El histórico Hermitage como nunca lo habías visto

Un nuevo documental que se estrena en España el 26 de noviembre, Museo Hermitage: El poder del arte, cuenta la historia de este complejo de una manera nueva y emocionante. Hablamos del segundo museo más grande del mundo (tras el Louvre), en el que viven más de tres millones de obras de arte (aunque solo se expongan al público un 3%) que esperan ser admiradas por sus más de cuatro millones de visitantes anuales, a los que reciben unos 50 gatos que deambulan entre sus sótanos y patios

María Escribano
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Foto: Vladislav Zolotov / ISTOCK

Mientras se decide si se abre una nueva sucursal del Hermitage en Málaga (o finalmente en Barcelona), el museo ruso, con más de tres millones de obras de arte, estrena documental en los cines españoles el 26 de noviembre. Museo Hermitage: El poder del arte cuenta la historia del museo de una manera nueva y emocionante, a través de siglos de historia rusa y eventos culturales que llevaron al desarrollo de sus colecciones en el corazón de la ciudad.

El actor italiano Toni Servillo es el guía de este viaje, una producción original de 3D Produzioni y Nexo Digital, en colaboración con Villaggio Globale International y Sky Arte, patrocinada por Ermitage Italia y con el apoyo de Intesa Sanpaolo. Pero Toni no está solo en su recorrido, le acompaña una banda sonora genial, compuesta por el pianista y compositor Dmitry Igorevich Myachin. Dirigido por Michele Mally, quien se basó en una idea original de Didi Gnocchi, el documental se ha hecho en plena colaboración del Museo Estatal del Hermitage en San Petersburgo y con su director Mijaíl Piotrovsky.

Actor Toni Servillo, guía del documental.  | VLADIMIR DROZDIN Photography www.drozdin.com

Hablar del Museo Hermitage es hablar de la historia de San Petersburgo, la monumental ciudad en la desembocadura del Neva que es Patrimonio Mundial de la Unesco y que ostentó el título de capital rusa de 1712 a 1918. San Petersburgo fue ese sueño posible de Pedro el Grande, que “imaginó una capital sobre el mar”.

Fundada en 1703, su construcción se considera la mayor creación urbana del siglo XVIII. Se construyó en un periodo de tiempo asombrosamente corto, de acuerdo con un plan ordenado basado en muchas de las ideas del propio Pedro el Grande. La ciudad se construyó en condiciones difíciles en tierras bajas desprotegidas de las inundaciones y frente a una grave escasez de materiales y trabajadores. Y quizá igual de sorprendente es que tan solo unas décadas después vería erigirse en su orilla uno de los museos más grandes del mundo, el Hermitage.

Cartel del documental 'Museo Hermitage: El poder del arte'.  | A Contracorriente Films

EL ORIGEN

La historia del Hermitage está ligada a la del Palacio de Invierno, edificio que la emperatriz Isabel I mandó construir en 1754 al arquitecto Rastrelli. Se tardó ocho años en construir y para ello se emplearon más de 4.000 trabajadores. Isabel quería que el palacio eclipsara a otros palacios reales europeos. Con sus más de 460 habitaciones, vaya si los eclipsó. Durante dos siglos, vivieron en él los zares y fue una de las emperatrices más importantes del imperio, Catalina la Grande, la responsable de que se ampliara el complejo, con la construcción del Pequeño y Gran Hermitage y de un teatro.

Ilustración del Palacio de Invierno hacia 1870.  | Nastasic / ISTOCK

El Pequeño Hermitage se construyó entre 1767 y 1769 bajo las directrices del arquitecto Vallin de la Mothe. En su origen era un pabellón para que Catalina se relajara sola o con amigos. El Gran Hermitage se empezó a construir en 1771 y respondió a la necesidad de la emperatriz de contar con un edificio que pudiera albergar la biblioteca, en constante expansión, y las colecciones de obras de arte que iba adquiriendo. La estructura de tres pisos y su estilo neoclásico están en consonancia con el conjunto general del palacio. En cuanto al teatro, este se encargó a Giacomo Quarenghi en 1783. Se terminaría en 1787 y en él destaca la columnata del segundo nivel, con estatuas de dramaturgos y poetas griegos.

Catalina fue quien también se encargó de comprar las colecciones de arte que formaron la base del actual museo.

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LA COLECCIÓN GOTZKOWSKY y CATALINA LA GRANDE

1764 es un año para marcar en el calendario de la historia del Hermitage. Es cuando Catalina II adquiere la colección que el marchante Johann Gotzkowsky estaba preparando para el rey prusiano Federico II y que este finalmente no compró. Johann se la ofreció a Rusia y Catalina vio la oportunidad de herir la autoestima de Federico y de demostrar que Rusia podía permitirse una adquisición tan cara. Entre las obras, unas 225 pinturas, no había nada demasiado interesante, salvo un retrato de Frans Hals y otro de Jan Steen, ambos barrocos neerlandeses. Esa sería la semilla que llevó al nacimiento del Hermitage.

Tras la colección Gotzkowsky muchas otras colecciones de arte fueron adquiridas por Catalina y sus sucesores en el cargo. Una de las compras más valiosas en la historia del Hermitage tuvo lugar en 1772, cuando el museo adquirió la notable pinacoteca de Antoine Crozat, barón de Thiers, fallecido dos años antes. Rafael, Tiziano, Rembrandt, Rubens, Veronese, Van Dyck… eran algunos de los pintores que la formaban.

