El año de Suráfrica por Mariano López

El 11 de junio millones de ojos estarán pendientes del país del arco iris, la cuna de la humanidad.

Mariano López

Desde que apareció el esqueleto de neandertal más antiguo conocido al norte de Pretoria, se puede afirmar con certeza que el paraíso terrenal nunca acompañó el curso del Tigris y el Éufrates sino que estuvo en Suráfrica. Adán y Eva nacieron cerca de Johannesburgo y nunca les faltaron ni el oro ni los diamantes. Los mitos locales coinciden con el relato bíblico. Según la tradición bantú, los dioses trabajaron duro en Suráfrica, antes de crear al hombre, para situar en un mismo suelo todas las maravillas de la naturaleza. Fue un trabajo duro, pero preciso. Ningún otro país posee su riqueza natural. Dos océanos, tres mil kilómetros de playas, bosques, montañas, desiertos, la sexta parte de las especies marinas costeras del mundo, más clases de mamíferos que en América o Europa y Asia unidas, el 10 por ciento de las especies florales del mundo y el subsuelo más rico del planeta. En 1886, un minero que murió pobre, George Harrison, descubrió la mayor veta de oro jamás encontrada, un hallazgo confirmado por Johannes Risk y Christian Johannes junto al lugar que acabaría rindiendo homenaje a estos johannes, Johannesburgo. Para entonces ya habían pasado veinte años desde el descubrimiento de la primera mina de diamantes en Kimberley, la única ciudad de África que poseía tranvías y luz eléctrica cuando Europa asistía al nacimiento del gramófono.

Una vez intenté marcharme de corresponsal a Suráfrica. Quería participar de la vitalidad del nuevo país nacido tras el apartheid. Un país que se expresa en once lenguas oficiales, acoge cultos de casi todas las religiones del mundo y sigue recibiendo emigrantes de los cinco continentes. Y quería, también, disfrutar del Kruger, el Kalahari, el espectacular escenario de Ciudad del Cabo y la costa a la que arriban en agosto las ballenas. Suráfrica es el único país del mundo en el que puedes ver pingüinos, ballenas, tortugas, focas, tiburones -entre otros, el gran tiburón blanco- y los big five de la sabana: león, leopardo, búfalo, elefante y rinoceronte. Es el paraíso. Nunca tuve dudas. Un paraíso al que los dioses dieron la espalda cuando los hombres empezaron a disputarse uno a uno todos sus tesoros.

Pero ahora los dioses bantúes han vuelto. Con un gran regalo. El Mundial de Fútbol. El 11 de junio, cuando la primera pelota oficial eche a correr, más de dos mil millones de espectadores de 204 países mirarán hacia el lugar donde se construye la nación del arco iris, la gran esperanza del África austral, el sueño de Nelson Mandela, la Suráfrica del siglo XXI. La audiencia total se estima en más de 26.000 millones de espectadores, entre el 11 de junio y el 11 de julio. Habrá récord de audiencia y récord de tecnología. Será el Mundial de la televisión digital en alta definición, el primero que se pueda seguir desde la pantalla del teléfono móvil. Récord también de recaudación: el negocio atraerá más de 2.000 millones de euros, por entradas, derechos de televisión, turismo y merchandising. Y pasará a la historia como el primer Campeonato Mundial de Fútbol que celebró su fase final en África.

Éste será el año de Suráfrica. El 11 de junio, millones de ojos estarán pendientes del país del arco iris, la cuna de la humanidad. Habrá que estar atentos. No sólo para ver a Xavi o a Iniesta. Suráfrica tiene cosas importantes que decir al mundo. Veremos en directo las últimas noticias de la casa de Adán y Eva, el paraíso.