El reto de trabajar en un museo

Los museos son casi siempre una visita obligada en el viaje. Tanto si se trata de un encargo profesional como si va por placer, tomar fotografías en un museo resulta complicado. Reflejos, iluminaciones inapropiadas, hordas de visitantes, vigilantes o alarmas acústicas no le permitirán acercarse ni un centímetro más de lo permitido.

Tino Soriano

Muchos museos prohíben expresamente tomar fotos. Piense que no son despreciables sus ingresos por ventas de postales, libros, camisetas y objetos relacionados con las colecciones. Además, con el auge de las cámaras digitales, millones de destellos incontrolados podrían alterar el tinte de las pinturas. Otros recintos, como El Prado, permiten que los visitantes tomen tantas instantáneas como deseen, siempre que desconecten el flash. Aunque sospecho que la mayoría esperan que se comercialice una tecnología, procedente del Georgia Tech Institute de Atlanta, que evita automáticamente las fotos digitales.

En el Museo Arqueológico de Palermo llama la atención la prohibición expresa de utilizar el flash incluso para fotografiar esculturas o bajorrelieves sin coloración. Los responsables argumentan que los destellos desconcentran a los visitantes. Otra razón de peso para prescindir del flash es que las piezas importantes están protegidas por una urna de cristal transparente que refleja el fogonazo del flash e impide fotografiar con claridad el contenido.

Mejor olvídese del flash. Elija películas de alta sensibilidad o trabaje con una cámara digital capaz de fotografiar a 800 o 1000 ISO y/o utilice objetivos luminosos. La mayoría de fotos en un museo las deberá tomar a pulso. El trípode está prohibido por razones obvias: podría rasgar en un descuido una tela valiosísima, empujar una escultura milenaria al suelo o cualquier visitante, atento más a las obras que a su trí- pode, podría tropezar y hacerse daño. Por descontado, si desea fotografiar cuadros con fidelidad, debería ajustar su cámara digital, o la temperatura de color de la película, a la luz ambiente del museo. Muchos tienen bombillas dicroicas de 3.400 grados Kelvin, bombillas de bajo consumo o fluorescentes. Con el ordenador no le será difícil equilibrar las dominantes más adelante, pero, si desea reproducir cualquier tema con fidelidad, utilice una cartulina gris al 18 por ciento y otra de colores (las suministra Kodak y las hallará en comercios de fotografía o a través de Internet). Incluya la carta gris en el encuadre para controlar las dominantes y también una carta de colores que sirva de referencia para restituir los tonos originales en la foto. Use el fotómetro de mano o una cartulina gris para medir la exposición promedio.

Resulta interesante fotografiar en los museos dejando que la iluminación ambiental y la propia atmósfera de las instalaciones sean las protagonistas. A menudo, las poses, la disposición y las actitudes de los visitantes dan lugar a imágenes memorables.