Emma Suárez: "La isla de Nísiros cambió la vida de mi personaje... y en parte, la mía"

El viernes pasado se estrenó 'Una ventana al mar', que cuenta con dos protagonistas irrebatibles: Emma Suárez... y una apartada isla griega. Hablamos con la actriz sobre el rodaje, y sus sensaciones en un lugar tan especial como Nísiros

Luis Meyer
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Emma Suárez no tiene carné de conducir pero, lo primero que hizo cuando llegó a Nísiros, fue recorrerse la isla griega en moto. “Una escúter pequeña, muy fácil de llevar, y basta media hora, no más, para rodear la islita”, aclara la actriz, como quien confiesa una travesura. 

Ganadora de tres Goya e intérprete referencial de nuestro cine patrio reciente, habla con el tono emocionante y atropelladado de una principiante, y en parte es comprensible: aunque Una ventana al mar es la película número 56 de una carrera apoteósica (casi siempre con directores de gran tallaje como Medem, Amodóvar, Uribe o Garci), de alguna manera, ha sido una experiencia iniciática para ella. Porque, en paralelo a su personaje, mientras la rodaba ha descubierto muchas cosas de ella misma… y del escenario principal de la historia, Nísiros, una isla griega tan apartada de Grecia, que casi toca la costa de Turquía. 

Una escena de 'Una ventana al mar', en Nísiros |

“Solo había estado una vez en ese país, hace años, en Creta, y fue algo fugaz. Y también he estado de paso por Atenas, pero poco más. Esta película ha sido para mí un encuentro con Grecia, su cultura, y su gente: la mayor parte del equipo de rodaje estaba compuesto por griegos, solo éramos cinco españoles”, cuenta la actriz. 

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Una inmersión en toda regla, porque en total fueron casi tres semanas de rodaje en Nísiros, donde se desarrolla la mayor parte de la trama: Emma Suárez interpreta a María, una mujer de 55 años que siente que ha tocado techo y, tras recibir una pésima noticia, deja su Bilbao lluvioso e industrial para entregarse a los brazos del mar Egeo. Su vida, aunque llena de drama, empezará a partir de ahí su capítulo más luminoso. 

El alivio de saber que quedan lugares por descubrir

Llegar a Nísiros no es fácil. Hay que aterrizar en Atenas, de allí coger un barco que hace una travesía larga que incluye, sí o sí, una noche, hasta la isla de Cos. Y, solo si no hay viento desfavorable, desde ahí sale otro barco, más pequeño, y en unas dos horas arriba a la pequeña isla que casi acaricia la costa turca. 

Engin Yavuz / ISTOCK

“Yo estaba en la isla en 2013 haciendo un encuentro de guionistas, y mi madre había fallecido unos meses antes”, interviene Miguel Ángel Jiménez, el director de la película, en esta conversación con VIAJAR: “Y pensé: qué bonito hubiera sido traer a mi madre a este lugar, tan maravilloso. Y se me ocurrió escribir su historia y traerla a a esta isla, que le hubiera encantado, a través de una película”.

Una escena de 'Una ventana al mar', en la isla de Nísiros |

Una ventana al mar es esa historia y esa película. Y una experiencia tan a flor de piel para su director como para su protagonista. “Es un proyecto que me llegó hace tres o cuatro años”, cuenta Emma. “El impulso fue inmediato, de implicarme en la historia y el personaje. Traté de ser my sincera, por eso lo primero que hice fue empaparme de Nísiros y recorrérmela en cuanto llegamos, porque este lugar apartado es protagonista esencial en la historia, y mucho de lo que le sucede a María tiene que ver con su relación con esta isla, lo que le cuenta, lo que le hace descubrir de ella misma”. Y sigue: “El director merecía esa honestidad por las circunstancias de la película. Miguel ha querido llevar así a su madre de viaje, y por eso me imponía mucho respeto”.

En Atenas, durante el rodaje | KATERINA DELTA

De una Bilbao gris, nublada, la protagonista va a la luz de una isla tan paradisiaca como real.  “La luz es paralela al proceso del personaje”, explica la actriz. “María es una persona apocada, que no se quiere mucho y vive la vida a través de sus ensoñaciones. Y con el viaje a Grecia empieza a abrirse, por eso es una película que parte de un drama, pero es muy esperanzadora”.

Una escena de 'Una ventana al mar', en Atenas |

Cuesta creer que aún existan lugares como Nísiros. Una isla pequeña, ribeteada de pueblitos coloridos y paisajes exuberantes, y con un clima envidiable casi todo el año, que mantiene su esencia y no está plagada de turistas extranjeros que buscan el consumo rápido de sol y playa. 

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En su complicada accesibilidad puede estar la clave de su encanto: “En ese viaje largo desde Atenas, en el que te esperan dos barcos y dependes del estado de la climatología, empiezas a sentir una especie de misterio, de aventura, de que hay algo que te está esperando”, dice Emma, y a continuación reflexiona: “Tenemos que replantearnos el tiempo en que vivimos, y no dejar de hacer las cosas que realmente queremos hacer. Vivimos muy entretenidos en conflictos, en una sociedad consumista que nos obliga a dejar nuestro tiempo en cosas insustanciales que nos llevan al vacío, y dejamos de hacer las cosas que realmente nos conmueven y nos alimentan el espíritu. Y que realmente deseamos”. 

Google Maps

La actriz pone unos cuantos ejemplos: “Darte un baño en el mar, contemplar el atardecer, dejarte llevar por el aroma de una planta… La naturaleza está a nuestro alcance, y ahora más que nunca, con todo lo que estamos pasando con la pandemia, es imprescindible. Yo me encontré todo eso en Nísiros, donde me quedé una noche tumbada boca arriba en una playa maravillosa, contemplando las estrellas, mientras el tiempo pasaba mucho más lento de lo habitual”. Y zanja: “Igual que mi personaje en la película, no es para mí un lugar de paso. Es un lugar para quedarse. Y al que pienso volver”.