El centenario Lévi-Strauss, por Javier Reverte

Viajero a la fuerza y genio vivo, Claude Lévi-Strauss se convirtió a la postre en un gran explorador del alma humana.

Javier Reverte

Estuve en París este último noviembre y la ciudad conmemoraba un aniversario como sabe bien París celebrar los acontecimientos culturales: sin pompas, sin discursos, sin desfiles ni banderas, pero sí con libros, coloquios y artículos de periódicos. El objeto era el cien cumpleaños de un genio vivo: Claude Lévi-Strauss, autor de ese monumento literario, difícilmente clasificable, que es Tristes Trópicos. A quien no lo conozca le recomiendo leerlo. Es un texto extraño, distinto, igual a ningún otro, como todos los trabajos renovadores en el territorio de la literatura. Corran a las librerías, amigos lectores, antes de que se acaben los ejemplares que quedan de la edición española publicada por Paidós. No se arrepentirán, porque estamos hablando de un clásico que todavía vive, aunque cargue ya desde noviembre un siglo sobre las espaldas.

Nacido belga, de padres franceses y origen judío alemán, Claude Lévi-Strauss es, en cierto modo, el pionero de la antropología moderna, por más que sus colegas empiristas anglosajones, comenzando por Edmund Leach -de su misma edad, pero muerto en 1989-, lo tacharan de excesivamente "idealista" y, por supuesto, de cartesiano en exceso. No sabemos bien si Lévi-Strauss es sólo un etnógrafo o si su pensamiento ha sido tan profundo que puede ya ser considerado como un filósofo, actividad que fue objeto de sus primeros estudios. Incluso hay estudiosos de su obra y de su trayectoria literaria y vital que van más lejos todavía y lo califican de filósofo metafísico, asegurando que en el núcleo esencial de toda su obra no hay otra cosa que un discurso sobre el ser.

En todo caso, lo cierto es que en la médula de sus trabajos, y a través del estudio de algunos pueblos primitivos -sobre todo los amazónicos-, ha tratado de construir un esquema que definiera a la humanidad en su conjunto. Siguiendo un sistema de análisis que parte del estructuralismo, buscó e indagó sobre la unidad del espíritu humano, intentó modelar una filosofía que fuese algo así como una ciencia del hombre, abrió Occidente a las culturas del mundo y construyó una teoría del ser íntimo de la humanidad que, a menudo, despierta la desconfianza de los teóricos anglosajones, tan poco dispuestos a la generalización y tradicionalmente tan desconfiados del uso racionalista a la hora de elaborar un análisis.

Lévi-Strauss partió muy joven a Brasil para ocuparse de la enseñanza de la antropología. Y durante sus periodos vacacionales, entre 1935 y 1939, dedicó su tiempo a hundirse en las selvas amazónicas para estudiar a pueblos como los Nambikwara. De esas experiencias salió su texto más famoso, ese Tristes Trópicos, del que antes hablábamos, todo un hito en la historia de la antropología moderna. Independientemente de sus teorías, su escritura era imponente, de un estilo limpio y elegante, de una alta calidad literaria, lo cual ayudaba en buena medida a vestir de una enorme fascinación todo su pensamiento. Tristes Trópicos era, además, un gran libro de viajes, un curioso libro viajero que, ni más ni menos, empezaba de esta manera tan llamativa: "Odio los viajes y a los exploradores. Y he aquí que me dispongo a relatar mis expediciones...". Viajero, pues, a la fuerza, a la postre se convirtió en un gran explorador del alma humana, un escritor que ha dejado una profunda huella en todo el pensamiento del siglo XX y a quien algunos estudiosos no han dudado en colocar, por la originalidad de su pensamiento, al mismo nivel de influencia intelectual que Sigmund Freud.

Claude Lévi-Strauss afirmaba, entre otras cosas, en el gran libro que citamos, que "el Islam es el Occidente de Oriente", y apuntaba también a la expansión musulmana como la gran amenaza para el pensamiento ilustrado de Francia, en particular, y el de Europa en su conjunto.

No hay que olvidar, claro, que se trata de un pensador judío. Pero no hay que dejar de tomar en cuenta su advertencia en tiempos tan revueltos como los que actualmente vivimos.