Emili Vives (74 años) vive en un pueblo que compró en ruinas hace 30 años para vivir sin ropa: "Fue la aventura de mi vida"
Un empresario de la electrónica vio una foto en la pared de un proveedor, preguntó de qué se trataba y al día siguiente había comprado un pueblo abandonado en la Conca de Barberà. Treinta años después, sigue viviendo allí.

Antes olvidado, El Fonoll es hoy un refugio de la vida naturalista. / Wikicommons
Fue un despacho cualquiera en Barcelona y una fotografía colgada donde no debía llamar tanto la atención. Emili Vives, que entonces dirigía una pequeña empresa de electrónica, se quedó mirando la imagen de una finca y le preguntó al proveedor si era suya. "Sí", contestó el hombre, y además había un pueblo entero abandonado dentro. Si le interesaba, se la vendía. Vives no lo dudó: al día siguiente había cerrado la compra. La emoción le duró hasta que pisó el terreno por primera vez y descubrió que aquello no era una finca con encanto, sino un puñado de ruinas entre matorral.

Era 1995. Lo que Vives no sabía entonces es que esa compra impulsiva, nacida de una foto en una pared, se convertiría en el proyecto que definiría el resto de su vida: un pueblo entero, El Fonoll, reconstruido piedra a piedra para convertirse en la primera comunidad naturista de España.

El Fonoll / © 2016-2026 — El Fonoll - pueblo naturista - Cataluña
Un pueblo con siglos de historia antes de quedar vacío
El Fonoll no nació con Vives. El topónimo, que en catalán significa "el hinojo", pertenece al municipio de Passanant, en la comarca interior de la Conca de Barberà, provincia de Tarragona, y su rastro documental se remonta a escrituras de 1305. Tuvo su propio castillo, del que hoy no queda ni una piedra en pie, y conserva algo mucho más valioso: una pequeña iglesia dedicada a San Blas, levantada entre los siglos X y XII, que ha llegado hasta nuestros días en buen estado y con elementos arquitectónicos que la hacen singular dentro del románico rural catalán.
Como tantos otros núcleos de la Cataluña interior, El Fonoll fue perdiendo población a lo largo del siglo XX hasta quedar completamente deshabitado. Sus casas de piedra caliza se fueron desmoronando sin nadie que las sostuviera, y durante décadas el pueblo no fue más que un nombre en los mapas antiguos y una advertencia de ruina para quien se acercara por curiosidad. Así permaneció hasta que aquella fotografía en una pared de Barcelona le devolvió, sin que nadie lo planeara, una segunda vida.

El Fonoll / © 2016-2026 — El Fonoll - pueblo naturista - Cataluña
De las ruinas a la autosuficiencia: el pueblo que Vives levantó con su mujer
Reconstruir un pueblo entero no fue cuestión de meses. A Vives le llevó ocho años devolver en pie los edificios de El Fonoll, y lo hizo reutilizando los mismos bloques de piedra caliza que sus habitantes originales habían tallado siglos atrás. No fue un camino sencillo: se topó con obstáculos administrativos constantes por parte de la administración local y autonómica, que no veían con buenos ojos un proyecto tan poco convencional en pleno campo tarraconense. Aun así, siguió adelante junto a su mujer, Núria Espinal, con quien comparte tanto la gestión del pueblo como la práctica del naturismo en familia desde hace décadas.
El Fonoll abrió sus puertas en 1998 con una idea muy clara: difundir un modelo de vida sostenible y naturista, no montar una atracción turística. El agua no se trata con cloro ni con otros químicos, la energía llega de turbinas de viento y paneles solares, y los huertos ecológicos cubren buena parte de las necesidades alimentarias de quienes viven allí. Durante el año residen de forma estable entre veinte y veinticinco personas, una cifra que se dispara en los meses de verano.
Vivir - o simplemente visitar - El Fonoll implica aceptar sus normas, que Vives y Espinal han mantenido firmes desde el principio: hay que desnudarse para entrar, no se pueden hacer fotografías sin autorización, está prohibido fumar y cazar, se exige respeto hacia la fauna del entorno y tolerancia hacia las ideas políticas y religiosas de los demás. No se admite el proselitismo de ningún tipo, y quien llega se espera que participe en la vida social y en las tareas colectivas del pueblo, no que pase por allí como un turista más. Es, además, una distinción que Vives cuida especialmente: el naturismo no es solo quitarse la ropa, sino una filosofía de vida que él mismo compara con un árbol de muchas ramas - el nudismo es solo una de ellas.
Cómo llegar y qué encontrar en El Fonoll y la Conca de Barberà
El Fonoll se esconde en un valle boscoso de la Conca de Barberà, a las puertas de Passanant, y el acceso al pueblo funciona mediante un sistema de bonos, ya sean de un solo día o anuales, que da acceso a la finca y a sus más de 150 hectáreas de terreno. Dentro, unos veinte kilómetros de pistas sin señalizar se abren paso entre bosque y valle, y casi a diario se organizan rutas guiadas gratuitas de aproximadamente una hora para quien quiera conocer el entorno sin perderse.
Quien llegue por primera vez y no conozca el naturismo hará bien en avisar antes de su visita: la incorporación a la vida del pueblo, con sus normas y su ritmo comunitario, no está pensada para quien busca una experiencia rápida o anecdótica. La Conca de Barberà, además, permite completar la visita con parada en los monasterios cistercienses de la Ruta del Cister - Poblet, Vallbona de les Monges y Santes Creus - y con las bodegas de la DO Conca de Barberà, a apenas media hora en coche.

Celler del Sindicat en Barberà de la Conca / Istock
Vives sigue viviendo hoy donde una fotografía en una pared le llevó hace tres décadas, entre las mismas piedras que él mismo ayudó a levantar. "Fue la aventura de mi vida", ha dicho sobre lo que empezó como una compra impulsiva y terminó siendo, para él, la explicación de quién es.
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