Cuando creíamos haberlo visto todo llega Storseisundet, «el puente a ninguna parte»

Llegamos hasta una de las rutas más bonitas del mundo para conocer el motivo de su nombre

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Everste / ISTOCK

Atlanterhavsveien, la carretera del océano Atlántico, una de las más bellas del mundo y la más peligrosa de Noruega. Y, en uno de sus tramos, el puente de Storseisundet, una increíble obra de ingeniería que se ha convertido por derecho propio en una de las mayores atracciones turísticas del país. Nos adentramos en el país de los fiordos para conocer qué tienen de peculiares estas dos grandes construcciones.

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Una carretera que pugna con el océano Atlántico

La «Carretera del Atlántico», como se conoce popularmente, es un tramo de algo más de ocho kilómetros que une las diferentes islas de un archipiélago situado entre los términos municipales de Eide y Averøy, en la costa atlántica de este territorio escandinavo. Situado a más de 500 kilómetros al norte de Oslo, este corto trazado de la carretera comarcal 64 es una de las rutas noruegas más apreciadas y visitadas del país gracias a sus peculiares características.

El reto de comunicar la isla de Averøy con la península de Romsdalshalvoya, dentro de la región de Nordmøre, comenzó en 1909 con el proyecto de una línea de ferrocarril, pero la dificultad que entrañaba y el creciente auge del automóvil hicieron que se desechase. Ya en la década de los 70 volvió a surgir la idea de unir esta parte de Noruega, comenzando las obras en 1983 y prolongándose durante seis años como consecuencia de las condiciones climáticas adversas de la zona. Una gran obra que fue calificada dentro de Noruega como «la construcción del siglo» y que fue ampliándose desde 2005 con el túnel del océano Atlántico hasta unir la isla de Averøy con Kristiansund, esta vez bajo las aguas.

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La serie de viaductos y puentes a escasos metros del nivel del océano y las espectaculares vistas han convertido al tramo originario de esta carretera noruega en una de las mayores atracciones del país, siendo declarada «Ruta Turística Nacional» y considerada como una de las más bellas del mundo, así como la más peligrosa de Noruega debido a su sinuoso trazado con curvas cerradas, las fuertes pendientes y las rachas de viento y sacudidas del océano sobre el asfalto durante las tormentas.

El puente «emblema» de la Atlanterhavsveien

A lo largo del trazado de ocho kilómetros de la Atlanterhavsveien se atraviesan ocho puentes, de los que Storseisundet es el más largo, alto y emblemático de todos ellos. Sus 260 metros de longitud y sus 23 metros de gálibo hacen de él una obra impresionante, pero su peculiar diseño y su curvatura excepcional son lo que le han catapultado a la fama mundial.

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Los requerimientos de la orografía hicieron que este extraordinario puente se construyera mediante una curvatura y una pendiente fuera de lo común – alcanza en su punto máximo el 8% de desnivel -, creando al transitar por él una ilusión óptica que da la impresión de cortarse abruptamente a mitad de camino como si de un precipicio hacia el océano se tratase. Este hecho es el que le ha valido a este tramo de la Atlanterhavsveien el sobrenombre de «la carretera a ninguna parte», generalizado a partir de una publicación en 2011 del segundo periódico más leído del Reino Unido, el Daily Mail.

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Durante su construcción sufrió hasta doce cortes de los trabajos como consecuencia de los fuertes vientos, lo que nos puede dar una idea de la violencia con la que impactan las olas contra la estructura durante las tormentas más fuertes. Algo que no ha pasado desapercibido para los turistas, que se acercan a este punto durante el otoño – el periodo más propicio en este sentido – con la esperanza de observarlo de primera mano.