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David Broncano y el pueblo mágico de Jaén en el que se crió: "Éramos niños Mowglis, me pasaba el día subido a un árbol"

Sus padres, llegados de Madrid, eligieron un rincón de la Sierra de Segura para criarlo. Casi cuarenta años después, David Broncano sigue llamando a Orcera su sitio.

El lugar que vio crecer a Broncano es un pequeño pueblo de Jaén.

El lugar que vio crecer a Broncano es un pequeño pueblo de Jaén. / Ayuntamiento de Orcera / GTRES

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Jorge Ponce se despidió de la Gran Vía madrileña repartiendo bizcocho en una esquina del Teatro Príncipe. Un gesto muy de la casa para cerrar una etapa y abrir otra que David Broncano llevaba semanas anunciando entre bromas. La Revuelta estrenará en septiembre su tercera temporada desde el Teatro Albéniz, un edificio de casi 900 butacas escondido detrás de la Puerta del Sol, en el número 11 de la calle de la Paz. RTVE ya ha confirmado la renovación del programa hasta 2028 y el propio presentador ha ido enseñando el nuevo escenario a cámara con la naturalidad de quien hace tiempo que se mueve por los platós como por casa. “Está a la altura de lo que España espera de nosotros”, bromeó mientras paseaba entre unas butacas todavía vacías.

Orcera, Jaén.

Orcera, Jaén. / Ayuntamiento de Orcera

Esa soltura, cuentan quienes lo conocen desde niño, ya estaba ahí mucho antes de que hubiera cámaras delante. Broncano nació el 30 de diciembre de 1984 en Galicia y llegó a Jaén cuando apenas era un bebé. Sus padres, ambos madrileños, decidieron instalarse en un pequeño pueblo de la Sierra de Segura para criar allí a sus hijos. Entre pinares y con el río Amurjo pegado al municipio empieza la historia que hoy convierte a Orcera en una parada casi inevitable para entender de dónde viene buena parte del carácter —y quizá también del humor— de Broncano.

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La infancia en Orcera, entre libertad y campo

Que una pareja de madrileños decidiera instalarse en un pueblo de menos de dos mil habitantes, en pleno corazón de Jaén, no tuvo que ver con una necesidad laboral ni con una obligación familiar. Fue una elección. Broncano lo ha explicado varias veces y siempre vuelve a la misma idea. En una entrevista con Diario JAÉN, firmada por la periodista Manuela Rosa Jaenes, contó que sus padres “eligieron a posta irse a este rincón de Jaén para criar a sus hijos”. Él mismo define aquella decisión como “muy bonita” porque, en sus palabras, “criarse en un pueblo tiene una cantidad de ventajas para la formación del carácter de la persona”.

Calle de Orcera, Jaén.

Calle de Orcera, Jaén. / Ayuntamiento de Orcera

En aquella misma conversación recordó cómo era su vida de niño y la comparó con la de sus primos de ciudad: “Yo hacía muchas cosas de niño en Orcera que no hacían mis primos en la ciudad. El tipo de vida infantil de estar en la calle todo el rato, en libertad, embarrado, en el campo, jugando con los amigos... eso favorece una infancia feliz”. Su balance de aquellos años cabe en una frase sencilla que ha repetido más de una vez: “Todos los recuerdos que tengo de esa época son muy felices”.

La imagen es fácil de visualizar: un niño pasando las horas fuera de casa, entre árboles y sin demasiados horarios. Broncano volvió a describirla durante su paso por Mi casa es la tuya, el programa de Bertín Osborne, con una comparación muy gráfica: “Me alegro mucho de haberme criado en un pueblo con el campo al lado. Éramos niños Mowglis. Yo me pasaba todo el día subido a un árbol”. Y el vínculo con Orcera no quedó reducido a los recuerdos de infancia. La familia siguió ligada al pueblo después de que él se marchara a Madrid a los dieciocho años. Sus padres continúan viviendo allí y su hermano Daniel Broncano, músico, es el fundador del festival Música en Segura, que se celebra en la propia sierra.

Vista de pájaro de Orcera, en Jaén.

Vista de pájaro de Orcera, en Jaén. / Ayuntamiento de Orcera

No tenían olivos propios —“como mis padres no eran de Orcera, pues no teníamos olivos”, ha bromeado él mismo—, pero el campo formaba parte de la vida cotidiana de la familia. Broncano suele describir aquellos años como una infancia alejada de las prisas, los trayectos constantes y la vigilancia propia de la ciudad. La distancia, además, le ha permitido mirar la provincia con cierta perspectiva. Cuando le preguntaron por ello, tampoco evitó señalar uno de sus problemas: “Se ve diferente cuando uno está más lejos. El problema es que tenemos malas comunicaciones, no hay tren y hay que pelear por las infraestructuras”, contó también a Diario JAÉN.

Este pueblo está en la Sierra del Segura.

Este pueblo está en la Sierra del Segura. / Istock

Del arrabal maderero a la villa independiente

Orcera no siempre fue este pueblo tranquilo de la Sierra de Segura que hoy recibe a quienes llegan buscando montaña y naturaleza. Durante siglos dependió de Segura de la Sierra, su villa matriz, hasta que en 1748, bajo el reinado de Fernando VI, pasó a desempeñar un papel bastante inesperado para un municipio situado tan lejos del mar: fue designada sede de la Provincia Marítima de Segura de la Sierra. El nombre tenía poco que ver con barcos navegando por la zona y mucho con los pinares que la rodeaban. El Ministerio de Marina controlaba desde allí la tala y el transporte de la madera destinada a los astilleros donde se construían navíos para la Armada. Durante décadas, la madera de la sierra abasteció una parte importante de la construcción naval española, algo difícil de imaginar hoy al contemplar el paisaje de interior.

