El Parador de Cáceres reabre como moderno hotel ecológico y sostenible

El Parador de Cáceres reabre sus puertas este mes tras más de un año de reformas y una inversión superior a 5 millones de euros. Destaca su nueva decoración y la orientación de sus instalaciones hacia las energías renovables y la tecnología "verde". La reapertura coincide con la Semana Santa y con las fiestas de San Jorge.

Luis Uribarri
Este mes, antes de las fiestas de Semana Santa reabre sus puertas el Parador de Cáceres. Con una decoración más moderna, el establecimiento de la calle Ancha ha mejorado los accesos y las zonas comunes, aumentado su número de habitaciones -que pasan de 33 a 39- e incorporado nuevo mobiliario, nuevos acabados y un cambio total en las instalaciones de fontanería, electricidad y sistema anti-incendios. El proyecto y la decoración de este Parador se adjudicaron por 5,48 millones de euros y para llevarlo a cabo se han tenido en cuenta los criterios de sostenibilidad y eficiencia energética que establece la empresa hotelera, que se limitan únicamente por las características del edificio y por su entorno en el casco histórico. El renovado Parador, más eficiente, sostenible y verde que el anterior, dispone de nuevas instalaciones sanitarias de calefacción y agua caliente, nuevos sistemas de ahorro de agua y electricidad y la tecnología necesaria para la utilización de energías renovables y el reciclado de residuos. Destaca también la redistribución del interior de los dos edificios que lo componen (el Palacio de los marqueses de Torreorgaz y la llamada Casa de Ovando Mogollón, Pereo y Paredes) y la mejora de la recepción, los aseos, los salones y el restaurante, dependencias que se adaptan completamente a personas con movilidad reducida.Fue don Diego García de Ulloa, comendador de Alcuéscar (que da nombre a la habitación única de este Parador), quien levantó el palacio que acoge hoy el Parador en el primer tercio del siglo XIV aprovechando los cimientos de una antigua construcción árabe. El edificio perteneció posteriormente a los marqueses de Torreorgaz y se convirtió en Parador en 1989. Se distingue su presencia en pleno casco histórico de la ciudad por su esbelta torre de aspecto italiano y en su interior cuenta con espacios de estilo gótico, renacentista y barroco. En su restaurante no hay que dejar de probar el solomillo de ibérico al queso del Casar o el cabrito asado al romero. www.parador.esLa torre que indultó Isabel CatólicaEl Parador de Cáceres se sitúa al sur de la Ciudad Monumental, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Concretamente en la calle Ancha número 6, único lugar al que se puede acceder en coche dentro del casco histórico tras sortear unos bolardos a la salida de la Plaza de Santa Clara, con sus sempiternas palmeras, y acceder a la zona antigua por la Puerta de Mérida. La calle no hace honor a su nombre hoy. Ya no es "ancha" (apenas admite un coche), pero sí lo era en la Edad Media, ya que la vía era la principal salida comercial del barrio de San Mateo hacia el sur, hacia Mérida. El palacio que alberga el Parador data del siglo XIV, aunque se reformó en varias ocasiones hasta el siglo XVIII. Su torre es la construcción más antigua del palacio. En ella se ven los escudos de Espaderos-Herreras y Ulloa-Carvajar, así como una ventana gótica con un escudo de Ulloa. La torre del Parador de Cáceres fue una de las pocas que se salvó de la ira de Isabel la Católica cuando la poderosa reina mandó desmochar las torres de las fortalezas y palacios de muchos nobles cacereños para zanjar las disputas internas entre ellos. Torre desmochada, defensa inutilizada, fin del conflicto.Ya en el siglo XX, en la década de los 30, el palacio era propiedad de Venancio de Ceballos, conde de Campogiro. El conde casó con una señorita francesa de jocoso apellido, Ivette Pene, y por la nacionalidad de su pareja al conde se le conocía por "el Venansió". La pareja no frecuentaba mucho el palacio, y los niños del barrio de San Mateo se colaban por la puerta principal para jugar en el huerto y curiosear por las estancias. Y fue en el sótano de este palacio donde los convecinos de la calle Ancha se refugiaron durante los bombardeos republicanos de la Guerra Civil.