El comercio inyecta la vida a La Habana, por Carlos Carnicero

El dinero se mueve y la prosperidad personal tiene ya una relación de equilibrio con esfuerzo y calidad.

Carlos Carnicero
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Foto: Ximena Maier

La esquina de la calle 23 (La Rampa) y el malecón son un hervidero cuando cae la noche. Zona histórica de ocio, ahora la oferta se ha incrementado con negocios privados. Las personas de orientación gay hace mucho que no tienen que ofertar disimulos. Ya hay dos discotecas con espectáculo en donde se pueden reunir sin que el machismo del Caribe signifique una amenaza. En Las Vegas hay un espectáculo de coplas, y la disco La Gruta funciona hasta bien entrada la madrugada.

Si el comercio y los servicios dieron origen a la ciudad, La Habana ha tenido hipotecada una parte de su alma desde la ofensiva revolucionaria de los años 60. El comercio tenía forma de abastecimiento estatal. Hasta hace poco, los lugares de compras y de consumo eran un oasis para el turismo en un desierto de concurrencia mercantil.

Lareforma impulsada por Raúl Castro sigue sus pasos y sus efectos se notan en la calle. Hay una proliferación de taxis privados; casi todos montados sobre vehículos prerrevolucionarios norteamericanos anteriores a 1959. Los mecánicos cubanos hacen milagros con un alambre, un destornillador y un poco de chapa y pintura. La ciudad parece un parque jurásico del automóvil donde ronronean por las calles recogiendo a quienes les hagan una señal por la módica cantidad de diez pesos cubanos. Algo menos de treinta y cinco centavos de dólar norteamericano.

Hay restaurantes de cierto nivel que compiten con los anquilosados restaurantes estatales. Se recuperan recetas de la vieja cocina cubana y hay quien se atreve a retorcerlas en busca de una nouvelle cuisine caribeña. El resultado es más que esperanzador.

En La Habana vieja y en otros puntos de la ciudad proliferan las máquinas de hacer churros en la mejor tradición española. Hay pastelerías privadas que elaboran tartas -aquí les dicen cake- cada vez más elaboradas. Las hay muy apetitosas y se pagan en la moneda nacional. Digo esto porque Cuba es un universo de dos monedas que compiten, ahora, en el comercio. El peso cubano de toda la vida y el peso convertible, que tiene una tasa de cambio fija de veinticuatro por uno.

Desde la terraza del Café Laurent se divisa el mar. Y el servicio es muy aceptable y los platos elaborados tienen mixtificación entre la cocina cubana y caribeña. Pero hay más sitios recomendables, como la Casa Asturiana, con varios restaurantes de especialidades, con una terraza de asados que está concurrida por los turistas norteamericanos que empiezan a frecuentar la isla burlando las restricciones que impone su gobierno para el turismo de sus nacionales. Ya en la Plaza de la Catedral se esconde doña Eutimia, donde la simplicidad es la base de su sofisticación.

El barrio chino tiene su estrella en Flor de Loto; cantidad, calidad y precio que invita a las familias cubanas con el alma compartida entre la comida china y la criolla.

En los soportales de muchas casas se han instaladotiendas de pacotilla. Así llaman los cubanos a los mercados donde se pueden comprar ropas y otros objetos de bajo coste y calidad discutible. Hay mulas que viajan a Panamá o a Estados Unidos para traer mercancías para alimentar estos establecimientos huérfanos todavía de comercios mayoristas para su abastecimiento.

La consecuencia de estos cambios y la proliferación de cuentapropistas con licencia fiscal es una transformación paulatina de La Habana. El dinero se mueve y la prosperidad personal empieza a tener una relación de equilibrio con esfuerzo y calidad. La ciudad se ha despertado.

La Habana siempre ha tenido unoscódigos secretos sin los cuales es imposible acceder a su esencia de ciudad extraordinaria y disímil. Estoy preparando un pequeño libro para explicar esas claves. Quien quiera conocer La Habana y el resto de Cuba necesita un proceso iniciático si quiere traspasar la cobertura de misterios que envuelve esta isla maravillosa. Yo, confieso, que con todos sus defectos, cada día estoy más enamorado de un país que es una de mis patrias para siempre.

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