Casco antiguo de Orcera, en Jaén.

Casco antiguo de Orcera, en Jaén. / Ayuntamiento de Orcera

Aquella administración marítima desapareció en 1836 y, apenas un año después, en 1837, Orcera se independizó definitivamente de Segura de la Sierra y pasó a convertirse en villa por derecho propio. Parte de aquella historia todavía puede encontrarse en el municipio. El Centro de Interpretación de la Provincia Marítima recuerda ese peculiar pasado ligado a la Marina y el monumento conocido como “El Pinero” rinde homenaje a los hombres que trabajaron en la explotación y el transporte de la madera.

La historia del pueblo también dejó huella en su patrimonio religioso. La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, levantada en el siglo XVI, fue devastada por las tropas napoleónicas y tuvo que ser reconstruida en 1817. Más tarde, en 1939, volvió a pasar por una restauración. Incluso su portada tiene su propia historia: no pertenecía originalmente al templo, sino que procede del antiguo monasterio franciscano de la Virgen de la Peña, situado en plena Sierra de Segura. A este conjunto se suman las Torres de Santa Catalina, de raíz renacentista, que completan el perfil histórico del casco antiguo.

Área recreativa de Los Estrechos.

Área recreativa de Los Estrechos. / Ayuntamiento de Orcera

Buena parte de estos recuerdos locales los conserva alguien que, además, vio crecer a los hermanos Broncano en las aulas. Matías Arroyo, director del IES Gandhi de Orcera, conoció a David y Daniel cuando estudiaban allí la ESO. También compartió años de trabajo con su madre, Isabel, profesora de Matemáticas y directora del instituto durante ocho años, ya jubilada. “Isabel marcó el inicio del IES Gandhi porque fue su directora durante ocho años”, ha recordado Arroyo. David formó parte de la segunda promoción de alumnos que obtuvo allí el título de ESO, en una época en la que Orcera todavía no tenía Bachillerato y los estudiantes que querían continuar debían desplazarse hasta Siles.

Lo que queda por descubrir alrededor de Orcera

El paisaje termina de explicar muchas cosas de Orcera. Su término municipal se reparte, entre distintos sectores, dentro y junto al límite del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, el espacio protegido más extenso de España y el segundo de Europa, con más de 214.000 hectáreas de pinares, roquedos y cauces. Cerca del núcleo urbano se encuentra el monte La Marañosa y junto al pueblo discurre el río Amurjo, que da nombre al principal reclamo de los meses de verano: la piscina natural de Amurjo. Con 85,52 metros de largo por 19 de ancho, está considerada, según fuentes turísticas oficiales de la Junta de Andalucía, la piscina natural más grande de Europa. Sus aguas proceden directamente del río y se mantienen frescas incluso en los días más calurosos de agosto. No hace falta viajar hasta Orcera solo por ella, pero cuesta pasar por el pueblo en verano sin acabar acercándose.

Vista del pueblo de Orcera

Vista del pueblo de Orcera / Ayuntamiento de Orcera

Más allá de la piscina y del propio casco urbano, el municipio se abre hacia aldeas y parajes como Valdemarín o La Hueta, senderos que ascienden en dirección a Peñalta y valles como el del río Trujala. Es un territorio pensado para recorrer sin demasiada prisa. Y después del camino llega la mesa. La cocina de la Sierra de Segura conserva platos nacidos para soportar el frío del invierno y las largas jornadas de trabajo en el monte: los andrajos, un guiso de caza o conejo con trozos de masa de harina; la ajoharina, preparada con patata, pimentón y ajo; o los galianos, otro guiso de caza en el que esa misma torta vuelve a tener protagonismo. Recetas sencillas, contundentes y poco preocupadas por salir bien en una foto, pero que en Orcera se siguen preparando como se hacía mucho antes de que Broncano abandonara el pueblo.

Piscina en Orcera.

Piscina en Orcera. / Ayuntamiento de Orcera

Del instituto, del pueblo y de aquellos años conserva recuerdos de primera mano Matías Arroyo, que todavía explica a quien le pregunta cómo era David Broncano de adolescente. Lo recuerda como un buen estudiante en un instituto pequeño y prácticamente recién estrenado. Su hermano Daniel también dejó huella académica: llegó a proclamarse campeón de Jaén y de Andalucía en la Olimpiada Matemática Thales.

Broncano volverá a estrenar escenario en septiembre. Habrá más butacas, más cámaras y un teatro nuevo en pleno centro de Madrid. Pero para rastrear el origen de quien hoy se mueve con tanta comodidad delante de ellas hay que mirar bastante más al sur, hacia aquel pueblo de la Sierra de Segura donde pasó buena parte de su infancia en la calle, en el campo y subido a los árboles. Cuando le preguntan qué queda de todo aquello, él mismo lo resumió hace tiempo sin necesidad de ningún remate: “Todos los recuerdos que tengo de esa época son muy felices”.