Cómo viajar gratis, por Jesús Torbado

Hay un modo de viajar gratis, por la patilla: apuntarse a político, del color o de la especie que sea.

Jesús Torbado
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Foto: Raquel Aparicio

Llegadas las horas dramáticas de revisar y sumar las facturas de las tarjetas de crédito tan tontamente aceptadas y manoseadas, descubrimos hasta qué punto hemos abusado de nuestra pobreza y de qué manera los pagos a crédito van a arruinar los próximos meses de nuestras vidas. Puede que aparezcan por ahí manipuladores de las estadísticas y hosteleros y asimilados que nos griten que ellos han perdido dinero, que la crisis les ha devastado, que los viajes son baratísimos, mucho más que el año pasado...De acuerdo, cada uno miente como le conviene, mas el viajero sabe hasta qué punto lo exprimen en todas partes.

Lo cual, digámoslo claramente, le ocurre por tonto. Un viajero listo o atento lector de periódicos se habría percatado ya de que hay un modo de viajar gratis, por la patilla, por el morro. Acabo de leer que en el Congreso han dado vía a 60 diputados para que corran a Canarias -todo pagado, claro- a interesarse por el cultivo del plátano. Y que, justamente, el que tiene gobierno sobre los plátanos canarios, Paulino Rivero, se ha montado con sus colegas y amigos viajes suculentos, por ejemplo a Uruguay, donde se les ha debido de perder alguna platanera. En fin, los del Congreso irán ahora a China, como han ido a tantos lugares. Gratis total y con dietas. Para eso los hemos votado.

Aprovechando las peripecias del rescate y la verdad de cómo una casta política -también se la podría sospechar chusma- vive a cuenta de los demás, de los contribuyentes, salieron a la luz docenas de casos en los que toda desvergüenza tiene su apogeo.

Fue primero el del gran jefe de la Justicia (?), Carlos Dívar, que debe de tener tratamiento de excelentísimo señor, aunque no se le ve la excelencia por parte alguna. Se gastó 28.000 euros en delicias hoteleras y gastronómicas, sin contar los días libres que se tomó en las correspondientes llamadas "semanas caribeñas" (dos o tres días de oficina a la semana). El llamó a ese gasto "una miseria", siendo el sueldo anual de millones de españoles; no el suyo, que superaba los 120.000. Cuando se consiguió mandarlo a casa -pero con una propina brutal, también dinero nuestro- dijo marchar "con la conciencia tranquila" y que tales hechos no podían "afectar a su dignidad personal".

Ni tampoco a la de dos docenas de colegas suyos, gente de cargos parejos, los que se ven en la tele y las fotos con collares, medallones rutilantes, ropones negros y puñetas en las mangas. Reclamaron prudencia y silencio, porque sus gastos en viajes eran sagrados, aunque el dinero perteneciera a otros. Medio millón y sólo en viajes domésticos (más 360.000 en los internacionales y 300.000 de sus escoltas) gastaron los 21 eximios vocales de ese alto organismo en 11 meses. Para más señas.

Y no menos deslumbrante fue la hazaña de Rafael Ribó, procedente de familia altoburguesa, comunista y nacionalista al mismo tiempo (y sin contradicción). Por catalán, titulado al menos de honorable, aunque no se ven sus honores por ningún lado. Este hombre, con cargo en su tierra de síndic de Greuges, en dos años practicó 50 viajes gratis y subsidiados (dos a la semana de media) y a sitios tan solemnes como Uzbekistán, Zambia, Colombia... Qué envidia, ¿verdad? Pues bien, cuando le pidieron al fulano explicación de tamaño lujo -solía viajar acompañado-, explicó en su Parlamento nativo que lo hacía para pasear la senyera por el mundo. Uno de los que le oían, aun siendo de los suyos, afirmó que tales explicaciones "dañaban la vista". Hasta contó el síndico, con su morro por el suelo, que volaba en compañías low cost, como si nadie supiera que falta línea de bajo precio entre Barcelona y Hong Kong, entre las Ramblas y Cartagena de Indias...

Pero nadie le ha pedido que devolviera el dinero público fundido o que se marchase a su casa a viajar por su cuenta, ya que ¿a quién defendía ese señor si se pasaba el día fuera de la oficina en la que cobra un sueldo brutal? Bueno, los viajeros mesetarios sabemos que en Cataluña nunca pasa nada, en ese oasis todo se cierra, se tapa, se esconde, se excusa, pues, en todo caso, la culpa la tiene siempre "Madrit".

Conociendo, pues, estas cosas y otros miles de ellas que suceden en nuestro país y que no cabrían en diez números especiales de esta revista, es injusto quejarse de que los viajes son caros y de que nos resulta difícil viajar. Con la sencilla solución que tiene la cosa. Se apunta uno a político, del color, de la especie, de la secta, de la rama que sea, y marchando.