No dejes de conocer Vilaflor, el pueblo de los pinos gigantes

Prepárate para admirar estos ancianos árboles en las faldas del Teide. 

Jose Miguel Barrantes
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Foto: 9parusnikov / ISTOCK

Al sur de Tenerife, formando parte de la Corona Forestal que rodea el Parque Nacional del Teide, el municipio de Vilaflor es un ejemplo destacado del medio rural y natural de la isla.

Vilaflor de Chasna, Tenerife  | underworld111 / ISTOCK

Aquí se encuentra el pinar más longevo de todas las Canarias, con ejemplares de récord tanto por su grosor como por altura o edad, siendo iconos emblemáticos entre la población local.

Nos lanzamos a conocer estos auténticos monumentos naturales mientras conocemos espacios poco explorados por los turistas que visitan la más grande de las Islas Afortunadas.

El capitán que se enamoró de una guanche

Cuenta la leyenda que uno de los conquistadores castellanos que primero arribó a tierras tinerfeñas, un capitán llamado Bracamonte, cayó perdidamente enamorado de una joven guanche – el pueblo indígena que moraba estas tierras – a la que capturaron entre los bosques de una zona llamada “Chasna”. Fugada de sus captores, el apasionado soldado solo pudo conservar el recuerdo de aquella mujer que le había cautivado, exclamando sin cesar: ¡Vi la flor de Chasna!

Conocida esta antigua historia, es fácil adivinar de dónde procede el topónimo del municipio que nos ocupa, llamado en realidad Vilaflor de Chasna.

Vilaflor, el pueblo de los pinos
Tom Rolvag | Wikicommons

Formado por cuatro núcleos de población, Jama, Trevejos, La Escalona y, el más grande y centro administrativo de todos ellos, el propio Vilaflor, la población total es escasa y no supera los 1800 habitantes repartidos en algo más de 56 kilómetros cuadrados, lo que da una densidad demográfica muy reducida, dándonos una primera idea del carácter rural que protagoniza este término municipal.

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Con una altitud media que casi alcanza los 1700 metros de altitud – si bien el punto más elevado se sitúa a 2848 metros -, representa uno de los municipios más altos de toda España.

Mientras, el núcleo principal, Vilaflor, enclavado a 1400 metros, fue fundado en 1525. Desde entonces, ha constituido un pequeño centro rural, orientado principalmente hacia la agricultura – destacan hoy en día sus vinos -, que ha sido desde muy antaño transitado gracias al Camino Real de Chasna.

Las calles, que se adaptan al terreno discurriendo en varios niveles, destacan por sus casas blancas encaladas y la presencia de la bella iglesia de San Pedro Apóstol, del siglo XVII, que se une al patrimonio de la localidad junto con la Casa de los Soler – una de las muestras de la arquitectura civil canaria más destacada del siglo XVII – o el antiquísimo y bien conservado molino de agua.

Santuario Santo Hermano Pedro en Vilaflor de Chasna, Tenerife. | CaptureLight / ISTOCK

Pero lo que hace más atractivo al pueblo de Vilaflor es quizás su situación privilegiada, rodeado de bosques de pinares y con la omnipresente vista de la elevación de El Sombrerito, a 2400 metros de altitud, que es todo un símbolo del municipio.

El orgullo de los chasneros

El municipio de Vilaflor de la Chasna es uno de los tres únicos de toda la isla de Tenerife que no cuentan con salida al mar. Sin embargo, este hecho, lejos de ser un inconveniente, ha forjado gran parte de la personalidad de estas tierras en las que destaca por encima de todo su masa forestal.

Situado en pleno Parque Natural de la Corona Forestal, alberga en su término el pinar más longevo de Canarias, con ejemplares centenarios que se han convertido en toda una institución y en el patrimonio natural del que se enorgullecen los habitantes de estos parajes, llamados chasneros y chasneras.

Bosque de pinares y el Teide, Tenerife | tane-mahuta / ISTOCK

Son numerosos los árboles catalogados como monumentales en el municipio, con especies que van desde el predominante pino canario hasta varios tipos de cedro o cipreses, pero destacan dos por encima de todos: el Pino Gordo y el Pino de las dos Pernadas, dos auténticas reliquias que convivieron incluso con el pueblo aborigen de la isla.

El primero de ellos, situado a la salida del pueblo de Vilaflor, es uno de los emblemas del municipio. Su altura de más de 45 metros de altura y su circunferencia de más de 9, solo son superadas en grandiosidad por los 700 u 800 años que se calculan que tiene, haciendo de él el árbol más apreciado y visitado de toda Tenerife, solo por detrás del Drago Milenario de Icod de los Vinos.

Mientras, su hermano, el Pino de las dos Pernadas, que enraizó a tan solo unos cuantos metros del primero, es el árbol autóctono más alto de nuestro país – el segundo es el Pino Gordo -, con sus más de 56 metros de altura. Sus nada desdeñables 8,30 metros de circunferencia y los cinco o seis siglos de edad, hacen de él, junto con su característica forma, otra atracción turística del municipio de Vilaflor.