El emperador de Malí, por Luis Pancorbo

Mansa Musa I de Malí llegó a atesorar en el siglo XIV una fortuna cifrada en 400.000 millones de dólares.

Luis Pancorbo
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Foto: Ximena Maier

A dieciocho kilómetros de Tombuctú, la capital de las arenas, de los mitos y últimamente de la revuelta tuareg, el río Níger desmiente al Sáhara con una lengua de agua que para sí la quisieran en otras latitudes. Es todo un choque de húmeda opulencia, si no un espejismo, que te propina el Sáhara en el puerto fluvial de Korioumé, donde los barqueros de las pinazas llevan a ver resoplar a los hipopótamos y estos acaban de hundir el cliché de los dromedarios y las caravanas de la sal de Tombuctú.

Las apariencias no engañan, lo hacen si acaso las ilusiones de la gente. Ahora que incumbe la Navidad y la lotería, no está de más consultar la lista hecha por The Independent con los hombres más ricos del planeta en los últimos mil años. El gordo o número uno ha recaído en el emperador Mansa Musa I de Malí, también conocido como Kankan Moussa. Llegó a atesorar una fortuna cifrada en 400.000 millones de dólares. A su muerte en 1331 dejó un fabuloso imperio sustentado en oro, sal, marfil, esclavos, y en el dominio de las rutas caravaneras, si bien sus descendientes no supieron mantenerlo. Cuando Musa I peregrinó a La Meca en el año 1324 lo acompañaron sesenta mil criados, y quinientos de ellos llevaban un bastón de oro que pesaba medio kilo.

Malí, país subsahariano casi tan grande como los territorios de España, Francia y Gran Bretaña juntos, no es que nade precisamente en la felicidad, y menos desde que en abril de este año se declaró la segregación de Azawad, una patria de los tuareg que nadie ha querido reconocer, pues entre otras cosas ahí se ve la mano de Al Qaeda. Uno de sus adalides, Ansar Dine, líder de la guerrilla del MLNA, ha entrado a saco en Tombuctú destruyendo tumbas de santones sufíes. Eso ha dejado a Tombuctú muy en cabeza de los sitios inseguros del mundo, y es una pena con toda la fascinación que ha ejercido La ciudad de los 333 santos desde los tiempos de León El Africano, Barth, Caillié y otros pioneros.

El emperador de Malí, Kankan Moussa, uno de los cuatro mayores sultanes de su tiempo junto al de Bagdad, El Cairo y Bornou, llegó a contratar al arquitecto Abu-Ishaq es-Saheli, que era originario de Granada, para que construyese la mezquita de Djingareiber, la gloria de palos y barro de Tombuctú. El cercano río Níger era la arteria de un imperio que se extendía desde las selvas guineanas hasta el desierto del Sáhara y el Atlántico. Lo sorprendente es que Musa I haya sido repescado para encabezar la lista mundial de la riqueza, además actualizada aplicando el correctivo de una inflación anual del 2199,6 por ciento. De ese modo, 100 millones de dólares del año 1913 equivalen a 2.299,63 millones de libras esterlinas actuales. ¿Por qué no? Los ricos no sufren la debilidad contable de los pobres, los cuales se cansan de sumar monedas de cinco céntimos hasta llegar a un euro. Y gracias, porque hay mil doscientos noventa millones de personas de este planeta que viven -es un decir- por debajo del umbral de la pobreza, con menos de 1,25 dólares al día.

Musa I es el ejemplo retrospectivo de la otra cara del espumillón del mundo, la de la riqueza apabullante. Comparado con él, es un enano el número 22 de la lista, el mexicano Carlos Slim, quien por otro lado es en la actualidad el hombre más rico del mundo con sus 68.000 millones de dólares. En cambio, los segundos de la lista histórica son los Rothschild de toda la vida, los que amasaron 350.000 millones de dólares desde que fundaron su imperio financiero en Frankfurt a mediados del siglo XVIII. Pisando casi sus talones figura el tercero de la lista, el norteamericano más rico de todos los tiempos, John D. Rockefeller, quien en 1937 tenía una riqueza cifrada en 340.000 millones de dólares. En el octavo puesto figuraba Muamar Gadafi, con 200.000 millones de dólares que de nada le sirvieron.

Eso se dice mucho en este solsticio, que la riqueza no da la felicidad. Y hay quien pone cara de abeto y le da a la zambomba. Peor estarán en Malí sin Su Majestad Mansa Musa I.