Contra la crisis, viajes, por Mariano López

A diferencia de otras anteriores, como las del 11-S o la neumonía asiática, esta crisis no afecta al deseo de viajar.

Mariano López

La última edición del barómetro del turismo mundial, realizada por la Organización Mundial del Turismo (OMT), confirma que por primera vez se ha registrado una caída del número de viajeros en el mundo. Después de un buen comienzo de año, la cifra de turistas internacionales comenzó a caer en junio y ha continuado su descenso, en una suave pero firme pendiente, hasta este último mes que decidirá el balance final del año y no podrá evitar peores previsiones para el siguiente. Las causas son de dominio público. El deterioro de la situación económica, el temor a la pérdida del empleo, la ausencia de un horizonte claro para la recuperación, han golpeado la demanda de viajes y puesto fin a un lustro de continuo crecimiento. La peor parte se la están llevando las compañías aéreas, atrapadas por el efecto combinado de la subida del petróleo y la disminución de pasajeros. Pero los expertos de la OMT llaman también la atención sobre otros dos aspectos no menos llamativos: la crisis es universal, recorre todos los continentes y no afecta al deseo de viajar. A diferencia de otras crisis anteriores, como las del 11-S o la neumonía asiática, el mundo quiere seguir viajando, y si no lo hace no es por falta de ganas sino de dinero. Sólo de dinero.

La necesidad de viajar sería uno de los valores positivos para el turismo que están siendo destacados y subrayados por la crisis. Otra consecuencia positiva sería el reconocimiento aumentado del valor del turismo como motor económico. Contra la crisis, viajes, podría ser el lema de esta percepción, cada año avalada con más datos. Kazajastán, en Asia Central, la sede de la próxima asamblea general de la OMT, recibía hace diez años menos de 300.000 turistas y el pasado año superó la cifra de cinco millones. Su ejemplo ha animado a Azerbaiyán, Kirguistán, Tayikistán y Mongolia, entre otros, a participar en la resurrección, para el turismo, de la vieja Ruta de la Seda, que atravesaba 12.000 kilómetros de 24 países. En El Salvador, que sufrió una guerra civil entre 1980 y 1992, el turismo es ahora el tercer sector más productivo, con más de un millón y medio de visitantes. En Croacia, los turistas aportan el 20 por ciento de la producción nacional; Belfast ha triplicado el número de turistas desde 1999, y Camboya ha pasado en diez años de 200.000 turistas a dos millones. Por no hablar de Vietnam. En todos estos casos, el turismo ha creado más puestos de trabajo en relación al capital invertido que ninguna otra industria. Ha sido la fábrica más rentable, la más provechosa; la única que, además, ha exigido más carreteras y aeropuertos, mejores servicios sanitarios y la máxima seguridad. Ha podido ayudar en la conservación del patrimonio y del medio ambiente y ha inspirado un orgullo local que ha servido para conservar la lengua, el arte, la historia y la gastronomía. Por todo ello, el turismo, dice la OMT, está siendo el sector que con más fuerza resiste la crisis y es probable que sea el que primero se recupere tras el vendaval. ¿Podemos echar una mano? Según la OMT, es importante que empecemos a ahorrar, ya, para nuestros viajes del año que viene. Hay que echar números, romper huchas, todo antes que renunciar a los viajes. Es la opción más inteligente, dicen, la que nos aportará el próximo año más dosis de tranquilidad y felicidad. Hay que invertir en buenos momentos, en la industria que cuenta con la gente más amable del mundo, si se exceptúan los aeropuertos. Felices viajes. Feliz 2009.