El Cáceres oculto entre piedras renacentistas

Entre los palacios del casco viejo de Cáceres, los secretos que más gustan a los nativos suelen tener que ver con las cosas de toda la vida: los secretos de los palacios, las aves urbanas, el jamón o los churros. En una ciudad con tanta historia, es lo que el viajero también quiere encontrar.

Rafael de Rojas

El casco viejo renacentista de Cáceres es, entero, un tesoro oculto. Es fácil encontrar visitantes primerizos que no se esperaban lo que encuentran, a pesar del cuarto de siglo que acaba de cumplir como Patrimonio de la Humanidad. Sus siete hectáreas cuentan con tantas torres que los peninsulares de hace seis o siete siglos debían de mirarlo como ahora miramos Manhattan. Sus alturas son tan buen lugar para la nidificación que se ha creado una ruta urbana de observación de aves.

Se está ultimando también la red wi-fi gratuita, que será lo más moderno del casco, junto con las restauraciones de los arquitectos Tuñón y Mansilla, que, tras poner a punto el Hotel Atrio (Plaza San Mateo, 1), ultiman la adaptación de la sede decimonónica de la Fundación Helga de Alvear, donde se expone la colección privada de la galerista. Cerca de allí, Cabeza de Ratón (calle Sergio Sánchez, 6) es un "espacio de creación contemporánea" autofinanciado con la venta de cómics, vinilos y ropa original. El centro se recorre mucho mejor merendando uno de los delicados dulces artesanos de las Madres Jerónimas del Monasterio de Santa María de Jesús (calle Olmos, 6), junto a la Puerta de Mérida. Y aún mejor a partir de las 19 horas, cuando echan el cierre muchas oficinas y queda despoblado.

Desde la Torre de Bujaco (Plaza Mayor, 16) se ve el Parque Nacional de Monfragüe y, en un día claro, la Sierra de Gredos. En el vecino Palacio de Hernando de Ovando (Plaza de Santa María) viven los descendientes del emperador Moctezuma. Otro palacio aloja el restaurante Torre de Sande (calle de Los Condes, 3), con un comedor acristalado que da a un pequeño jardín y a una de las torres más pintonas de la ciudad, abrazada por una yedra escaladora. Cáceres es la segunda ciudad más verde de España, con auténticas sorpresas como el Parque del Príncipe (calle Viena, s/n), un escenario encantador con una exposición de escultura al aire libre.

En cuanto a hoteles, el Parador de Cáceres? (calle Ancha, 6) acaba de ultimar una renovación de cinco millones de euros que lo ha redecorado y reorientado hacia las energías renovables. El Parador está integrado por dos palacios del siglo XIV y cuenta con un delicioso jardín que da a las calles con más personalidad del casco viejo. Por su parte, el Barceló V Centenario (calle Manuel Pacheco, 4) es una buena opción para quien quiera huir del ajetreo diurno del centro. Situado en la zona residencial Los Castellanos, este hotel de cuatro estrellas es el centro de la vida social gracias a su jardín con piscina y a una evocadora restauración basada en el recetario tradicional y a cargo del chef Manuel Alonso Elizo.

La torta del Casar y la patatera (un chorizo que lleva patata) son las estrellas de las charcuterías Mostazo, con varias tiendas por todo el centro. Junto a la Plaza Mayor se puede tomar un chocolate blanco, con avellanas o con un toque de café en Chocolat''s (Gran Vía, 12). Saliendo del centro, el restaurante Potosí (avenida Isabel de Moctezuma, 23), frente al Auditorio, es un fiable lugar donde degustar jamón, lomo y carnes a la parrilla. Con una gran bodega, de precio medio alto y sitio para unas 40 personas. Se llena.

Para salir, El Corral de las Cigüeñas (calle Cuesta Aldana, 6) cuenta con un patio rústico y actuaciones. La Taberna Sir Lancelot (calle del Rincón de la Monja, 2), también conocida como "la taberna del inglés", acoge periódicamente conciertos y lecturas de espontáneos en un edificio que perteneció a un antiguo militar nazi. Y para terminar cualquier fiesta como lo hacen los cacereños, hay que ir a la churrería Ruiz (Plaza Marrón, 4), junto a la plaza de toros, donde los churros no tienen más peculiaridad (ni menos) que estar hechos igual que los de toda la vida.