Casco histórico de Malinas

Eterna rival de Brujas, Malinas presume de ser más auténtica al haber padecido en menor medida los efectos de la I Guerra Mundial. Su centro es una delicia que combina esa autenticidad histórica con revitalizadas calles.

Carolina Silva

A medio camino entre Amberes y Bruselas, Malinas se encuentra en el corazón de Flandes, lo que la llevó a ser capital de los Países Bajos. De esa época de esplendor es su joya más valiosa: la Torre de San Rumoldo, Patrimonio de la Humanidad, que corona la catedral. Sus 538 escalones, que permiten ver desde dentro los dos carrillones de 49 campanas únicos en el mundo, llevan a un mirador desde donde se divisa su trazado urbano... y hasta el Atomium bruselense. En uno de sus flancos, la peatonal Plaza Mayor (Grote Markt) condensa edificios pertenecientes a distintos siglos, entre los que destaca el Ayuntamiento. A falta de bicicleta, cuyo alquiler es complicado, las pequeñas dimensiones del casco histórico lo hacen perfecto para pasear. Para reponer fuerzas, la Patisserie Vanderbeek es toda una institución en tentempiés dulces o salados. Está entre la Grote Markt y la calle Ijzerenleen , considerada los Campos Elíseos de Malinas. Allí se encuentran añejas tiendas de tradición familiar como Huis Wendels, la mejor cava de puros de la ciudad; Gauthier, bombonería donde se trabajan mazapanes y praliné naturales; y Schockaert, el paraíso de los quesos, con variedades artesanales que maridan con la cerveza local por excelencia, Gouden Carolus, la favorita del emperador Carlos V.

Izjerenleen desemboca en el puente Grootburg, que, tras cruzar el río Dyle, en cuyo flanco se asienta una de las terrazas más íntimas dentro de la mítica cafetería De Gouden Vis?, conduce a una de las zonas de shopping más efervescentes. Sus revitalizadas calles esconden coquetas tiendas como la especializada en diseño nórdico Simple Design (Beethovenstraat, 8-10), la de sombreros, tocados y bolsos artesanales Awardt (Adegemstraat, 3), o la de diseño ecológico Super Goods (Onze-Lieve-Vrouwestraat, 116). Son una muestra de la revitalización urbana de algunas zonas que rodean el casco histórico de Malinas, donde nació el abuelo de Beethoven... de ahí que una calle refleje este apellido.

El puente Vijfhoek conduce a la calle comercial Bruul, que da acceso al Jardín Botánico -el pulmón verde de Malinas- y donde está el restaurante Sputnik, ideal para almorzar ligero. Bruul desemboca nuevamente en la Grote Markt, donde De Witten Vos se presta a una cena a base de moules et frites (mejillones con patatas fritas) con vistas a la plaza. Para tomar una copa, Vismarkt es el auténtico meeting point nocturno. Allí está también la tienda Paté du Chef, con regalos originales de inspiración retro para aquellos que huyan de los clásicos souvenirs.

El paseo de los derechos humanos
Con motivo de la inauguración en noviembre de 2012 del museo Kazerne Dossin (www.kazernedossin.eu), dedicado al Holocausto, Malinas ha creado una ruta que recorre distintos emplazamientos relacionados con los derechos humanos. Además, la urbe acaba de estrenar la exposición Newtopia, que mostrará hasta diciembre la relación entre el arte contemporáneo y estos derechos a través de obras de 70 artistas. www.flandes.net y www.newtopia.be