Cerdeña: piedras y brujas, por Luis Pancorbo

Cerdeña es un museo de piedra donde aún quedan 8.000 estructuras megalíticas, especialmente "nuraghi".

Luis Pancorbo
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Foto: Ximena Maier

En Cerdeña usan la expresión domus de janas para referirse a las casas de hadas, por no decir las casas de brujas. Se trata más bien de tumbas, de hipogeos excavados en las rocas, y hay hasta 3.500 en toda la isla, según la exhaustiva guía arqueológica de Alberto Moravetti. En Sedini, un pueblo de la región norteña de Anglona, se enorgullecen de tener la mayor domus de janas de Cerdeña. Alguna gente de Sedini se anima con eso y adorna la entrada de sus casas con escayolas que están entre un hada y Blancanieves, confiriendo un tono disneyano, si no kitsch, a un pueblo recio, de cuestas solitarias. Y como emparedado entre colinas frondosas, a una decena de kilómetros del mar a vuelo de azor.

En el centro de Sedini se alza Sa Rocca, la joya del pueblo, una peña blanca con un interior tan espacioso que cabe un museo etnográfico. Quien quiere puede pedir permiso al Ayuntamiento para casarse allí dentro, en un antiguo hipogeo. Duendes aparte, se supone. Hasta hace poco la domus de janas de Sedini era una casa de campesinos. Hoy en los rellanos de esa gran muela hueca con varias alturas se expone la robusta cama de sus antiguos dueños, el brasero, el telar, los cazos colgados en las paredes ahumadas donde tenían el fogón. Y donde no temían, al amor de un pan con ajo y salchichas, que Sa Rocca hubiese sido una sepultura prehistórica, un peñón vaciado con picos de piedra hasta dejarle una cáscara aislante, fresca o cálida según las distintas estaciones.

Una maravilla más del museo de piedra que es Cerdeña. Del Neolítico reciente (entre el 3500 y el 2700 a.C.) quedan 8.000 estructuras megalíticas, especialmente nuraghi (similares a las torres o talayot de Baleares), tanto los llamados tholos, troncos de conos invertidos, como los que tienen corredores. Y 91 son los pozos sagrados y 700 los pequeños y airosos bronces encontrados (heraldos del arte de Giacometti), y 800 las tumbas de gigantes, unas sepulturas colectivas tanto en forma de dolmen como de isódomo, con arquitrabes en la puerta.

Uno siente más intriga por las domus de janas (xanas dirían en Asturias). No lejos de Sedini, en las afueras de Castelsardo se encuentra la famosa Roca del Elefante, un paquidermo de piedra bajo cuya trompa se talló una casa de hadas en el tercer milenio antes de Cristo. En cambio, la domus de janas de Sedini parece tener un pico de ave de presa, con sus ventanas como ojos, asomada por un lado al pueblo y por otro al valle de Solaris, rematado por mesas, nidos de rapaces y repleto abajo de grietas donde antaño se refugiaban los bandidos. Ahí se encuentran las ruinas de Spelunca, un pueblo abandonado en el siglo XIII por la peste o por las inundaciones. Resiste en pie algún arco de la iglesia de San Nicola, una visión espectral pese al sol radiante y el aroma de mirto que desprende el campo.

Dicen que en el llamado Valle del Infierno, entre Sedini y Tergu, que abunda en espeluncas naturales y en domus de janas, se celebraron aquelarres de hasta doscientos brujos y brujas. Fue otro de los sitios míticos de cónclave satánico de Italia, como Triora en Liguria y Benevento en Campania, con el famoso nogal donde se reunían las lammie, o lamias, término que también se usó en el norte de España. Pero la parte noroccidental de Cerdeña tuvo un papel prominente en los 165 procesos de brujería instruidos por la Inquisición entre mediados del XVI y finales del XVII. En 1577, siendo el español Alfonso de Lorca arzobispo de Sassari, y máximo inquisidor, hubo un juicio sonado contra Caterina Curcas de Castelaragonese (hoy Castelsardo), acusada de mantener relaciones con un diablo con pinta de noble, llamado Furfureddo, que a veces vestía de amarillo y otras de rojo y de negro. Angela Calvia fue procesada al año siguiente por mantener relaciones con el demonio Corbareddu, vestido de verde y amarillo, y otras veces, de nada.

Como las piedras de Cerdeña, testigos de luchas ciclópeas en el tiempo del caos, según Grazia Deledda. Para la escritora sarda era lógico que los hombres que tuvieron que vivir en contacto con esas piedras crearan "miles de leyendas" y que las ubicaran en los sitios más hórridos y poéticos.