Citroën C5 Tourer Exclusive

La suspensión neumática marca de la casa logra una excelente comodidad de marcha. Los que deseen una suspensión más dura sólo tienen que pulsar la tecla "sport" para ir más firme, aunque sigue siendo cómoda. No obstante, carece de una dirección más directa en curvas.

Motor Zeta

Es cuestión de gustos, pero en ocasiones la variante familiar de un modelo gusta más que la berlina convencional. Es el caso del C5 Tourer, con el que hemos rodado hace unos días. Además de su diseño acertado y su notable espacio interior, nos ha parecido un vehículo de lo mejor entre los de su rango. Apenas se percibe el ruido del motor por muy rápido que se circule; todo es suavidad en la conducción. Puestos a poner alguna pega, nos hubiera gustado una dirección más directa y que hubiera ofrecido la posibilidad de montar un cambio automático. Y no porque el manual de seis velocidades vaya mal sino porque en un familiar el automático hubiera resultado bastante más cómodo e igual de efectivo.
Su interior se ha diseñado con gusto, calidad y equilibrio de líneas. Se nota que en esta categoría la competencia es feroz. Por eso en Citroën no han escatimado en equipamiento ni en dotar al C5 de una personalidad acusada que le aporte originalidad. La versión Exclusive, objeto de esta prueba, llevaba un equipamiento de serie abundante, con climatizador bizona, suspensión neumática denominada HidractivaIII, ordenador de viaje, faros antiniebla, freno de estacionamiento automático -que no hace falta quitarlo cuando se sale de marcha-, tapicería de cuero y textil, red de protección de carga para los pasajeros, radio CD con Mp3, Bluetooth, llantas de aleación... En fin, un modelo que no llega a la excelencia de su hermano mayor, el C6, pero al que le falta bastante poco. Desde luego, a sus rivales se lo ha puesto difícil, aunque resulta un poco más caro que alguno de ellos.