Llanes me encanta. Recuerdo que rodamos en unas cuevas que se inundaban cada vez que subía la marea. Después quise ir con mis hijas a ese lugar y no lo encontré. Pero localizamos otras cuevas que también eran maravillosas. Esa zona de Asturias es naturaleza salvaje.

¿Un sitio para retirarse?

Es una pregunta engañosa. Por un lado, me gustaría estar cerca de los míos y, por otro, me apetecería irme lejos. Cuando voy a otro país me siento más libre. En España la gente se me acerca con mucho cariño, pero tengo la sensación de estar siendo constantemente observada.

¿Qué tal se le da hacer la maleta?

Procuro ir ligera de equipaje. Suelo hacer mi maletita pequeña y luego, si tengo tiempo, procuro meter más cosas, pero ya no me cierra.

¿Algún destino recurrente?

Todos los años voy a Nueva York. Me encanta y me siento libre. Es una ciudad donde cojo la bici y me la recorro sin problemas.

"En Alicante tengo mis sitios donde perderme"

Aunque nació en Madrid, Belén Rueda pasó su infancia y su adolescencia en Alicante, una ciudad que adora y a la que vuelve siempre que sus obligaciones se lo permiten. Se conoce perfectamente la costa alicantina, pese a que algunos de sus rincones preferidos se los hayan cargado. "Cuando me hacían las primeras entrevistas -cuenta la actriz-decía que era de Alicante, pues uno no es de donde nace sino de donde pace. Volví a Madrid a los 16 años, pero el mar me ha gustado siempre. Alicante es mi familia y allí tengo mis lugares, y mis sitios donde perderme, donde no va todo el mundo".

Recuerda especialmente las rocas del Cabo de las Huertas, por las que trepaba con su pandilla de amigos y amigas: "Entonces resultaba difícil llegar hasta allí. A mí me parecía una verdadera aventura. Nos poníamos nuestras gafas de bucear para ver los pulpos y las estrellas de mar, que entonces todavía se podían encontrar en el fondo del agua. He vuelto allí con mis dos hijas y está cambiado completamente. Han construido e incluso han hecho una playa donde antes no la había".

Belén Rueda tampoco olvidará nunca otro escenario vinculado a la nostalgia de su feliz adolescencia: los Baños de la Reina, en la localidad de Campello, a los que iba en autobús de vez en cuando: "Yo estaba acostumbrada a vivir en la costa alicantina, con paisajes áridos y escarpados. Tanto es así que fui a San Sebastián, cuando estaba ya estudiando en Madrid, y me dio la sensación de que estaba en Canadá o fuera de España, con todas aquellas montañas verdes. Yo relacionaba España con La Mancha y con Alicante, y me impresionó realmente ese verde azulado del Cantábrico tan maravilloso".

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