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Crecieron a 1.100 kilómetros y se encontraron en televisión: Las raíces separadas de Christian Gálvez (46 años) y Patricia Pardo (43 años) están entre un istmo y el final del Camino

Dos ciudades en dos extremos opuestos del mapa peninsular.

Dos lugares opuestos en la geografía española donde tienen sus raíces.

Dos lugares opuestos en la geografía española donde tienen sus raíces. / Istock

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Christian Gálvez, de 46 años, presenta desde octubre la tarde de Telemadrid. Patricia Pardo, de 43, dirige desde septiembre y en solitario el magacín de mediodía de Telecinco. Llevan años coincidiendo en el mismo negocio sin haber compartido nunca un plató, hasta que el pasado 8 de junio subieron juntos al escenario del Santiago Bernabéu para presentar, ante unas 70.000 personas, el encuentro del papa León XIV con la comunidad diocesana de Madrid: la primera vez que hacían algo de esa dimensión. Detrás de ese primer plató compartido hay dos ciudades de origen separadas por casi toda España.

Paseo de La Linea de la Concepción.

Paseo de La Linea de la Concepción. / Istock

Ella nació y se crio en la ciudad donde termina el Camino de Santiago, la dejó a los dieciocho y hoy presenta un magacín de mediodía en Telecinco. Él nació en Móstoles y presenta desde octubre la tarde de Telemadrid, pero su familia procede de una ciudad andaluza levantada sobre un istmo de apenas 19,27 kilómetros cuadrados, con playas a los dos lados. Son esos 1.100 kilómetros de carretera, los que van del istmo a Galicia, los que separan las dos raíces. Se llaman La Línea de la Concepción y Santiago de Compostela.

El pueblo donde mejor se come de Galicia es todavía un desconocido: marisco, hórreos frente al mar y un litoral salpicado de leyendas

Adriana Fernández

La Línea de la Concepción: la ciudad que empieza donde se acaba España

Cinco metros de altitud media, diecinueve kilómetros cuadrados de término municipal y dos playas que miran a aguas distintas. Se sale del agua en Poniente, se cruza el casco urbano y en un cuarto de hora escaso se está metiendo el pie en Levante. No es un truco de folleto: la ciudad ocupa la lengua de arena que une el Peñón de Gibraltar con la Península, y ese accidente lo condiciona todo. Desde Poniente se ve la bahía de Algeciras entera, con la orilla de enfrente y sus grúas. Desde Levante y desde Santa Bárbara, en cambio, el Mediterráneo se abre sin nada delante y el Peñón cierra el horizonte por el sur, de golpe, como una pared. Al otro extremo del istmo la Sierra Carbonera levanta el terreno y devuelve la vista sobre las dos orillas a la vez. Es el único municipio español que limita por tierra con Gibraltar.

Vista a través de pasarela de madera hacia el Peñón de Gibraltar en  La Linea de la Concepción

Vista a través de pasarela de madera hacia el Peñón de Gibraltar en La Linea de la Concepción / Istock / Maribel Espinosa

En el extremo norte del arenal está La Atunara, el barrio marinero, con su puerto pesquero en activo. Conviene acercarse a media tarde, cuando entra la flota: cambia el ruido, cambia el olor y cambia el ritmo de la calle. Ahí se come el pescado que ha llegado esa misma jornada, a doscientos metros de donde lo han descargado. A pie de playa, sobre la arena de Levante, quedan los restos del Fuerte de Santa Bárbara, del siglo XVIII. Junto al de San Felipe formaba la línea fortificada que acabó dando nombre a la ciudad, y de aquella traza militar sobrevive también una torre almenara de los siglos XVI y XVII. No es un conjunto monumental al uso. Es un resto que se pisa, con el mar delante y la ciudad detrás.

La Línea de la Concepción (España) desde el Peñón de Gibraltar

La Línea de la Concepción (España) desde el Peñón de Gibraltar / Istock

Aquí es donde entra Gálvez. Su madre, María del Carmen Montero Cruz, nació en La Línea, y sus abuelos y bisabuelos también. Él pasaba allí los veranos de la infancia, iba a la Feria con la familia y ha contado que sus padres le explicaban de niño por qué el agua no era igual en una playa que en la otra. Cuenta también los paseos por la calle Real y la calle San Pablo, el eje comercial del centro, y el paseo marítimo del barrio pesquero. En 2010, con motivo del 140 aniversario de la fundación, fue pregonero de la Velada y recibió el carné de socio honorífico de la Real Balompédica Linense. En 2020, dentro de los actos del 150 aniversario, el pleno municipal acordó nombrarle Hijo Adoptivo. No es su ciudad de nacimiento y él nunca lo ha presentado así: es la de su madre, y la reivindica sin matices. "Yo soy mestizo y con mucho orgullo", declaró en 2020 en unas palabras recogidas por Europa Sur, lamentando lo difícil que resulta que se cuenten las cosas buenas de La Línea.

La Línea de la Concepción

La Línea de la Concepción / Istock / M.Torres

Si hay que elegir fecha, julio. A mediados de mes se celebra la Velada y Fiestas, conocida como la Salvaora, en el entorno del Paseo de la Velada y el Huerto de Pedro Vejer, y es la cita grande del calendario linense. El día 16, en La Atunara, la Virgen del Carmen sale en procesión marítimo-terrestre desde el barrio de los pescadores. Suelen caer casi seguidas, así que la ciudad entera está en la calle durante una semana larga.

