El viaje inesperado de "El Hobbit" por los paisajes de Nueva Zelanda

El archipiélago de Nueva Zelanda está ligado al mundo de los hobbits. Los territorios de isla Norte y de isla Sur han servido de platós naturales en el rodaje de "El Hobbit: un viaje inesperado" (2012). Igual que con "El Señor de los Anillos", esta última película encenderá la fiebre turística por conocer sus espectaculares paisajes.

B. Iznájar

Cuando el director Peter Jackson arriba al archipiélago de Nueva Zelanda en 2011, pisa el mismo territorio al que más de mil años antes habían llegado en sus batangas los maoríes. Para los actuales nativos, herederos de los antiguos emigrantes polinesios, este viaje inesperado de El Hobbit no lo es tanto ya que supone un reencuentro con aquellos ingenios cinematográficos a los que les negaron capturar sus paisajes sagrados en el rodaje de El Señor de los Anillos. En esta ocasión, para filmar en el monte Ruapehu (2.797 metros), el más elevado de los tres volcanes activos del Parque Nacional de Tongariro, en la isla Norte, el equipo de producción sí obtuvo el permiso expreso de las dos comunidades maoríes que habitan en esta reserva natural que acoge a un millón de viajeros, repartidos entre los fanáticos que siguen la obra de J.R.R. Tolkien y montañeros que prefieren recorrer las severas sendas de trekking.

Por la Mountain Road que llega a Wellington, en algo menos de cuatro horas el viajero podrá percibir el aura de Frodo mientras pasea por el bosque autóctono de totaras en Otaki, que la película convierte en los alrededores de Hobbiton Woods. La ruta continúa paralela al río Hutt, por la carretera Akatarawa, en busca de los orcos del reino de Saruman o tras la pista de los elfos en el parque regional de Kaitoke, en la cordillera de Tararura, donde se cobija el impresionante desfiladero Hutt River.

El viaje ahora cambia de rumbo y se dirige hacia el norte del norte. La pequeña población de Matamata conserva las mágicas viviendas hobbits construidas para El Señor de los Anillos y aprovechadas como reclamo turístico en una finca rural regalada de por sí con la tranquilidad y los encantos naturales de las colinas verdes, animales pastando y regada por el río Waikato.

Cruzar el estrecho de Cook, que separa el Mar de Tasmania y el Océano Pacífico, significa añadir un aliciente más a esta expedición. Los ferrys que salen de la capital, Wellington, en unas tres horas dejan al viajero en la ciudad de Picton, al noreste de isla Sur. Desde allí, el próximo destino será el valle glaciar de Taieri Strath, donde la cámara se fija en el poderoso mago Gandalf.

Con base en la ciudad de los deportes extremos, Queenstown, los cazadores de localizaciones utilizaron la privilegiada mirada cenital de sucesivos viajes en helicóptero para descubrir escenarios naturales como la imponente cordillera de los montes Remarkables, clonadas en las Montañas Nubladas, las espectaculares cataratas y glaciares en Earnslaw Burns, el soberbio valle Dart, próximo al lago Wakatipu, o la belleza de la estación Arcadia y Paradise Trust, parajes transformados en los alrededores de Bree y los Beorns.