El sexto sol por Luis Pancorbo

El momento del quinto Sol terminará el 23 de diciembre de 2012; es cuando llegará el sexto, la última era.

Luis Pancorbo

Puestos a escoger entre los frescos de Bonampak y las esculturas de los Arquitrabes de Yaxchilán, yo me quedaría con ambas, y a eso sumaría pasear por algunas ruinas mayas de Yucatán bajo una bandada de guacamayos o cuando un txereque asoma su hocico y deja ver su piel jaspeada entre la maleza. Supongamos que hablamos de Muyil, Chacchobén, Kohunlich... sitios arqueológicos poco visitados, y hay decenas de ellos en Yucatán. Has ido a la caída de la tarde, cuando los calores parecen remitir y las estelas, dejando por fin de ser una pantalla cegadora, muestran sus sofisticados glifos y caras humanas (por no decir divinas) de perfil. El césped de las ruinas mayas da ganas de descalzarse, y algunas pirámides (no hablamos de las mayores: Chichén Itzá, Uxmal y Cobá) no oponen demasiada resistencia a las rótulas humanas, ni dan vértigo cuando las coronas. Ahí arriba había gente que miraba las estrellas y las entendía sin otros instrumentos que sus ojos y la computadora de su cerebro pionero. Y, sin embargo, un día los mayas cesaron de construir y de alentar el pensamiento sutil. Abandonaron todo, y la culpa no era de los consabidos españoles. "Quince veintenas de años antes que llegasen los blancos, tuvo lugar la dispersión de los Itzá", dice el Chilam Balam, que significa "Boca del jaguar" en maya. Ese libro capital añade que ya en tiempos mayas se habían destruido las ciudades de Saclah-tun, Kin-chil Cobá, Chichén Itzá, y tantas otras. "Trece veces cuatrocientas veces cuatrocientas mil quince veces cuatrocientas veces cuatrocientos centenares de más, años de años, vivieron heréticos los de Itzá". Una cifra absurda, pero mete miedo en el cuerpo como una salmodia, que es de lo que se trataba en la intención del anónimo autor maya.

El Chilam Balam -hablo del encontrado en Chumayel- acertó al vaticinar la llegada de los españoles. Otra cosa es que se haya respondido fehacientemente a los enigmas que plantea, y el primero de todos es: "Traed el sol". Eso es lo que se dirá a los príncipes del mundo para que el sol esté extendido en su plato: "Que en él se hinque la lanza del cielo, en el centro de su corazón. Sobre el sol deberá estar sentado el gran jaguar que bebe la sangre".

Pues bien, será la poesía, la sugestión o la crisis, pero hay almas sensibles que tiemblan, y no por el gran jaguar de papel, sino por el momento calendárico que vivimos, el del quinto Sol, el del Temblor, el que empezó el 11 de agosto del año 3113 a.C., y el que terminará el 23 de diciembre de 2012. Es cuando le toca aparecer al sexto Sol, la última era. Pero no faltan quienes interpretan que 2011 es el principio del fin del ciclo. ¿Indicios, supercherías, humo de copal? El último katun (período de 20 años), en el que aún estamos inmersos, ha sido pródigo en deshielos, inundaciones, calores desmedidos, fríos intensos, lavas corriendo y cenizas volcánicas flotando a una altura perjudicial para los aviones, tornados, huracanes... En la economía más vale no incidir. Todo eso parece confirmar lo que dice el calendario maya y sus peores vaticinios, pero, ¿qué pasa si uno, en vez de seguir a los mayas, es un ferviente partidario de la Kaliyuga? Los esquemas se funden si uno cambia de almanaque. La actual era de Kali será todo lo negra y sangrienta que se quiera, pero no tiene trazas de acabarse. Tampoco se ve en el horizonte el caballo blanco de Visnú, el que decreta el fin de los tiempos y el inicio de lo bueno.

Uno, como casi todo el mundo, se regula por el calendario gregoriano, el que anda sembrado de grises y crisis, pero sin dar síntomas de flaqueza, ni de despeñarse en un abismo solar inminente. De manera que, dejando a un lado las profecías mayas, y teniendo todo un año como pórtico de lo ominoso, no habría que dimitir de brindar ni de viajar. Si realmente viene el fin del mundo, y eso te pilla en Tombuctú, eso que tienes ganado. También puedes atragantarte con las uvas de la suerte o que te explote un matasuegras, instrumento temible donde los haya. No es cuestión de distancia, ni de calendarios, si acaso de la termodinámica del no equilibrio. Así que salud, y a por el último año del quinto Sol, o el primero del sexto, descontando ya sus nubes, que algunas tendrá.