Diez palabras por Mariano López

Son diez palabras africanas que despiertan el ánimo, iluminan la sonrisa y estimulan la vida.

Mariano López
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Foto: Sergio Feo

Jordi Serrallonga es un arqueólogo tan alto como Indiana Jones y tan minucioso, trabajador y preciso como Howard Carter. Los maasai de las tierras de Sinya, al pie del Kilimanjaro, le llaman Jordan y los hadzabe del Lago Eyasi, que cazan con flechas, duermen bajo los árboles y saben cómo extraer el agua de los baobabs, le consideran su mejor compañero de viaje: un mzungu (hombre blanco) sabio y tranquilo, de mirada grande y sueños de largo recorrido. Jordi Serrallonga es también naturalista, escritor y guía de expediciones. Se considera un homo sapiens seducido por la ciencia, aprendiz de naturalistas y exploradores como Humboldt, Burton o Leakey; un profesor afortunado que ha conseguido convertir en realidad los safaris que dibujaba en el atlas de su escuela, los viajes que inocularon en su imaginación los primeros cinco grandes libros que le atraparon por completo, los big five de su biblioteca: Cosmos, de Carl Sagan; un viejo código de Leonardo da Vinci; El descubrimiento de la tumba de Tutankamón, de Howard Carter; Estudio en escarlata, de Arthur Conan Doyle, y la Autobiografía de Charles Darwin. Ahora, Jordi Serrallonga acaba de publicar un bello libro titulado África en 10 palabras y subtitulado (el subtítulo importa) Mi manual de supervivencia en la jungla de asfalto.

El libro trata de lo que anuncia: diez palabras africanas cuyo sentido, aplicación y significado despiertan el ánimo, iluminan la sonrisa y estimulan la vida. Diez llaves, diez mantras, diez arcanos de un saber de siglos que atesoran las gentes del swahili, la lengua franca de los países que se acunan entre la gran falla del Rift, cuya erupción hizo posible el nacimiento de los primeros homínidos, y la costa del Índico, por la que navegaron los primeros dhows árabes y quizá las naves del rey Salomón. "Diez palabras swahili -escribe Serrallonga en su nueva obra- que tras años de vivencias por el gran continente tan próximo como olvidado me han ayudado a sobrevivir no precisamente en África sino en el duro regreso a ese otro mundo que muchos siguen llamando civilización".

La primera palabra es Asante (gracias), la segunda es Jambo (hola), la tercera Pole (lo siento). Tres palabras sencillas que Serrallonga nos invita a utilizar en su justa medida: mucho, siempre. "Quizá, con un gracias siempre a punto -escribe-, incluso el gracias más sarcástico o el gracias menos sincero, podríamos sobrevivir mejor en la jungla de asfalto". Pole es una muestra de respeto y reconocimiento ante la tarea o el trabajo que realiza el interlocutor. Jambo es un saludo, "el saludo -dice Serrallonga- en el que me educaron mis padres", el hola que los mzungu han dejado de practicar.

Cada palabra, cada idea, encierra un cálido y sencillo secreto, forma parte de la arquitectura necesaria para ver la vida con optimismo, la clave para que la botella medio vacía nos resulte siempre medio llena. "El optimismo es un valor moral, el primero que debemos cultivar", decía Ernest Shackleton, el explorador que sobrevivió a la más terrible expedición conocida en la Antártida. Serrallonga sabe que el optimismo germina en las llanuras de Tanzania, los bosques de Kenia, en el Serengeti, el Amboseli y el Rift, y ha logrado condensarlo en diez palabras, un diccionario mínimo. "Mi diccionario de bolsillo -escribe- no pretende educar ni dar clases de comportamiento a los aborígenes de la jungla de asfalto, pero sí es un diario personal de cómo he aprendido a afrontar mi vida en el hogar cada vez que he de abandonar las sabanas, desiertos, bosques, montañas y pueblos de África para sumergirme, de nuevo, en las calles, academias, empresas y ciudades de nuestra presuntuosa civilización". La penúltima palabra es una invitación al viaje, Safari, y la última, una despedida confiada (Tutaonana, hasta la vista). Antes destaca Siombaya (no va mal). "Ante la expresión ‘abari gani'' (¿cómo estás?) -relata Serrallonga- jamás he escuchado un solo ‘mbaya sana'' (muy mal). La respuesta siempre es ‘nzuri sana'' (muy bien) o, en el peor de los casos, ‘siombaya'' (no va mal)".

Son diez palabras que encierran diez lecciones, diez enciclopedias, y que explican por qué en África no hay tiempo para ponerse enfermo ni para deprimirse: "Hay trabajo por hacer y sensaciones por vivir". Diez palabras que forman un libro precioso, con el que el arqueólogo Serrallonga nos descubre tesoros extraídos de la sabiduría más antigua del continente. Diez palabras, enamoradas, que guardan los secretos de África, la cuna del hombre, el hogar de la vida.