En el país de las vacas sin ojos

Cachemira es el paraíso –claro que con guerrilla–, pero para llegar hasta él hay que pasar por un purgatorio, la India.

A. HERNÁNDEZ

Cachemira es el paraíso -claro que con guerrilla-, pero para llegar hasta él hay que pasar por un purgatorio, la India. Y como el país encantado queda al norte de la península demoniaca, hay que exponerse a la peste, la malaria, el paludismo y sabe Dios cuantos peligros más, aparte de los taxistas, la policía y toda clase de plagas humanas y celestiales. Si te quedas tiempo suficiente, te pondrás enfermo, lema del viajero en la India que puede ver los niños muertos flotantes por el Ganges. En fin, un aviso para caminantes, los cuales, pese a todo, deben arriesgarse reptando o casi hasta el prodigio cachemir. El problema está en que la región sojuzgada alienta una independencia proclive al régimen islámico paquistaní, con lo que es probable que logren salir de Málaga y meterse en Malagón. Y en que sus mujeres no van a salir mejor paradas a pesar de la buena fe de Rico, que tampoco tiene mala, sino todo lo contrario, la pluma viajera con el don de la metáfora. El libro vale más como literatura de ley que como testimonio de imparcialidad. Y en vista de lo visto lo mejor que puede hacer un lector inteligente es quedarse en casa leyendo este bello y pavoroso libro.

EN EL PAÍS DE LAS VACAS SIN OJOS, Eugenia Rico .
Ediciones Martínez Roca.
245 páginas. 18,50 €