Descubrimos a la Cristina Spinola más aventurera: lo suyo es pedalear y viajar

Ha sido la primera mujer española en dar la vuelta al mundo en bicicleta, entre 2014 y 2017, y ya prepara una nueva ruta en bici por el continente africano. Hija de padre canario y de madre portuguesa, un buen día lo dejó todo para sentirse libre, sin ataduras ni fronteras. 

Javier del Castillo
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Foto: VICTORIAIGLESIAS

"Lo que más recuerdas de un viaje son las emociones que has vivido con la gente"

VICTORIAIGLESIAS

Hace algunos meses, Cristina Spínola (43 años) recibía el Premio VIAJAR 40 ANIVERSARIO y se definía como una “cazadora de estrellas”. Para esta canaria de madre portuguesa no hay retos imposibles. Su vida cambió hace cinco años, cuando se presentó en Sudáfrica con la bici metida en una caja, dispuesta a dar la vuelta al mundo en solitario. Pasó miedo, incluso sufrió un intento de violación en Malasia, pero siguió adelante, pedaleando. El año pasado, a su regreso de un viaje en furgoneta por México, encontró un lugar tranquilo en Galicia –Tomiño, Pontevedra– donde entrena y prepara los próximos viajes por el mundo. Siempre sonriente, treinta mil kilómetros en bici la contemplan. 

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¿Cuándo salió por primera vez de Las Palmas de Gran Canaria?

De pequeña iba con frecuencia a Madeira (Portugal), de donde es mi madre, para ver a los abuelos. Pero nada más. Luego, a los 20 años, antes de empezar en la Universidad, decidí irme a Londres. Trabajé en un hotel, lo pasé mal, pero fue mi primera gran aventura. Durante la carrera estuve también en Bruselas y trabajé de traductora de portugués en la Comisión Europea. 

¿Por qué decidió poner tierra de por medio? ¿Se le quedó pequeña la isla?

Es como el mito de la caverna, que cuando sales de la cueva te das cuenta de todo y quieres seguir viviendo nuevas experiencias. A mí me vino muy bien salir a Madrid, Londres y Bruselas. Necesitaba viajar, porque era mi alimento interior, y porque tampoco quería quedarme toda mi vida en una isla. Había estudiado Periodismo para descubrir nuevos mundos y conocer gente. Y mi sueño era hacerlo en bicicleta.

Cristina Spinola

¿Le costó mucho romper con su zona de confort?

Fue terrorífico. Tienes la impresión de que te vas a caer por un precipicio, al dejar a tu familia y el trabajo. Antes de la vuelta al mundo, en el 2005 hice en bici la Ruta por la Igualdad reivindicando los derechos de la mujer por las siete islas canarias. Entonces me di cuenta de que viajar en bicicleta es una manera deliciosa de viajar. Vas recorriendo los sitios centímetro a centímetro y la bici es un símbolo de la liberación femenina desde el siglo XIX. 

Durante su vuelta al mundo en bici, ¿cuál fue el momento más difícil?

El día que dos hombres me intentaron violar por la noche en Malasia. Pude escapar gracias a la ayuda de unos señores que venían en un coche. Lo pasé muy mal, me deprimí y estuve a punto de abandonar. 

Cristina Spinola

Tampoco debe resultar fácil afrontar los riesgos atmosféricos. 

Lo más duro es el tráfico y especialmente los camiones. Algunos no llevan licencia de conducción o van borrachos. Es terrorífico porque te pasan al lado. Y si vas por caminos de tierra, te comes todo el polvo. Me parece increíble la capacidad de adaptación del ser humano.

¿Cuántos kilómetros hacía cada día?

Unos cien kilómetros diarios, dependiendo de la orografía y del viento. En la India hacía muchísimos, por encima de los cien, pero llegué a los Andes con la espalda partida, con muchas subidas, y la media no pasaba de setenta. 

Cristina Spinola

Su presencia despertaría curiosidad en algunos lugares.

En algunos sitios me miraban como si fuera extraterrestre. En Tanzania pasaba por poblados y los niños se echaban a llorar. Me rodeaban. Les parecía extraño ver a una mujer rubia sola y en bici.

Todavía conserva la bici con la que inició su vuelta al mundo?

No. Tuve que abandonarla en Singapur, después de un accidente. Luego adquirí otra bici, a la que le puse de nombre Susan Sarandon, que se quedó en Chile porque costaba mucho dinero traérmela a España. Tengo previsto ir a recogerla en mi próximo viaje.

Cristina Spinola

¿Qué escenarios del mundo le han impresionado más?

Por su belleza, me quedaría con Mozambique, el lago Malawi, el desierto de Wahiba y la Patagonia, en Chile. Por la gente, me quedaría con la India y México. Al final, lo que más recuerdas de un viaje son las emociones que has vivido con la gente. También tengo un grato recuerdo de Haití. Me gusta meterme en todas partes y conocer a la gente de ese lugar. 

Cristina Spinola

Ahora pasa largas temporadas en Galicia. ¿Por alguna razón en especial?

Fui a ver a unos amigos a Galicia, y Tomiño (Pontevedra) me encantó. Dije: esto es la Patagonia europea y quiero vivir aquí. Así que alquilé una casa a 13 kilómetros el mar, donde me gusta hacer surf y la gente es muy noble. Me ha venido muy bien Galicia como lugar de retiro. Necesitaba descansar después de cuatro años de locura. Además, tengo Portugal al lado.

¿Qué ruta recomendaría a los cicloturistas?

Si están empezando, la Carretera Austral (Chile), el Salar de Uyuni (Bolivia), la Patagonia y Asia. La Patagonia es dura, pero los países asiáticos y el Salar de Uyuni no requieren tanto esfuerzo y son lugares muy bonitos.

Cristina Spinola

¿Por qué le gusta viajar sola, sin nadie que le ayude a superar las dificultades? 

En realidad, la mayor parte del tiempo no estás sola. Solo cuando acampas en lugares apartados de las poblaciones echas de menos la compañía. Yo nunca había tenido tantos amigos por todo el mundo como ahora. El viaje en compañía es diferente y yo no tengo problemas para comunicarme.

Cuando recogió el Premio VIAJAR 40 ANIVERSARIO dijo sentirse “cazadora de estrellas”. ¿Por qué?

Porque me veo como El Principito, caminando por el planeta, buscándome a mí misma. Nunca había estado tan en contacto con la naturaleza, ni nunca me había impresionado ni llenado tanto. Es bueno separarte de tu ambiente para encontrarte a ti mismo. 

Cristina Spinola

¿Cuál será el próximo destino?

Tengo previsto recorrer África en bicicleta. Ya no planteo volver para atrás. Prefiero morirme pedaleando por el desierto del Gobi, haciendo lo que más me gusta, que ahorrando en España para una pensión.