El destino imprescindible de las mujeres mayores de 65 años, según una viajera sénior: "La edad no define lo que podemos hacer. Lo repetiría con los ojos cerrados"
Esther Aristieta, 68 años, viajó hasta Svalbard, el archipiélago noruego enclavado en el corazón del Ártico, y regresó convencida de que la jubilación no es el final de las grandes aventuras, sino el comienzo de las más auténticas.

Un curioso destino que deberías visitar después de los 65 años. / Istock
Existe una edad en la que la sociedad, de manera silenciosa pero persistente, empieza a trazar límites que nadie ha pedido. Una edad en la que viajar a destinos remotos parece cosa de jóvenes con mochila y audacia ilimitada. Una edad en la que se supone que las vacaciones deben ser cómodas, predecibles y, sobre todo, seguras. Esa edad, para muchos, llega al cruzar la barrera de los 65 años. Pero los datos y las historias de miles de viajeras como Esther Aristieta demuestran que esa premisa no solo es falsa, sino profundamente injusta.

Viajar a destinos remotos es el nuevo 'must' para las personas mayores de 65 años. / Istock
La jubilación, lejos de ser un punto de llegada, puede convertirse en el momento más fértil para explorar el mundo. Con más tiempo libre, mayor estabilidad económica y una experiencia vital que ningún joven puede comprar, las mujeres mayores de 65 años representan hoy uno de los segmentos turísticos más dinámicos y exigentes del planeta. Según datos de Eurostat, los turistas de 65 años o más representaron casi 1 de cada 4 pernoctaciones turísticas realizadas por residentes de la Unión Europea, y las personas de entre 65 y 70 años viajan con más frecuencia y realizan viajes más largos, "probablemente debido al tiempo disponible después de la jubilación." Un informe de la Comisión de Turismo de la UE lo resume con claridad: los mayores de 65 años reúnen "dos condiciones excepcionales: buen poder adquisitivo y tiempo libre", y constituyen "un factor fundamental" para el sector turístico en las próximas décadas. La edad, en definitiva, es solo un número.

Adriana Fernández
Las viajeras sénior rompen todos los esquemas: también eligen la aventura
Lo más revelador no es solo que las personas mayores viajen más, sino cómo eligen viajar. La imagen del turista sénior limitado a cruceros tranquilos o a playas de temporada baja pertenece ya al pasado. Según datos recientes, casi uno de cada cuatro viajes dentro del territorio español en 2024 fue realizado por personas mayores de 55 años, superando incluso a los grupos de edad más jóvenes. Y las previsiones apuntan a que esta tendencia no hará sino crecer: para 2030, se calcula que habrá alrededor de 140 millones de viajeros sénior en Europa. Un estudio de la Universidad de Vigo ya advertía hace una década que "el espíritu joven y abierto de las personas mayores, acompañado de un nivel económico estable", las convertía en "un segmento de mercado atractivo para la industria turística." Hoy, ese espíritu no se conforma con lo convencional.

Las personas mayores buscan, cada vez más, aventuras irrepetibles. / Istock
Cada vez más mujeres mayores de 65 años se decantan por destinos remotos o de aventura: caminatas en zonas polares, safaris en África, expediciones de kayak en Alaska. La Adventure Travel Trade Association (ATTA) ha detectado que entre sus viajeros más fieles figuran personas de mediana y avanzada edad que buscan lo que ellas mismas describen como experiencias vitales únicas e irrepetibles. Esther Aristieta, 68 años, es el retrato perfecto de esta nueva generación de exploradoras. Cuando le preguntaron por qué eligió Svalbard, el archipiélago noruego situado entre el continente europeo y el Polo Norte, su respuesta fue directa y contundente: "La edad no define lo que podemos hacer."
Svalbard, el viaje que Esther recomienda con los ojos cerrados
En una entrevista concedida a La Ser, Esther Aristieta describió su experiencia en Svalbard con la emoción de quien ha tocado algo verdaderamente diferente. "Lo repetiría con los ojos cerrados", afirmó, dejando claro que el Ártico noruego no es únicamente un destino para expedicionarios profesionales, sino un lugar accesible para cualquier viajera que llegue bien preparada y con las ganas intactas.
Svalbard es un archipiélago situado en pleno océano Glacial Ártico, a unos 1.300 kilómetros del Polo Norte, bajo soberanía noruega. Su nombre, que en noruego antiguo significa 'costas frías', no hace justicia a la riqueza natural y humana que encierra. Cinco grandes islas —Spitsbergen, Nordaustlandet, Barentsøya, Edgeøya y Prins Karls Forland— y alrededor de 150 islotes menores conforman un territorio donde el 60% de la superficie está cubierta de glaciares y donde conviven más osos polares que seres humanos. Su capital, Longyearbyen, en la isla de Spitsbergen, ostenta el título de ciudad más septentrional del mundo con más de 1.000 habitantes y funciona como el epicentro de toda la actividad turística del archipiélago. Como señala Lonely Planet, sus "picos bien torneados, enormes campos de hielo y fiordos son el telón de fondo de una rica variedad de flora y fauna ártica", incluyendo morsas y cerca de una sexta parte de la población mundial de osos polares.

