Chenoa. Descubrimos su faceta más viajera

MARÍA LAURA CORRADINI FALOMIR, “CHENOA”, nació en la localidad de mar del plata (Argentina). Ha vivido en Palma de Mallorca desde los 8 años y ahora en Madrid por trabajo. De su ciudad natal no olvida el olor a pescado ni los paseos con sus abuelos por la “peatonal”. De la Isla Balear recuerda bien los atardeceres de la península de Sa Forada y los paisajes de Valldemossa. En su agenda viajera tiene pendiente visitar los países del norte de Europa. Mientras tanto, promociona su último disco "A mi manera". 

Javier del Castillo
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Foto: VICTORIAIGLESIAS

Se conoce que el fenómeno televisivo de Operación Triunfo significó un punto de inflexión en su vida. Marcó un antes y un después. Aquella popularidad la recuerda hoy con cariño, pero sin nostalgia. La Chenoa de hace 17 años tiene muy poco que ver con la Chenoa actual, con la que compartimos charla y café en una terraza situada al lado de su domicilio, en la localidad de Majadahonda (Madrid).

VICTORIAIGLESIAS

Como el título de su popular canción, Cuando tú vas, yo vengo de allí, da la impresión de que  está de vuelta de algunas cosas. Dentro de la artista, que actualmente colabora en los programas de televisión Tu cara me suena y Zapeando, se refugia María Laura Corradini, una mujer a la que le encanta el café más auténtico, las lecturas de Agatha Christie o perderse con su amiga Lidia por la Sierra de Gredos.

¿Qué recuerdos conserva de Mar del Plata?

Los paseos con mis abuelos por la Plaza de la Catedral y la peatonal. Me encantaba patinar y ver cómo los lobos marinos les robaban los peces a los pescadores. Conservo aquel olor a pescado y recuerdo el edificio del Casino, un icono de la ciudad turística en la que veranea mucha gente de Buenos Aires.

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¿Ha vuelto después a su ciudad natal?

Volví a los 16 años y mi percepción fue distinta. Mi visión se redujo. Lo que de niña me parecía muy grande, muy grande, lo encontré chiquitito. Aquello fue muy chocante, pero la peatonal y el Casino seguían estando allí. La Argentina de mi infancia la he trasladado a mi Mallorca.

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O sea, que el cambio fue fácil de asimilar…

Bueno, el mar Mediterráneo es una balsa, comparado con el Atlántico. Por algo a Mallorca la llaman la isla de la calma. El paisaje también cambió, pero el olor a mar seguía ahí.

En Palma de Mallorca cantaba para los turistas en hoteles y salas de fiesta. ¿Fue una buena escuela?

Los alemanes, suecos y holandeses tienen la cultura de escuchar música en vivo. Les gusta el jazz, el soul... y entonces yo cantaba temas de Aretha Franklin, Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan o Billie Holiday. Después llegó Operación Triunfo, que marcó un punto de inflexión en mi vida. 

Reconoce que es muy curiosa, pero también bastante cuadriculada. ¿Cómo se explica eso?

Mi profesión es muy rara: o tienes la filosofía del rock and rock, que es dejarte llevar, o la filosofía del deportista, y entonces eres muy cuadriculado. Yo llego a un sitio y tengo un horario, un planning, pero siempre encuentro un momento para empaparme de la cultura de ese lugar y para disfrutar de su cocina. En México, la última vez que estuve, probé las huevas de hormiga, que no estaban nada mal. 

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Ha recorrido gran parte de Hispanoamérica y Estados Unidos. ¿Qué país ha sido el que más le ha sorprendido? 

A nivel musical, me sorprendió mucho Colombia, porque lo asociaba a la música más latina y resulta que son bastante rockeros. Me quedé muy impactada. Era muy llamativo y me hizo mucha gracia. 

¿Qué impresión le causó Etiopía, donde estuvo apoyando un proyecto de desarrollo? 

Me dejó la cabeza dada la vuelta. Visitamos Adís Abeba y Lalibela, y cuando volví a Madrid me sentí fatal, como culpable. Ves todo lo que falta por hacer y cambias tu forma de entender la vida. Te humanizas mucho más. 

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Ir de gira también es otra forma de viajar.

Cuando vas a trabajar, vas a trabajar. Pero siempre te buscas un huequecito para conocer ese lugar. Conozco la mayoría de las capitales de provincia españolas y soy muy fan de Ávila. Me vuelve loca la sierra de Gredos y también me fascinan León y los pueblos de Segovia. 

Recomiende a los lectores de VIAJAR algún lugar de Mallorca. 

Lo tengo clarísimo: Deyá y Valldemossa. Los atardeceres de Sa Foradada son absolutamente indescriptibles. Mallorca tiene algo especial. Cuando salgo de la isla y subo al avión me pongo a llorar. 

¿Alguna historia curiosa vivida en sus desplazamientos?

Una vez, en el aeropuerto de Los Ángeles, escuché de repente mi nombre por megafonía. La gente ya había embarcado y cuando entré en el avión todo el mundo se me quedó mirando. ¡Qué vergüenza! En otra ocasión, en Portugal, tuve que actuar con lo que llevaba puesto, porque me dejé la maleta con la ropa de trabajar en casa.

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¿Qué tal se le da hacer la maleta?

Tengo tres tipos de maleta: la del aeropuerto, la del AVE (donde meto todo lo que me da la gana) y la que utilizo para ir a Mallorca, a tutiplén, para llevar todas las cosas que compro para mi padre y mis sobrinos. Son tres equipos básicos. 

¿Cómo recuerda el viaje a Tallin (Estonia) acompañando a Rosa en el Festival de Eurovisión 2002? 

Pues es una experiencia y un viaje que lo tengo algo borroso. Solamente recuerdo que era un sitio muy pintoresco y que probamos el tartar de atún. Fue un poco como estar en una nube, pues entonces no tenía tanta conciencia de las cosas que sucedían a mi alrededor.

¿Cuál es el viaje soñado que no ha podido hacer realidad todavía?

Tengo muchas ganas de ir a Suecia y Noruega. Son países muy ecológicos y me gustaría ver cómo viven. Europa es uno de mis destinos preferidos. A París he ido mil veces. Es una ciudad que me fascina. También he viajado por Alemania y me he enamorado de Ámsterdam. Por cierto, tengo pendiente visitar la tumba de los Reyes Católicos en Granada.

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¿Qué medio de transporte prefiere?

Soy una romántica y me gusta mucho el tren. El viaje de Madrid a París lo hice en tren y ahora quiero viajar por el norte en el Transcantábrico.  

¿Playa o montaña?

Si tengo que elegir, prefiero las pozas de la sierra de Gredos con el agua helada. En Mijares (Ávila), una señora me decía: cómo se nota que no eres de aquí. Perdí el sentido de las piernas y salí del agua amoratada. 

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