El espíritu de Seychelles por Jesús Torbado

En Seychelles han empezado a surgir alojamientos con encanto que se han convertido en un nuevo tesoro de estas islas. Capacidad reducida, precios razonables, trato cordial... es decir, lo que empieza a prodigarse en Europa con un resultado excelente para sus dueños y mucho agrado de los viajeros.

Jesús Torbado

Cuando la soga ceñía con fuerza su cuello, el pirata francés Olivier le Vasseur, alias El Buitre , avisó con sorna a los espectadores de que su tesoro sería para quien lo encontrase. Doscientos ochenta años han pasado y no se tiene noticia de que alguien haya alcanzado la fortuna de tropezar con esa riqueza, oculta tal vez en alguna de las pequeñas islas graníticas, más de ochenta, desperdigadas por el Océano Índico, en una superficie casi tan grande como España. Las Seychelles apenas han tenido importancia económica, aunque las bautizaran con el nombre de un ministro de Finanzas de Luis XV, Jean Moreau de Séchelles, para ocultar el de Almirante con que los portugueses las habían nombrado antes.

Hasta hace apenas trece años -y cuando se cumplían otros tantos de independencia- compartieron las duras alegrías de las democracias populares , bajo control soviético. Es decir, su insólito carácter de lejanía (casi dos mil kilómetros de la tierra más cercana) y su belleza prodigiosa apenas se han divulgado, salvo cuando alguna princesa fugitiva recaló por allí. El mes próximo abrirá sus puertas a una docena de kilómetros de la capital Victoria un restaurante llamado Latino Tropical; se augura que en él se servirán las mejores paellas del Índico. Los dueños españoles, María y Federico, no sólo conseguirán por fin elevar el nivel de la gastronomía local, un tanto mediocre hasta el momento, sino que añadirán una riqueza nueva a las que últimamente se van acumulando en Mahé, la isla mayor, la que en algún momento se llamó precisamente "isla de la abundancia ".

Seychelles suele figurar en los manuales como archipiélago elitista, con hoteles-isla de exclusividad ultramillonaria. Son islas en donde alojamiento y comida resultan innecesariamente caros -no los vuelos de la compañía de bandera-, salvo para los miles de italianos que han aprendido enseguida que se puede ocupar este paraíso a precio razonable.

Efectivamente, además de esa media docena de hoteles fastuosos, con habitaciones que no bajan de los 500 euros por noche, han empezado a surgir unos cuantos alojamientos de los que aquí se suelen titular como Con encanto. De charme . Escondidos entre la asombrosa vegetación, arrimados a esas playas ya míticas (arenales abrazados por palmeras y grandes rocas de granito rosa), aislados de todo ruido y anclados en una atmósfera redonda de sosiego y tranquilidad, van a cambiar en pocos años la leyenda de estas islas. Sus promotores, no grandes compañías sino gente particular, y muchos llegados con una notoria experiencia de diversos países europeos, intentan idear un especial y nuevo Espíritu de Seychelles . Que quizás a la larga se sobreponga al doble tópico de este tipo de paraísos: ostentosos refugios para millonarios y colmenas superpobladas y ruidosas del todo incluido .

Ya hay algunos abiertos -Le Jardin des Palmes en Mahé, el Villas de Mer en Praslin- y pronto se han convertido en un nuevo tesoro de estas islas mágicas. Capacidad reducida, precios razonables, buena gastronomía, trato cordial, incluso con aromas familiares, servicio personalizado... es decir, lo que empieza a prodigarse también en Europa con un resultado excelente para sus dueños y mucho agrado de los viajeros.

Seychelles, desde luego, apenas tiene historia, salvo un pasado nebuloso, aventurero y mítico; tampoco monumentos alzados por el hombre, ni tradiciones ni glorias artificiosas. Una población mestiza y escasa -no llegan hoy a las ochenta mil personas- se las ha apañado en la soledad oceánica a base de flores y paisaje verde, de asombrosas playas y peces muy sabrosos. Ahora el nuevo turismo -si se consigue que no sea masificado y acabe arruinando su futuro- modificará sin duda su existencia. Quienes, llegados de fuera, intentan que arraigue este nuevo Espíritu en las islas, buscan establecer valores cada vez más escasos en los viejos y nuevos paraísos . En Seychelles, la bondad del clima, la armonía de la naturaleza, el aislamiento y la paz cómoda tienen puestos ya cimientos para construir hazañas nuevas.