Cinco puestas de sol que hay que ver una vez en la vida

De la sabana al mar, pasando por un volcán, un desierto y hasta una ciudad española

Noelia Ferreiro
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Foto: DCBobrov / ISTOCK

Decía Fernando Pessoa que “una puesta de sol es un fenómeno intelectual”, una hermosa manera de definir este acontecimiento mágico que adopta su forma en la combinación de un espacio y de un momento y que es algo efímero y único. Un espectáculo visual que tiene, además, un componente casi místico.

Los atardeceres generan buenos sentimientos. Son el colofón a un día vivido, el último suspiro de un día, ese momento de echar cuentas y de sentirse agradecidos o de conectar con la paz interior. Por eso se erigen en uno de los instantes más fotografiados. Especialmente estos que se cuentan entre los más bonitos del mundo:

1. Kenia

No cabe duda de que los ocasos africanos son los más impresionantes del mundo. De hecho, hay un dicho que reza que uno no ha visto un verdadero atardecer si no lo ha hecho desde este continente. Mucho tiene que ver la luz que, dicen los expertos, irradia de forma diferente, como en ningún otro lugar del planeta. La luz africana es la delicia de los fotógrafos, con sus tintes cobres y sus tonos casi siempre cálidos.

Puesta de sol en Masai Mara | WLDavies / ISTOCK

Transportémonos, por ejemplo, a Masai Mara, el Parque más popular de Kenia que es, en realidad, una prolongación del también famosísimo Serengeti de Tanzania. Después de un día de safari en plena migración, de repente irrumpe un atardecer increíble, con el cielo anaranjado y rabioso sobre la inmensidad de la sabana. Si se tiene la suerte de pillar a algún animal a contraluz (un elefante, una jirafa, un león…) sobe el fondo rojo del horizonte, la foto quedará perfecta.

2. Filipinas

Concretamente en Palawán, la más occidental de las 7.107 islas del archipiélago. Aquí, en el extremo norte se desmigaja una serie de islotes y atolones a los que llaman El Nido, los cuales dibujan un paisaje increíble: riscos cubiertos de vegetación ribeteados de un anillo de arena blanquísima al que acarician aguas rabiosamente turquesas.

Puesta de sol en Palawán | Nataliia Shcherbyna / ISTOCK

Aquí también acontece un atardecer precioso. El mar y cielo se tiñen de tonos púrpura y la silueta de estos farallones de fondo resulta cautivadora. Mucho más si también aparece la imagen de una banca, la típica embarcación filipina con un tronco de bambú a cada lado, tremendamente fotogénica.

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3. Granada

Recordemos que lo dijo Bill Clinton: “la puesta de sol que se divisa desde el Mirador de San Nicolás es la más bella del mundo”. Algo que confirmamos sin pudor alguno. Porque ¿qué es lo que vemos desde este enclave del Albaicín? La Alhambra, el monumento más visitado de España, declarado Patrimonio de la Humanidad.

Puesta de sol en la Alhambra de Granada | sorincolac / ISTOCK

Bello el cualquier momento del día, lo es aún más en la puesta de sol, cuando se tiñe de tonos dorados que contrastan con el cielo rojizo. Si a ello sumamos Sierra Nevada al fondo, las casas blancas del Albaicín desparramándose por la colina y el sonido de una guitarra (porque siempre hay alguien tocándola), el resultado es pura magia granaína. 

4. Estrómboli

Los volcanes, que están tan de actualidad, también proporcionan atardeceres fabulosos, siempre y cuando el peligro esté controlado. Como lo hace por ejemplo el de Estrómboli, emplazado en la isla del mismo nombre perteneciente al archipiélago de las Eolias, posadas en el Mar Tirreno, al noroeste de Sicilia.

Puesta de sol en Estrómboli | Manfred_Konrad / ISTOCK

Encendido hace más de veinte mil años, aún hoy sufre brevísimos arrebatos cada veinte minutos: un vómito de lava y ceniza apuntando como un cohete cientos de metros hacia el cielo. Aquí el atardecer más impactante es el que tiene lugar desde la cumbre, a un paso de estas erupciones.  Hay excursiones a diario que se inician por la tarde, justo para llegar a la boca del volcán cuando el sol se va. Por entonces, ya la noche ha caído envuelta en oscuridad y sólo el abismo de fuego ilumina la escena.

5. Desierto de Túnez

Ese desierto, claro, no es otro que el Sáhara. Y después de todos los atractivos que ofrece. La luz del día (los escenarios de La Guerra de las Galaxias, el pueblo bereber de Chenini, los paseos en quad sobre la arena…), nada hay como maravillarse con un atardecer en el que, en este caso, un sol enorme y sangriento se cuela entre las dunas.

Puesta de sol en el Sáhara | magann / ISTOCK