Carnaval en el casco antiguo de Basilea

La capital suiza del Rin, la cultura y la arquitectura (con edificios de once premios Pritzker) lo es también de la diversión. Su bello casco antiguo acoge un curioso carnaval que dura tres días sin parar.

Luis Uribarri

Situada en la confluencia de Francia, Alemania y Suiza, Basilea alberga cuarenta museos y la arquitectura más vanguardista del momento (un tercio de los premios Pritzker han construido aquí). Vertebrada por el Rin, es una de las capitales más importantes de la industria química y farmacéutica. Sus 200.000 habitantes disfrutan de una de las ciudades con mayor calidad de vida del mundo y del carnaval más famoso de Suiza (con permiso de Lucerna): a las cuatro de la mañana del lunes después del Miércoles de Ceniza (13 de febrero en 2013) la ciudad apaga todas sus luces para dar inicio a una fiesta de 72 horas ininterrumpidas. El bello casco antiguo es el epicentro de esta fiesta. De extensión reducida y asequible, invita a disfrutar del savoir vivre suizo desde la llegada a la Markplatz o Plaza del Mercado. Aquí se ubica el Ayuntamiento (Rathaus), de fachada rojo vivo y cuyo interior se puede visitar. Justo enfrente, la pastelería Schiesser vende el mejor chocolate de la ciudad. Una placita adyacente lleva a las antiguas calles de los gremios. En la del Jengibre (Imbergässlein), una puerta sirve como escaparate de un metro cuadrado del diminuto Hoosesagg Museum (Museo del Bolsillo, Imbergässlein, 31): cada mes cambia una exposición monográfica de objetos que caben en un bolsillo.

El casco antiguo también es el lugar para ir de compras. La calle Spalenberg resalta por sus pequeños locales comerciales y por la boutique de adornos navideños Johann Wanner Christmas House (Spalenberg, 14), de fama mundial. Todo tipo de adornos cristianos y paganos se suceden entre bolas de Navidad de cristal soplado con precios entre 50 céntimos la más pequeña y dos mil euros las gigantes.

El católico Erasmo de Rotterdam vivió y enseñó en Basilea entre 1521 y 1529 y está enterrado en su protestante catedral. Desde la terraza que hay tras ella se contempla el valle del Rin y las cumbres de la Selva Negra. La bonita plaza de la catedral alberga también el Museo de la Cultura , con casi 300.000 objetos de todo el mundo. De vuelta a la Markplatz, un pequeño desvío lleva hacia el icono del arte al aire libre en Basilea, la Fuente Tinguely (Steinenberg, 9).

En tiempos de Erasmo la ciudad fue el centro de la imprenta y la fabricación de papel. Imprescindible visitar el Museo del Papel, (St. Alban-Tal, 37), donde funciona un molino de 500 años de antigüedad y donde uno puede crear su propio papel y llevárselo. Para culminar la jornada y reponer fuerzas, la cervecería Zum Brauner Mutz (Barfüsserplatz, 10) ofrece platos típicos y la contundente salchicha alemana con rosti de patatas.

Obras maestras bajo la luz de Renzo Piano

La famosa colección Beyeler halló en 1997 un hogar abierto al público en Basilea. Un edificio de Renzo Piano ilumina casi 200 obras maestras de Monet, Cézanne, Van Gogh, Picasso, Giacometti, Warhol y Bacon, entre otros grandes del siglo XX, intercaladas con objetos y esculturas de África, Alaska y Oceanía. Hasta el 27 de enero muestra una gran exposición con las últimas obras del maestro impresionista Edgar Degas (1834-1917). www.fondationbeyeler.ch