De nuevo, Reverte, por Mariano López

Reverte se ha dejado las narices en las puertas de los archivos eclesiales, porque se las cerraron, y ha escrito una gran novela.

Mariano López

La última novela de Javier Reverte, Venga a nosotros tu reino, no es una sino varias, aunque estén todas contenidas en el mismo libro. Está basada en hechos reales, sucesos donde se mezclaron la intriga, el crimen y la política, que la prensa de la época no publicó y que tuvieron su origen en la historia de un joven cura polaco que llegó a Madrid, a mediados de los años 50, para actuar como agitador político. Reverte ha investigado los hechos en Varsovia, Barcelona y Madrid; ha entrevistado a decenas de testigos, se ha dejado las pestañas en las hemerotecas y las narices en las puertas de los archivos eclesiales, porque se las cerraron, y ha escrito una grandísima novela que trata del cura polaco y su gran peripecia, sí, pero también, y como todas las grandes novelas, de la vida y sus pasiones, del poder y del miedo, del azar y la necesidad. Además, es un viaje a una época difícil, muy dura: la España de los años 50, aún ataviada de negro y de uniformes varios, sabañones y misas en latín, coplas y carbón, pocas ganas de recordar y muchas de vivir.

Venga a nosotros tu reino habla, con maestría, de una época, pero el protagonista no es el franquismo sino algunos de sus habitantes, incluido el propio Franco. Por la novela desfi lan Esteban Bilbao, presidente de las cortes franquistas; Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei; Jorge Semprún, militante comunista que luego sería ministro del PSOE; el psiquiatra Vallejo Nájera y, entre muchos otros, el obispo Eijo Garay, que llegó a ser el único príncipe de la Iglesia con el título de Patriarca de las Indias Occidentales. Algunos se sorprenderán, y mucho, por el tratamiento que da Reverte a estos personajes: Franco habla mal de los falangistas, Eijo Garay critica al Opus Dei y algún cura lee a escondidas los Manuscritos de Marx.

Javier Reverte ha extremado sus pinceles para perfilar un paisaje humano de claroscuros con seres de carne y hueso, no villanos de cartón. El autor no está, no aparece, no simpatiza con nadie, salvo, a mi juicio, con la ciudad de Madrid. Venga a nosotros tu reino evoca las luces, los olores, los sonidos de aquella urbe donde aún circulaban los tranvías y los típicos autobuses de dos pisos, los taxistas iban uniformados, la basura se recogía en mulas, en la radio reían con el Zorro Iglesias y en los cines proyectaban Duelo al sol. Con todo, Madrid no es importante, lo que cuenta es la gente.

Si hay algo común entre Corazón de Ulises, Vagabundo en África, El río de la desesperación y Venga a nosotros tu reino es la preocupación por la gente, por el ser humano; para ser algo más precisos, por la fi gura de los más débiles. "¿Qué somos los humanos? -dice Reverte en el epílogo de esta nueva novela-, ¿qué nos duele, qué nos conmueve, qué nos atemoriza, qué nos entristece, qué nos alegra, qué nos obsesiona?". "Son cuestiones -afirma- cuyas respuestas serán siempre insufi cientes y a las que es posible que sólo pueda acercarse la literatura". Es posible y es verdad: son cuestiones bellas y difíciles que agradecen libros como la nueva novela de Javier Reverte.