El avión del futuro será transparente, ecológico y con casino a bordo

Los aviones de pasajeros del año 2050 serán transparentes, ecológicos y algunos, los más grandes, con casinos y restaurantes a bordo. El viaje se enfocará como una experiencia sensorial para el pasajero, que podrá personalizar el asiento cambiando su forma y tamaño, y él mismo aportará energía a la nave.

L. Ulibarri
Los aviones del futuro serán orgánicos, con asientos hechos de plantas y utilizarán biocombustibles extraídos de aceites, semillas o algas. Serán baratos, eficientes y verdes, con despegue vertical. Estarán hechos de materiales fuertes y livianos, desechándose los no renovables como el metal o el plástico. Vendrán con la opción de techos transparentes, asientos y alfombras hechas con materiales que se reparan y limpian por sí mismos, muebles equipados con inteligencia artificial para que puedan cambiar de forma y con hologramas que se proyectan en las paredes tan avanzados que harán que el mundo virtual no pueda distinguirse del real. El futuro para el que se prevén todos estos avances propios de la ciencia ficción no es tan lejano, el año 2050. Estas previsiones han sido realizadas por responsables de Airbus en el Observatorio de Greenwich, al sureste de Londres. El fabricante de aviones europeo ha entrevistado a diez mil personas para moldear estas ideas. El concepto de cabina de avión comercial que Airbus imagina tiene un techo transparente que permitiría al pasajero admirar las vistas durante el vuelo, asientos ergonómicos y un espacio de realidad virtual en el que el viajero podría jugar al casino o al golf hasta hacer sus compras mediante hologramas de realidad virtual. El sistema eléctrico de la cabina podría compararse con el cerebro humano, ya que estaría integrado en una membrana. Para el año 2050 se estima asimismo que la industria tenga que afrontar desafíos ligados a la saturación del espacio aéreo, ya que para entonces el tráfico se habrá quintuplicado para dar servicio a una población mundial estimada en unos 9.000 millones de personas. El incremento de la seguridad aérea permitirá que los aviones reduzcan la esfera de seguridad necesaria para no colisionar y vuelen en formación, como las aves migratorias. La energía es otro concepto a innovar. La temperatura de los cuerpos de los pasajeros se utilizará como energía para los aparatos de la cabina, de manera que todo el mundo, dentro del avión, se transforma en una "célula energética". Y está la idea de la bioimitación o ingeniería inspirada por la biología, que copia a la naturaleza al hacer objetos mecánicos. Esto ha producido alas inspiradas en águilas, revestimiento de terciopelo para el tren de aterrizaje -que imita las plumas mullidas de las patas de los búhos, que reducen el ruido- o alas que se tuercen y enderezan en vuelo como las de las mariposas. Los clientes habrán aumentado también sus niveles de exigencia y la logística de los aeropuertos deberá mejorar hasta el punto, por ejemplo, de permitir a los pasajeros abordar cápsulas cuando lo estimen conveniente, cápsulas que después serían subidas a armazones para despegar y, como los contenedores ya llenos de los barcos, ser depositados en la nave.
Avión Supersónico
De Londres a Tokio en dos horas y media
En la reciente edición del Salón Aeronáutico de Le Bourget (Francia), la compañía EADS presentó la maqueta de un avión supersónico que será capaz de volar a 5.000 kilómetros por hora y conectar las ciudades de Londres y Tokio en tan solo dos horas y media. Heredero en diseño del desaparecido Concorde, el ZEHST (siglas inglesas para Transporte Hipersónico de Cero Emisiones) funciona con energía solar, supera en cinco veces la barrera del sonido y tiene capacidad para transportar entre 60 y 100 pasajeros, frente a los 120 que trasladaba el desaparecido Concorde. Las tres horas que le tomaba a aquel volar entre París y Nueva Yorkse reducirían a una hora y media con el nuevo aparato diseñado por EADS. A diferencia del jet supersónico francobritánico, el futuro avión usará biocarburantes a base de algas marinas con una mezcla de hidrógeno y oxígeno. El despegue del ZEHST se hará con turbinas clásicas hasta los cinco kilómetros de altura, donde un cohete del tipo usado en los cohetes Ariane lo llevará hasta 2,5 veces la velocidad del sonido. A los 23 kilómetros de altura (el doble de la usada por los aviones comerciales en la actualidad) otro grupo de reactores lo llevará hasta su altura definitiva (32 kilómetros) y velocidad de crucero Match 5 (5.000 kilómetros por hora). A 32 kilómetros de altura minimizará su impacto sónico, uno de los grandes defectos que se le atribuían al Concorde. Se prevé que la empresa podría realizar una primera prueba no tripulada para el año 2020, pero, a pesar de que la tecnología ya existe y es cuestión de adaptarla, podría pasar hasta medio siglo antes de ver un modelo ZEHST operando en algún aeropuerto del mundo.