Cinco faros de España para guiar nuestros sueños de mar

De A Coruña a Cádiz y Gerona, pasando también por Baleares

Noelia Ferreiro
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Foto: JackF / ISTOCK

Hay una extraña mística en estas atalayas del mar que sirven para orientar a marineros y navegantes, que son testigos de tormentas y naufragios, que esconden bajo sus halos de luz ecos de viejas leyendas. Los faros, más que bellos elementos del paisaje, son un choque de tierra y océano, de viento y de mareas. Y aunque en España hay unos 190, estos son algunos de los más emblemáticos:

Torre de Hércules (A Coruña)

Pese a que existe una leyenda que sitúa su germen en una elevadísima torre celta desde la que, decían, se podía ver hasta la costa de Irlanda, lo cierto es que este faro de 57 metros de altura tiene un origen romano. De hecho, es el faro romano en funcionamiento más antiguo del mundo, puesto que procede nada menos que del siglo I. Por ello fue declarado hace tiempo Patrimonio de la Humanidad. Desde su cima, a la que se puede subir para contemplar la panorámica, las vistas se empapan del Atlántico, mientras que a su espalda se desparrama la ciudad de A Coruña al completo.

Torre de Hércules | saiko3p / ISTOCK

Faro de Finisterre (A Coruña)

También en A Coruña encontramos este otro mítico faro, que esta vez debe su fama por estar emplazado en el punto más al oeste de Europa. El Faro de Finisterre, que fue construido en 1853 para señalizar este enclave geográfico primordial para la navegación, es una torre octogonal de 17 metros, con una linterna que alcanza más de 30 millas náuticas. Sus atardeceres, claro, son de lo más espectacular, motivo que lo convierte en el monumento más visitado de Galicia después de la catedral de Santiago. A su lado, lo que fuera el edificio del semáforo, erigido para dar señales a la marina de guerra, es hoy un pintoresco hotel en lo que se consideró el fin de la tierra.

Faro de Finisterre | Alfonso Fernández Gámez / ISTOCK

Faro de Cabo Trafalgar (Cádiz)

Del norte llegamos al extremo sur para dar con este otro faro que se alza orgulloso frente a las azarosas aguas donde tuvo lugar la Batalla de Trafalgar, aquella lucha que enfrentó a las tropas franco-españolas contra la inglesa y que se saldó con la victoria d esta última. De ahí que compartan (faro y batalla) tan emblemático nombre. Mucho antes cuentan que los romanos habían levantado en este lugar un templo dedicado al dios Juno y que los árabes después alumbraron una torre de vigilancia. Hoy el faro custodia este codiciado trozo de Cádiz, famoso por sus playas, su atún y su desenfadado ritmo de vida.

Faro de Cabo Trafalgar | Jon07Wilson / ISTOCK

Faro del Cap de Creus (Gerona)

En el punto más oriental de la Península Ibérica encontramos otra atalaya marítima desde la que se divisa, inmenso y hermoso, el Mare Nostrum. El Faro del Cabo de Creus es esencia mediterránea no sólo por sus maravillosas vistas sino también por su entorno, un impresionante parque natural al que no logra restar belleza ni el azote de la Tramontana. Por algo este sirvió de inspiración a poetas, músicos y artistas como Salvador Dalí, que instaló su refugio muy cerca, en el pueblo pesquero de Cadaqués.

Faro del Cap de Creus | ToniFlap / ISTOCK

Faro de La Mola (Formentera)

Aunque es el otro faro de Formentera (el de Cap de Babaria) el que logró colarse en la gran pantalla en la película Lucía y el sexo, de Julio Médem, es a este, el de La Mola, emplazado en el extremo oeste de la isla pitiusa, al que se viene para contagiarse de una innegable atmósfera esotérica. A ello ayudan sus acantilados de 200 metros con vistas que parecen irreales, su misteriosa cueva horadada en el suelo y con salida directa al mar y los ecos de Julio Verne, a quien a quien el lugar inspiró el libro Héctor Servadac. Ciertamente, no se sabe si el autor de novelas de aventura llegó a conocer Formentera o si la imaginó tan extraordinaria como para volcar en ella su mundo fantástico.

Faro de La Mola | Ralph Blankart / ISTOCK