Chopin y George Sand pasaron aquí "un invierno" que dio para un libro entero: la cartuja mallorquina donde el compositor creó algunos de sus preludios más famosos
El compositor y la escritora llegaron a la isla en 1838 buscando un clima más benigno, pero aquel invierno terminó siendo mucho más complicado de lo que esperaban.

La estancia de Chopin y George Sand en Mallorca que acabó convertida en un libro / Istock / 5
En el invierno de 1838, Frédéric Chopin llegó a Mallorca acompañado por la escritora George Sand y los dos hijos de ella. Como la salud del compositor era delicada, buscaban un clima más benigno y terminaron instalándose en la antigua Cartuja de Valldemossa. La estancia duró unos meses, pero quedó ligada para siempre a la historia del músico y a uno de sus conjuntos de piezas más conocidos.

Valldemossa, Sierra de la Tramuntana / Istock
Chopin trabajó allí en parte de los Preludios op. 28, aunque la colección ya estaba en proceso de composición antes del viaje y no nació íntegramente en Mallorca. Por su parte, George Sand convirtió aquella experiencia en Un invierno en Mallorca, un libro publicado unos años después en el que dejó por escrito su visión de aquellos meses.

Adriana Fernández
La celda donde Chopin pasó aquel invierno
La pareja llegó a Mallorca en noviembre de ese año y, después de pasar por Palma, terminó instalándose en la Cartuja de Valldemossa. El antiguo monasterio había sido desamortizado años antes y algunas de sus celdas podían alquilarse. Y eso es lo que permitió a la pareja encontrar allí alojamiento.
Pero no te imagines una estancia sencilla como sería ahora un viaje a este popular pueblo mallorquín. El clima fue más húmedo y lluvioso de lo que esperaban y la salud de Chopin empeoró. Pese a eso, el compositor continuó trabajando y entre las obras relacionadas con aquel periodo se encuentran varios de los Preludios op. 28, una colección de piezas breves como el preludio popularmente conocido como la Gota de lluvia.

Real Cartuja de Valldemossa / Istock
La celda que ocupó la pareja se conserva hoy como uno de los espacios más conocidos de la Cartuja. Si lo visitas puedes acercarte a las habitaciones donde vivieron, al pequeño jardín y descubrir algunos de los objetos relacionados con aquella estancia. El más buscado es, como no podía ser de otra manera, el piano, pero el que utilizó Chopin durante su estancia no se conserva en la propia celda. Poder estar cerca del original sería una maravilla, pero pese a no contar con ese valioso instrumento, la visita merece la pena porque te permite conocer las condiciones en las que trabajó durante aquellos meses y la historia que convirtió este rincón de Mallorca en un lugar de peregrinación para los aficionados a la música.
El invierno que George Sand convirtió en literatura
La experiencia de Valldemossa no terminó cuando Chopin y Sand abandonaron Mallorca. La escritora utilizó aquel viaje como materia para Un invierno en Mallorca, una obra publicada en 1842 que ofrece una imagen muy distinta de la postal que hoy tenemos en mente cuando pensamos en la isla.
La estancia de los artistas había comenzado con expectativas mucho más agradables de lo que acabó siendo y Sand describe en el libro las dificultades del viaje, el alojamiento, el clima y las costumbres locales desde una perspectiva muy personal, además de hablar de la enfermedad de Chopin.

El entorno natural de la Sierra de Tramontana en Valldemossa / Istock / jotily
Mallorca les había parecido un destino adecuado para que el músico pudiera recuperarse gracias a su clima, pero el invierno de 1838 fue muy lluvioso y la pareja tuvo problemas para encontrar una vivienda que reuniera las condiciones que buscaban.
Y, por si eso fuera poco, la relación entre ambos tampoco era sencilla. Sand se ocupaba de Chopin durante su enfermedad mientras intentaba continuar con su propio trabajo como escritora, por lo que el viaje terminó convirtiéndose en una experiencia intensa para los dos. Fuera para bien o para mal, Un invierno en Mallorca acabó formando parte de la propia historia turística de Valldemossa y la localidad ha mantenido la memoria de aquellos meses en diferentes espacios del pueblo.
Una cartuja entre las calles de piedra de Valldemossa
La Real Cartuja es el principal reclamo de Valldemossa y, como conserva la estructura de las antiguas celdas, permite entender cómo era la vida de los monjes cartujos antes de que el edificio pasara a manos privadas. Pero el antiguo monasterio es solo uno de los elementos que impresionan a quienes por entonces llegaron hasta aquí (y a todo aquel que llega a día de hoy).

Cartuja de Valldemossa / @Launchmetrics Spotlight / Khrizmo | Istock
El casco histórico está formado por calles estrechas y empinadas, casas de piedra y fachadas adornadas con las características macetas y plantas que aparecen por todos sus rincones. Aunque el pueblo es una maravilla, la postal no estaría completa sin la Sierra de Tramontana, ya que desde el pueblo hay una impresionanes vistas hacia las montañas que rodean el valle.
Puedes quedarte allí sin hacer nada y simplemente disfrutando viendo las horas pasar desde sus terrazas, pero lo cierto es que Valldemossa se recorre en poco tiempo y es un muy buen punto de partida para recorrer a pie los alrededores. Desde los caminos que salen del pueblo puedes acercarte a paisajes de montaña, mientras que algunas rutas conducen hacia miradores desde los que se contempla la Sierra de Tramontana.
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