De viaje con 007, por Mariano López

Honor al superagente Bond, James Bond, el personaje que más sueños viajeros ha inspirado con cada una de sus películas.

Mariano López

Visité, hace no mucho, Goldeneye, el lugar donde nació James Bond, y tengo que confesar que me decepcionó. Había oído hablar de la hacienda de Ian Fleming en Jamaica y me esperaba, no sé por qué, un lugar agreste, salvaje y solitario, una cala desierta abrazada por un bosque de palmeras y mangos, y un río cercano, con una cascada, por ahí andaría mi representación del lugar que Fleming denominó "el más bello de los paraísos". Me equivoqué. La playa me pareció muy común, la vegetación escasa y estoy seguro de que otros muchos lugares en la misma costa norte de Jamaica superarían a Goldeneye en los resultados de una votación para elegir paraísos. Esperaba, también, encontrarme con recuerdos de Ian Fleming y del rodaje del primer film de Bond y tampoco tuve suerte. Me informaron que la última propiedad original que quedaba de Fleming, su máquina de escribir, había sido adquirida por Pierce Brosnan al precio de 70.000 euros. Una lástima y una sorpresa. Porque el dueño actual de la finca, quien la ha convertido en un hotel, es la persona que más sabe en el mundo de los orígenes de James Bond. Estaba allí, junto a Goldeneye, cuando su madre inspiró a Fleming el personaje que llevaría al cine Ursula Andress. Se llama Chris Blackwell. Es el propietario de la discográfica Island Records, que descubrió a U2, Steve Winwood, King Crimson y Cat Stevens, llevó al éxito a Bob Marley y difundió la música reggae por todo el mundo. Su madre era Blanche Blackwell. Cautivó a Errol Flynn y luego a Ian Fleming. La relación fue más que apasionada. Un vecino de Goldeneye, el dramaturgo Noel Coward, dedicó a Fleming y a Blanche una obra titulada Volcano. Se estrenó en Londres, en la navidad de 2012. Blanche llegó a verla, dos días después del estreno. Acababa de cumplir 99 años.

En las novelas de Fleming, el mundo gira en torno a Goldeneye. Bond rara vez sale de Jamaica. Fueron los productores de la saga de películas, Broccoli y Saltzman, quienes convirtieron al superagente en un nómada sibarita, a quien hay que agradecer que haya inspirado millones de sueños viajeros con cada una de sus películas. El próximo filme, Spectra, se ha filmado en Roma, Londres, Austria, Marruecos y, sobre todo, en la Ciudad de México. Por segunda vez, la troupe de Bond se ha instalado en el Gran Hotel de México D.F., una joya arquitectónica cuyo primer solar fue ocupado por el auditor de Hernán Cortés. En una de sus suites y en su magnífico atrio se rodaron escenas de Licencia para matar, con Timothy Dalton. Este año, cuando comenzó el rodaje de la nueva película, varios periódicos mexicanos titularon: "Spectra vuelve a casa".

El próximo mes de mayo se inaugura en Madrid una exposición sobre el mito Bond. Se titula Diseñando 007: cincuenta años del estilo Bond. Es una muestra muy cuidada, que ha recorrido varias capitales del mundo, y exhibe objetos, detalles, iconos del mito, propiedad de la productora de sus filmes, entre ellos el esmoquin blanco de Roger Moore en Octopussy, el traje espacial de Moonraker, la pistola de oro de Scaramanga y los temibles dientes del gigante Jaws.

Honor a James Bond. El más longevo y el más viajero de los grandes mitos del cine. Es una lástima que se haya perdido su rastro donde nació. Una venganza, quizá, de Spectra, que ha convertido en vulgar la cuna del superagente. El lugar que una vez fue el más bello de los paraísos. Goldeneye.

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