Cuba: Reglas y Palos, por Luis Pancorbo

La caña de azúcar motivó el tráfico negrero y la llegada a la isla de Reglas (santerías) y Palos.

Luis Pancorbo
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Foto: Ximena Maier

Todo, o casi, en Cuba es transculturación, siguiendo por supuesto a Fernando Ortiz, autor de ese concepto. Se trata de las transmutaciones de las culturas que se han dado en la isla, lo que es quizá su mayor rasgo de identidad. Cuando el cubano Ortiz, etnólogo aparte de gran prosista, consultó con el antropólogo Malinowski sobre la oportunidad del vocablo transculturación, éste le dio el espaldarazo. Es exacto y la columna sobre la que se vertebra la obra maestra de Ortiz, titulada Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940).

"Blanca es la una, moreno es el otro. Dulce y sin olor es el azúcar; amargo y con aroma es el tabaco". Todo ello con sus réplicas transculturales en función del tiempo, porque esos dos emblemas de la cubanidad ahora resulta que están en entredicho: la una por engordar, y el otro por matar, o así dicen en las cajetillas, que no en las vitolas. Pero durante muchas décadas el contrapunteo de Ortiz ha servido de guía para entender dos productos que no solo originaron mitologías sino emigraciones forzadas o no de pueblos y culturas. El azúcar venía de Asia y a través de España llegó a Cuba. El tabaco era autóctono de la isla y a través de España fue a todo el mundo.

Si el tabaco tuvo un horizonte de extinción, los indios de Cuba, que fueron sus maestros fumadores, la caña de azúcar motivó el tráfico negrero y la llegada a la isla no solo de mano de obra sino de Reglas (las santerías de Ochá y las Congas) y Palos (como el Palo Monte y las sociedades abakuás). Si las Reglas son de un marcado sincretismo con elementos cristianos, los Palos han sido a veces confinantes con la brujería, y de negro en negro con el secreto ñañiguismo. Los matices entre colores son innumerables, pero hay una santería buena, blanca (llena de colores rituales), y un abakuá malo, negro, ñáñigo. Y así es si así os parece. Entender la transculturación no quiere decir que haya que comulgar con todo y su contrario.

Un día cualquiera en La Habana, si uno coge la lancha que sale enfrente del Armadores de Santander, un hotel de solera con maderas oscuras y molduras doradas, en pocos minutos emboca un mar pardo que lame el barrio de Regla. Allí hay muchas cosas, pero lo que más se ve es el santuario de la Virgen de Regla, como la de Chipiona, aunque la habanera no tardó en ser reconvertida en Yemayá por los esclavos negros. Yemayá, diosa de las aguas marinas, la del color azul, la que hace la competencia a la patrona cubana que es la Caridad del Cobre, allá en Santiago, en la otra punta de la isla, o sea, la que es Ochún, la diosa de las aguas dulces, la del color amarillo como el de los girasoles.

Uno ve una línea color merengue de la vieja Habana desde Regla, feudo de la santería. Un buen sitio para notar otro contrapunteo del país, su péndulo aún vital, algo no abolido por tantos regímenes y huracanes. "Centripetismo y centrifugación. Cubanidad y extranjería. Soberanía y coloniaje. Altiva corona y humilde saco", como diría el gran Fernando Ortiz.

O la transculturación imperante en Cuba, porque los españoles ya eran desgarrados de sus culturas peninsulares, trasplantados, aunque a los africanos más bien los arrancaban de cuajo de sus poblados. Trance, evolución histórica, que devino en una transculturación amarga como el azúcar. Pero, claro, fue extirpación en el caso de los taínos y ciboneyes, tantos indios y todos muertos. Queda de ellos el tabaco, aspirar la vieja cohoba (el mágico inhalante se imitó luego con un Cohiba, pero no es lo mismo).

Una ambivalencia por otro lado. Santa Bárbara, la diosa que se hace hombre seis meses, en cuanto a oricha Changó, es otros seis meses la imagen católica que empuña una espada, la patrona de los artilleros. A uno le retrotrae a la India, donde el dios Shiva puede ser Ardhanarishvara, y surgir en su forma compuesta de él y de su mujer, Parvati. Ficciones, pero también funciones, otra cosa es que haya que creer en ellas además de observarlas.