Consejos para viajar por el desierto

Desde la vestimenta más adecuada hasta el kit de supervivencia, pasando por las condiciones especiales en lo que se refiere a la conducción

Noelia Ferreiro
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Lo dijo Paul Bowles en su magistral libro El cielo protector: “El desierto nunca es tan bello como en la penumbra del alba o del crepúsculo”. Porque nada hay como la sensación de hundir los pies en la tierra suave y notar la fuerza del sol desde el horizonte naranja, mientras los primeros (o los últimos) toques de luz inciden sobre las dunas mutando su tonalidad.

Efectivamente, la experiencia de pasar unos días en el desierto no tiene parangón alguno. Pero moverse por este monótono paisaje, acaso uno de los más fascinantes que puede ofrecer la Naturaleza, requiere unas condiciones especiales. La arena, las elevadas temperaturas y la desnudez absoluta obligan a tomar una serie de medidas si de lo que se trata es de viajar fuera de circuitos organizados para sentirse en plena libertad. Aquí van unas recomendaciones a tener en cuenta en estas planicies doradas e interminables:

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  • En la medida de lo posible, se debe evitar ir en pleno verano, cuando las temperaturas pueden superar los 50 grados.
  • El agua es el componente fundamental en un viaje por el desierto. Cada persona debería llevar al menos dos litros, asegurándose siempre de que sea mineral y embotellada.
  • El agua ha de tomarse a sorbos pequeños y no de golpe (aunque se tenga mucha sed), y se ha de beber cada cierto tiempo. De esta forma se evita la deshidratación o la bajada de tensión del cuerpo (los clásicos “golpes de calor”). También, pese al calor, se recomienda beber agua caliente (en forma de infusión).
  • Se ha de llevar ropa de algodón, transpirable y cómoda. Es fundamental que sea de colores claros (blancos, beiges, tonos pastel…) porque los oscuros absorben más los rayos solares y dan más sensación de calor. Las noches en el desierto son frías por lo que también habrá que incluir en el equipaje alguna prenda de abrigo y, si la situación lo requiere, un saco de dormir. Es increíble cómo varían las temperaturas del día a la noche.
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  • Para caminar por el desierto, lo mejor es llevar calzado deportivo, cómodo y transpirable, que sujete bien el pie. Una vez establecidos, conviene calzarse unas chanclas o sandalias abiertas para descansar los pies del largo día.
  • La soledad del terreno (sin farmacias a la vista) hace necesario proveerse de un botiquín de primeros auxilios en el que no deben faltar antidiarreicos, paracetamol, tiritas, anti-ácidos y pastillas para potabilizar el agua si es necesario.
  • Imprescindibles son también estos accesorios: crema solar de alta protección, repelente de mosquitos, gafas de sol y una gorra o sombrero que impida pasar los rayos a la cabeza
  • Imitando a los autóctonos, puedes atreverte con un turbante para proteger tus ojos, tus orejas, tu nariz, de las tormentas de arena.
  • No se recomienda que te adentres solo en el desierto. Merece la pena solicitar un guía en los alrededores, conseguir la compañía del algún bereber del lugar. Ellos sabrán cómo orientarse y cómo torear las arenas.
  • Si llevas coche propio, llena tu depósito hasta el tope. No existen gasolineras en kilómetros y kilómetros. Asegúrate también de llevar un buen neumático de repuesto y las herramientas precisas para cambiarlo: se puede estar horas sin ver pasar ningún vehículo.
  • Conducir por la noche puede ser un peligro. Las carreteras no son buenas e incluso en los largos trayectos solitarios siempre cabe la posibilidad de ver cruzarse repentinamente un peatón, una bici o un animal.
  • Después de conducir a través del desierto, lo más probable es que el filtro del aire se haya cubierto de arena. Acuérdate de sacudirlo después del trayecto.