Dos amigos de Cracovia, por Luis Pancorbo

Líneas sinuosas, suturadas con sangre, como los viajes y destinos de dos eminentes y errantes polacos.

Luis Pancorbo
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Foto: Ximena Maier

Se habían hecho íntimos amigos en Cracovia, cuando la elegante ciudad polaca era capital de la Galicia austríaca. Uno era Bronio, como llamaban cariñosamente a Bronislaw Malinowski, el que acabaría siendo uno de los antropólogos más influyentes del siglo XX. El otro era Stanislaw Ignacy Witkiewicz, Stas o Witkacy para los amigos, un hombre de grandes talentos que fue derramando en la amistad, el amor, la pintura, la fotografía y el teatro. De jóvenes, Bronio y Stas frecuentaban Zakopane, una localidad a un centenar de kilómetros de Cracovia, donde se respira el aire fino de los Cárpatos, y donde las casas de madera -algunas construidas por el padre de Witkacy, célebre arquitecto- dan fe de una aristocracia polaca de gustos refinados en el arte y en el amor por la naturaleza. Las vidas de los dos amigos inseparables se bifurcaron en Australia, pero se insinuó cuando Malinowski tomó las riendas de su carrera y porvenir. Estudió Física y Matemáticas y, al doctorarse en 1908 en la Universidad Jagellonian de Cracovia, obtuvo sub auspiciis Imperatoris (bajo los auspicios del Emperador) un anillo de oro concedido por el káiser de Austria Franz Joseph I. Sin embargo, el joven Malinoswki no estaba menos dotado para las letras. Quedó fascinado, trastocado incluso, al leer La rama dorada, de Frazer, y a raíz de ello decidió consagrarse a la Antropología como otros lo hacen a tales o cuales órdenes caballerescas o religiosas.

Se apuntó Malinowski en la London School of Economics, que empezaba a impartir cursos de Antropología, y consiguió no solo un nuevo grado académico sino un dominio del inglés que recuerda al de su paisano Joseph Conrad. Recibió ayuda oficial para viajar a Australia aun siendo un enemigo potencial al tener ciudadanía austríaca en plena Primera Guerra Mundial. Todo fue superado por Bronio y logró poner en marcha un pionero trabajo de campo (en 1914 y en 1917-18) en las islas Trobriand (Papúa-Nueva Guinea), cuando se podía encontrar allí un libro étnico en blanco, y unos mares del color de los ojos de las mujeres inglesas que amaba, sin desdeñar la belleza desnuda de los nativos y nativas. Al fin compuso un gran compendio etnográfico de un pueblo sabio y modesto a fuer de primitivo, Los argonautas del Pacífico Occidental, publicado en 1922 con un prefacio de su admirado maestro Frazer.

En 1914, Stas Witkacy estaba sumido en la más negra de las depresiones tras el suicidio de su novia Jadwiga Janczewska. Malinowski consiguió llevar a Stas en su expedición por Australia y Nueva Guinea en calidad de dibujante y fotógrafo. Witkacy hizo fotos memorables, paisajes y marinas, y cimentó su vertiente pictórica por la que luego fue reconocido. Su obra figura en el Museo Nacional de Cracovia, en el ala dedicada a los pintores expresionistas polacos de principios del XX. También profundizó en la fotografía creativa, y Swiatoslaw Lenartowicz, uno de los directores del citado museo, pone el énfasis en su valor de vanguardia tanto por lo que se refiere a las fotos hechas por Witkacy como a las instantáneas en las que él posaba de forma original para el fotógrafo Józef Glogowski. Tanto fue así que se hace difícil saber a quién acreditar la autoría de las imágenes, si al artista que posa y cambia de expresión a cada click o a quien pulsa el obturador.

Pero eso fue después de aquel viaje a la Melanesia donde ambos amigos acabaron tarifando y discutir de política tuvo mucho que ver en eso. Su hermandad trabada en las calles de Cracovia y en los bosques de Zakopane se resquebrajó para siempre. Tras las Trobriands, Malinowski amplió sus éxitos académicos y antropológicos hasta su muerte en 1942 de un ataque al corazón, siendo ya profesor en la Universidad de Yale. Witkacy se pegó un tiro el 18 de septiembre de 1939, el día en que los soviéticos invadían Polonia, en un bosque de Jeziory, una aldea que hoy está en Ucrania. Líneas sinuosas, suturadas con sangre, como los viajes y destinos de dos eminentes y errantes polacos.