"Cowboys" del Guadalquivir, Mariano López

Los primeros vaqueros al norte de la Nueva España fueron originarios de Cádiz, Huelva y Sevilla.

Mariano López
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Foto: Jaime Martínez

No conocía, hasta ahora, el museo virtual que ha creado Google en un espacio, llamado a ser infinito, de la Red. Se llama Historic Moments y acoge exposiciones que ilustran momentos importantes de la historia de la Humanidad. Ahora he podido disfrutar en sus imaginarias salas de una magnífica colección de textos e imágenes dedicada a la herencia española en los Estados Unidos de América, una exposición que nació, el pasado año, de la colaboración entre el Instituto Cultural Google y el Ministerio de Asuntos Exteriores español y que, después de varios meses de trabajo, ha llevado a la Red, al museo de Google, el más accesible del mundo, siete colecciones virtuales que narran desde las primeras exploraciones de Cabeza de Vaca, Ponce de León o Hernando de Soto hasta la contribución española a la independencia de los Estados Unidos de América y el descubrimiento y exploración del Océano Pacífico, durante siglos conocido como "el lago español".

La exposición recorre tres siglos de exploraciones, encuentros, desencuentros, trabajo, sueños y quimeras, y se detiene, especialmente, en algunos símbolos del Salvaje Oeste de los que ahora se sabe que tuvieron una raíz marcadamente española. Los cowboys, por ejemplo. El cine de Hollywood ha extendido por todos los rincones del planeta la imagen del cowboy como el más genuino y autóctono personaje patrio, pero los primeros vaqueros al norte de la Nueva España fueron españoles, de Cádiz, Huelva y Sevilla, cowboys del Guadalquivir. "La cultura y la experiencia de la gestión del ganado y la utilización del caballo ecuestre -dicen los textos preparados para la exposición por el hispanista Borja Cardelús- fueron importadas de España, en concreto de las marismas del Guadalquivir". El sombrero vaquero fue, también, un invento español. El museo del western de Oklahoma (Estados Unidos) precisa que hasta 1900 el imprescindible chambergo de los cowboys se pedía, por correo, con la palabra española: sombrero.

Otros dos símbolos del Oeste, el dólar y las caravanas, tienen, también, ascendencia española. La primera caravana, con sus característicos carromatos cubiertos por lonas y dispuestos en hilera, fue organizada por Juan de Oñate en 1598 y desde el primer carro hasta el último medía, según recoge Cardelús, "más de una legua". Trasladó 200 familias, con miles de cabezas de ganado. Arrancó en la Nueva España y llevó a los colonos hacia el Norte, por el camino de Tierra Adentro, una ruta que conducía desde la ciudad de México hasta Santa Fe y que había sido abierta, originalmente, para que circulara la plata extraída en las minas de Zacatecas, Guanajuato y San Luis Potosí.

Con esa plata, la Corona española ordenó fabricar monedas como los "thaler" o "Joachimsthaler", táleros que Alemania acuñaba en la ciudad de Joachimstal, al norte de Bohemia, hoy en Chequia. Alguien se equivocó y llamó a la nueva moneda "daler", un nombre que en español resultaba mucho más fácil de pronunciar. El daler mexicano de plata fue la moneda elegida como unidad monetaria por los Estados Unidos tras su declaración de independencia y, con el daler, los estadounidenses se llevaron su marca, el sello de la ceca mexicana: dos columnas de Hércules serpenteadas por una orla con la leyenda "non plus ultra". La orla dibujaba una S en cuyo centro se encontraban las dos columnas. El signo actual, $, es una simplificación del original.

La huella española pervive en muchos lugares de los Estados Unidos. Decenas de ciudades y siete de los cincuenta Estados llevan un nombre español (ocho con Utah, deformación de la pronunciación española "yuta" y de la palabra apache "yudah", que significa "alto"). El legado hispano ha sido especialmente reconocido y celebrado en los Estados Unidos con motivo de los recientes aniversarios de Ponce de León, el primer europeo que puso un pie en el actual territorio de los Estados Unidos, y de Fray Junípero Serra, el austero monje mallorquín celebrado y respetado por el impulso que dio a la evangelización de California. Las historias de Ponce y de Fray Junípero son portentosas, pero no menos que la de los otros pioneros que se aventuraron al norte de los límites de la Nueva España. Hernando de Soto recorrió los Apalaches, cruzó el Misisipi y el río Arkansas y llegó hasta Texas. Vázquez de Coronado exploró las grandes llanuras del centro y del oeste del territorio de los Estados Unidos y descubrió, para los occidentales, el Gran Cañón del Colorado. El padre Kino expandió la agricultura y la ganadería que cambiaron la vida de los indios de Arizona. Cabeza de Vaca atravesó todo el sur de los Estados Unidos y fue el primer europeo que vio los rebaños de bisontes. Juan Francisco de la Bodega llegó hasta Alaska con una goleta de doce metros, La Sonora, y otro marino genial, Esteban Martínez, alcanzó el paralelo 61, al norte de Anchorage, durante más de un siglo la latitud más alta por la que había navegado una embarcación española.

Todas estas proezas deberían haber formado parte, y no lo hicieron, de mi formación escolar. Supongo que ahora sí se encuentran en los libros de texto. Pero, si no es así, los estudiantes y los que no hemos perdido la vocación de aprender tenemos ahora la oportunidad de recorrer una parte de tan gran aventura en Internet. La historia y las historias del legado español, en siete exposiciones de un museo virtual. La entrada es gratis y las salas nunca cierran. La ruta es http://www.google.com/culturalinstitute/collection/la-herencia-espa%C3%B1ola-en-los-estados-unidos-de-america?hl=es. Feliz viaje.