Auroras boreales en el Ártico. / Istock / Krzysztof Grabiec
A pesar de su ubicación extrema, viajar a Svalbard es más sencillo de lo que parece. Hay vuelos diarios desde la Noruega continental, con conexión desde Oslo o Tromsø, y el vuelo desde Oslo dura aproximadamente tres horas. Visit Norway certifica además que Svalbard es un Destino Sostenible, un reconocimiento que se concede a aquellos destinos que trabajan de forma sistemática para reducir los efectos negativos del turismo. Para los ciudadanos europeos no es necesario ningún visado específico, aunque sí se requiere visado Schengen válido al transitar por el continente.
Lo que hace a Svalbard único es precisamente esa mezcla imposible: los impresionantes paisajes polares con unas temperaturas relativamente moderadas gracias a la corriente cálida del Golfo que baña sus costas. Esta circunstancia explica la abundancia de fauna salvaje —renos árticos, focas, zorros polares, leones marinos— en un entorno que, de otra manera, sería inhóspito para la vida. Svalbard es, además, uno de los lugares privilegiados del mundo para presenciar tanto la aurora boreal como el fenómeno del sol de medianoche. Durante el invierno ártico, el cielo nocturno se ilumina con las danzas de las luces del norte; entre mayo y septiembre, el sol no se pone en ningún momento del día, ofreciendo una luz perpetua y espectral que transforma el paisaje de manera radical.

Vista aérea de la nevada Svalbard / Istock / Giancarlo Gallinoro
Uno de los atractivos más llamativos del archipiélago es la Bóveda Internacional de Semillas de Svalbard, un bunker excavado en la roca permafrost diseñado para preservar la biodiversidad agrícola mundial. También merece una visita el Museo de Svalbard en Longyearbyen, donde se puede conocer la fascinante historia del archipiélago: desde la caza de ballenas en los siglos XVII y XVIII hasta la explotación minera de carbón que durante décadas fue el motor económico de la región. La ciudad fantasma de Pyramiden, un antiguo asentamiento minero soviético fundado en 1910 y vendido a la URSS en 1927, puede visitarse en barco y ofrece una experiencia sobrecogendora: edificios abandonados, un polideportivo soviético en ruinas, un campo de fútbol entre glaciares. La revista de viajes Errante lo describe como una de las aventuras más impactantes del Ártico.

Glaciar Smeerenburg, Svalbard / Istock / JANE RIX
Qué no perderse en Svalbard y sus regiones vecinas
Un viaje al Ártico noruego no se entiende sin la experiencia inmersiva en su naturaleza. Las actividades organizadas son la única forma de explorar el archipiélago con seguridad: existe una norma estricta que prohíbe salir del núcleo de Longyearbyen sin un arma o un guía habilitado, una medida de protección ante los osos polares que campan libremente por el territorio. Pero lejos de ser una limitación, esta norma garantiza una experiencia guiada de altísima calidad. Los safaris en moto de nieve en invierno son la forma más emocionante de recorrer las llanuras blancas del Templefjord en busca del oso polar. En verano, las excursiones en zodiac por los fiordos permiten contemplar desde el agua los frentes glaciares y avistar ballenas migratorias, focas y colonias de aves marinas. El trineo de perros, que Visit Svalbard describe como "la mejor manera de experimentar la belleza infinita del paisaje ártico", es una experiencia que muchas viajeras como Esther califican de irrepetible.

Longyearbyen, Svalbard / Istock
Para quienes prefieren explorar a pie, el ascenso a Sarkofagen, el pico más alto de las inmediaciones de Longyearbyen con 1.051 metros de altitud, está catalogado como una excursión local favorita con vistas extraordinarias. En invierno y otoño, entre octubre y marzo, las auroras boreales convierten el cielo en un espectáculo de colores que, como escribe el viajero Sele en su crónica de la zona, resulta "incomparable e indescriptible, algo que no se puede explicar con palabras". El verano, por su parte, ofrece el enigmático sol de medianoche, que sumerge la región en una luz perpetua y permite planificar actividades prácticamente durante las 24 horas.

Longyearbyen es otro de los imprescindibles. / Istock
La gastronomía de Svalbard sorprende a quienes no la esperan. Longyearbyen cuenta con una oferta culinaria notable para tratarse de una ciudad tan remota. El restaurante Gruvelageret destaca por su menú de especialidades locales, entre las que brilla el reno de Svalbard. El restaurante Nansen, ubicado dentro del Radisson Blu Polar Hotel con vistas a los picos cubiertos de glaciares, es conocido por su cocina nórdica con ingredientes locales de temporada: reno, trucha ártica y productos del mar. El restaurante Stationen, inspirado en la tradición de caza de ballenas de los siglos XVII y XVIII, ofrece platos como carpaccio de ballena y salmón ahumado, además de cervezas artesanales elaboradas en casa. Para los más curiosos, existe una pequeña tienda de chocolates artesanales inspirados en el Ártico, con osos polares en miniatura de chocolate blanco y dulces con motivos de la aurora boreal.
El viaje puede enriquecerse enormemente combinando Svalbard con una escala en Tromsø, conocida como la capital del Ártico noruego. Situada a 350 kilómetros al norte del Círculo Polar y considerada la ciudad más importante del norte de Noruega, Tromsø es un destino en sí misma. Visit Norway la describe como un lugar desde el que "muchos vienen entre septiembre y marzo para ver las auroras boreales", aunque su oferta es múltiple: la espectacular Catedral del Ártico, con su arquitectura triangular de cristal y hormigón; el Museo Polar, donde se puede conocer la historia de las expediciones árticas y la figura del explorador Roald Amundsen; el acuario Polaria, el más septentrional del mundo; y las excursiones por los fiordos de las islas de Kvaløya y Sommarøy, con sus playas blancas y sus panoramas de montañas e islas. Desde Tromsø parten también los vuelos hacia Svalbard, lo que convierte a esta ciudad en la puerta natural de entrada al Ártico más salvaje.
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