Galería con las réplicas de las logias vaticanas de Rafael.  | Nigel Jarvis / ISTOCK

Pero no solo hay obra comprada en el Hermitage. Catalina también mandó que se reprodujeran las Logias de Rafael, presentes en el Palacio Apostólico del Vaticano. Para ello, en 1792, Giacomo Quarenghi construyó una extensión del Gran Hermitage con el objetivo de albergar dichas Logias.

Quarenghi también construyó para Catalina el Gran Salón del Trono (St. George Hall), una sala de 800 metros cuadrados, con dos niveles de ventanas y columnas corintias dobles de mármol rosa y en el que situó un trono para la emperatriz. Se construyó entre 1787 y 1795 y aunque un gran incendio lo destruyó en 1837, fue restaurado con alguna modificación.

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TRAS CATALINA

El sucesor en el trono de Catalina, su nieto Alejandro I, siguió adquiriendo obras para enriquecer la colección del museo. Trabajo suyo fue la llegada del único Caravaggio que hay en el Hermitage (Apolo tocando el laúd) y también la compra de la colección de Josefina Bonaparte. Pero sería Nicolás I, hermano de Alejandro, quien se plantearía el dilema de cómo ordenar las obras de la colección y cómo mostrarlas al público. El 5 de febrero de 1852, tras 10 años de trabajo, se inaugura el nuevo Hermitage, al que se accede por un pórtico sostenido por 10 gigantescas estatuas de Atlantes de cinco metros de altura talladas en granito gris por el escultor Terebenev. Un total de 4.552 obras reunidas a lo largo de un siglo y medio se exponen en el museo.

Pórtico de los Atlantes, entrada del museo.  | miralex

También bajo mandato de Nicolás I se crea la Galería Militar en el Palacio de Invierno. En ella se incluyen 332 retratos de los generales rusos que fueron héroes de las guerras napoleónicas.

Entre 1830 y 1840 se crea la Sala de Malaquita, construida para conectar el conjunto de salas estatales con las habitaciones privadas de la emperatriz Alexandra Fyodorovna, esposa de Nicolás I. Se llama así porque las columnas, pilastras y repisas de chimenea son de malaquita. También se crearon el Salón Árabe y la Sala Blanca y el Alexander Hall, que conmemora la victoria de Rusia sobre Napoleón.

En abril de 1833, Nicolás I encarga a Auguste Montferrand la restauración de la Gran Suite del Palacio de Invierno. Para ello, diseñó dos salas, la Sala de los Mariscales de Campo y la Sala Conmemorativa de Pedro I.

EL GRAN INCENDIO

Errores en el diseño de las obras del Palacio de Invierno por parte de Auguste Montferrand, que dejó canales de ventilación muy estrechos y llenos de escombros entre los tabiques de madera altamente inflamables, fueron la causa de que el este ardiera la noche del 17 de diciembre de 1837 (y durante dos días más). El incendio destruyó toda la decoración interior de la suntuosa residencia imperial, pero se pudieron salvar algunas colecciones albergadas en el Pequeño Hermitage.

Galería de la historia de la pintura antigua.  | A Contracorriente Films

Tras el incendio, que destruyó casi por completo la decoración interior del Palacio de Invierno, comenzó la restauración. El arquitecto Vasily Stásov es quien llevó a cabo la remodelación de los interiores estatales, mientras que las habitaciones privadas fueron confiadas a Alexander Bryullov. Stásov reprodujo el diseño de Montferrand para la Sala de los Mariscales de Campo y la Sala Conmemorativa de Pedro I y la Galería Militar de 1812 también fue cuidadosamente restaurada a su aspecto original, ya que todos los retratos se retiraron rápidamente del Palacio en llamas. Sin embargo, el Salón de las Armaduras, la segunda sala más grande del Palacio de Invierno, se volvió mucho más imponente y abrumador gracias a la introducción de columnas doradas. 

TRAS LA REVOLUCIÓN

Con la conquista del Palacio de Invierno por parte de los bolcheviques en 1917, San Petersburgo se convierte en una capital abandonada. En 1924 pasaría a llamarse Leningrado. El Hermitage empezaría su descomposición. Muchas obras se vendieron y otras se movieron a otros museos rusos. De hecho, hubo negociaciones interminables con Moscú para transferir obras del Hermitage al Museo de Bellas Artes Alejandro III (hoy, Museo Pushkin). El acuerdo final se firmó el 28 de noviembre de 1927, según el cual se transfirieron más de 500 pinturas a Moscú. Este grupo incluía obras de maestros tan célebres como Rembrandt, Rubens, Van Dyck, Nicolas Poussin y Paolo Veronese. A principios de la década de 1930, se envió un grupo adicional de 70 pinturas desde el Hermitage a Moscú.

Imagen aérea de San Petersburgo, con el Hermitage al fondo.  | aapsky / ISTOCK

Años más tarde, la invasión de Hitler volvería a poner en jaque al Hermitage. Muchas obras se intentan salvar y se transportan en trenes especiales rumbo a los Urales. Se enviaron más de un millón de obras de arte en dos trenes especiales a Sverdlovsk (Ekaterinburg) en los Urales.

Ya en 1945, el museo reabre sus puertas y en años posteriores siguieron llegando cuadros a sus salas.

Hoy, con la apertura de nuevas sucursales del Hermitage por el mundo, como la intencionada de Málaga, el museo quiere tender lazos para ser considerado un puente de la cultura entre países. En 2022 se cumplen 170 años de su inauguración.