Santiago de Compostela: la ciudad que se queda cuando el peregrino se va

A media mañana, en la parte baja del casco, el Mercado de Abastos ya empieza a oler a mar. Hay pescaderas cantando el género, cajas de percebe y de nécora, quesos de tetilla apilados, grelos, patata de Coristanco y pan de Carballo. El sistema que engancha al visitante es sencillo: se compra en un puesto y se lleva a uno de los locales del propio mercado, donde lo cocinan y te lo sirven. No es una atracción montada para el turismo; es como come mucha gente de la ciudad un sábado. A partir de media tarde baja el pulso, así que hay que ir temprano.

Catedral de Santiago de Compostela.

Catedral de Santiago de Compostela. / Istock

La catedral está a unos minutos cuesta arriba. Lo que hoy puede verse del Pórtico da Gloria no es lo que veían los peregrinos de hace veinte años: entre 2006 y 2018 se sometió a una restauración integral, presentada el 28 de junio de 2018, con mecenazgo de la Fundación Barrié, dirección técnica de la Fundación Catedral de Santiago y del Instituto del Patrimonio Cultural de España. Recuperó buena parte de la policromía medieval, dominada por azules y dorados, y el trabajo obtuvo después un premio Europa Nostra. El acceso al Pórtico es de pago y funciona con visita guiada y horario propios, distintos de la entrada general al templo, así que conviene mirarlo antes de plantarse allí. Alrededor del edificio hay cuatro plazas y no se llenan igual: el Obradoiro concentra a quien acaba de llegar, con el Pazo de Raxoi, el Colexio de San Xerome y el Hostal dos Reis Católicos, fundado en 1499 como hospital de peregrinos y hoy Parador. La Quintana se anima al atardecer. Praterías y la Inmaculada aguantan mejor las horas centrales. Al lado, San Martiño Pinario, la mayor fábrica monástica de la ciudad después de la catedral, permite ver por dentro una escala que desde fuera no se intuye.

Santiago de Compostela.

Santiago de Compostela. / Istock

Para la panorámica completa casi todo el mundo va a la Alameda, donde está la escultura de As dúas Marías, y desde el Paseo da Ferradura se obtiene la vista clásica del conjunto catedralicio. Hay una alternativa mucho menos transitada: el monte Pedroso, al oeste, desde donde la ciudad se ve entera y sin gente delante.

Pardo nació y creció aquí, estudió en el colegio de As Orfas y se marchó a Madrid a los dieciocho años. Dudó entre estudiar Medicina en Santiago y Periodismo fuera de Galicia, y se decantó por lo segundo. Sigue diciéndose más gallega que la propia catedral. En una entrevista con El Progreso en 2019 contó que la última imagen con la que se dormía era "el lateral izquierdo de la catedral de Santiago".

Dos fundaciones separadas por mil años

  • Siglo IX y 1870. Santiago se organiza a partir del hallazgo del sepulcro del apóstol y de la universidad fundada en 1495, y por eso el casco tiene la forma que tiene: un trazado apretado alrededor del templo, con las facultades históricas todavía dentro del recinto antiguo, mezcladas con las viviendas.
  • La Línea es un municipio joven: se segregó de San Roque en 1870. Antes solo había fortines, una torre de vigilancia y un pequeño núcleo de pescadores. Los fuertes de Santa Bárbara y San Felipe, iniciados en 1731, son los que dieron nombre a la ciudad, y sus restos son exactamente lo que hoy se pisa en el extremo del arenal. Mil años de diferencia entre una y otra: la ciudad de ella es de las más antiguas de la Península y la de su familia política, una de las más recientes de Andalucía.
Vista aérea de la ciudad de Santiago de Compostela

Vista aérea de la ciudad de Santiago de Compostela / Istock

Qué hay alrededor de cada una y qué se come en las dos

Reserva medio día para subir a la Sierra Carbonera: desde arriba se abarcan el istmo completo, el Peñón, la bahía y, con el día limpio, la costa africana. Hacia el norte, el litoral sigue por Alcaidesa y Torreguadiaro, con playas más anchas y menos edificadas. Tierra adentro se entra en el Parque Natural de los Alcornocales, un bosque de alcornoque y quejigo con vallonatos, los canutos, donde el ambiente cambia por completo respecto al del arenal. En Santiago, el Pico Sacro se despacha en una mañana y da la mejor panorámica del valle del Ulla. Ponte Maceira, sobre el Tambre, es la parada obligada camino de Fisterra. Y si hay un día entero, la Costa da Morte queda a tiro.

En la mesa, La Línea es cocina de lonja sin adornos: el pescado que entra en La Atunara, ortiguillas rebozadas, atún trabajado de varias maneras, chocos, boquerón. Hay además una costumbre muy arraigada, la merienda de media tarde en las cafeterías del centro, con café y dulce, entre ellos la japonesa, un frito relleno de crema que se pide sin explicaciones. Santiago juega otra liga y tiene mucho más recorrido: pulpo á feira, empanada de zorza o de xoubas, lacón con grelos si es temporada, y la tarta de Santiago, amparada por Indicación Geográfica Protegida en el registro europeo desde 2010, con un mínimo del 33 % de almendra. Para cocina de autor, la referencia es A Tafona, de Lucía Freitas, que en la edición 2026 de la Guía Repsol alcanzó los 3 Soles, la máxima calificación de la guía.