Carlos Hipólito: “En España encuentro siempre cosas nuevas por descubrir"

Podría haber sido arquitecto, como su padre, pero lo dejó por el teatro. Hoy ha hecho más de 40 obras teatrales, una docena de películas y más de 30 series. Desde primeros de marzo protagoniza junto a su mujer la obra 'Rita' en el Teatro Infanta Isabel de Madrid. 

Javier del Castillo
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Foto: VICTORIA IGLESIAS

Practica, como él dice, el turismo teatral. Viaja a Londres con su mujer —la actriz Mapi Sagaseta— y su hija, Elisa, una o dos veces al año y a Nueva York cada dos años, para ver lo más destacado de sus carteleras teatrales. A este madrileño, de 64 años, lo mejor que le ha podido pasar en la vida es dedicarse desde hace 42 años a lo que más le gusta y tener la suerte de hacerlo viajando.


Usted nació en el barrio de Chamberí y eso marca bastante.
Soy madrileño chamberilero, como Juan Mayorga, y tengo un poema dedicado por él que dice: “Soy tan chamberilero que ya en Alonso Martínez me siento un extranjero”. Vivíamos en la calle Escosura y mi madre me llevaba al Paseo Pintor Rosales y al Parque del Oeste a montar en bici. 

En Salzburgo, Austria. | Carlos Hipólito

¿Dónde pasaba en aquellos años las vacaciones?
Los veraneos de mi infancia se repartían entre San Sebastián, Santander y Galicia. Un tío mío era médico en Beasain (Guipúzcoa) y pasábamos algunas semanas en su casa. Tengo un montón de recuerdos de la playa de Ondarreta, a la que nos acercábamos casi todos los días. También íbamos a la playa del Sardinero, porque la familia de mi madre es de Santander. Y, finalmente, a un pueblecito de A Coruña que se llama Palmeira, donde vivían unos buenísimos amigos de mis padres. Yo soy muy del Cantábrico y también del Atlántico, que son más bravos que el Mediterráneo. 


Su mujer es de Las Palmas de Gran Canaria y supongo que conoce las distintas islas del archipiélago.  ¿Qué es lo que más le gusta de ellas?
Conozco todas las islas menos una, La Gomera, que creo que es preciosa. Una de las cosas que más me llama la atención es su variedad climática: hay sol, hay frío, hay niebla, hay lluvia… Son unas islas muy especiales, que aúnan paisaje volcánico, paisaje casi tropical y hasta pinares. Son muy variadas. 

En la playa de Maspalomas, Gran Canaria. | Carlos Hipólito

¿Cómo se ve España desde las giras teatrales que lleva haciendo desde hace 42 años?
España me sigue sorprendiendo. Vuelvo una y otra vez a las mismas ciudades y me encuentro siempre cosas nuevas por descubrir. Además, he conseguido una cosa muy bonita: en casi todos los lugares de España a los que viajo me siento como en casa. He conseguido hacer amigos en cada sitio, y que esos amigos me enseñen de verdad la ciudad tal como es, no la que ven los turistas. 

¿Qué le aportan los viajes?
Me aportan vida, cultura, sensaciones, emociones y vivencias. Uno es lo que ha vivido y, si lo que uno ha vivido está impregnado de otras culturas y de otros paisajes, es enormemente enriquecedor. Cuando viajo, intento empaparme un poco del lugar en el que estoy. Me gusta brujulear y saber cómo es y cómo vive esa gente. Por deformación profesional, al estar siempre pensando en personajes, me imagino cómo viven, cómo se comportan y cómo son sus relaciones.

En Bioko, Guinea Ecuatorial. | Carlos Hipólito

¿Su primer viaje fuera de España?
Un viaje a París, donde vivía un hermano de mi padre. Recorrimos en coche toda Francia y me impresionó mucho. En aquellos años sesenta se notaba mucho la diferencia con España en los edificios, en los jardines, en cómo vestía la gente. Veías un pueblo de Francia y decías: “¡Qué bonito!, parece que lo han decorado”. Afortunadamente, los españoles entramos en Europa y conseguimos quitarnos la boina de encima.  

¿Algún otro viaje ya lejano en el tiempo?
A principios de los ochenta hice con Carmen de la Maza una gira por Alemania y Suiza representando Mariana Pineda para los emigrantes españoles. Durante mes y medio, recorrimos todo Alemania y parte de Suiza en un autocar supermoderno y comodísimo. Hicimos la ruta del Rin, estuvimos en las ciudades de Bonn y Colonia y luego en Ginebra y Berna.

Con su mujer en Florencia.  | Carlos Hipólito

¿Le quedan viajes pendientes? 
Tengo pendiente un viaje a Buenos Aires, pero hasta ahora no ha sido posible encontrar un par de semanas libres para hacerlo. También me queda pendiente Asia y una parte de África. 

Si tuviera que vivir fuera de Madrid, ¿a dónde se iría? 
Me cuesta mucho pensar en vivir fuera de Madrid. Pero no me importaría pasar largas temporadas en Las Palmas de Gran Canaria. Hay playas maravillosas en otras ciudades españolas, pero la de Las Canteras es la única, si excluimos otras del archipiélago, que puede usarse 12 meses al año. Londres es otra ciudad que me fascina. Me atrapa, me gusta, la conozco y me siento como en casa.

Con su hija en Nueva York.  | Carlos Hipólito

¿Un atardecer inolvidable?
Desde mi casa, en Valdemorillo, veo unos atardeceres que alucinas. Arriba de la casa tenemos un mirador grande, orientado al oeste, y veo unas puestas de sol por la sierra de Madrid que son espectaculares. 

¿Guarda souvenirs de los lugares que ha visitado?
Nos pasamos la vida almacenando cosas y solo compro algún imán raro o distinto. Nunca el típico recuerdo de Segovia o recuerdo de Japón.

Si pudiera viajar en el tiempo, ¿en qué época le habría gustado vivir?
Me hubiera fascinado vivir en el Renacimiento, con esa eclosión de pintura, escultura y ese cambio hacia la luz. Pero soy bastante comodón y esas circunstancias de vida no me atraen nada. Me gusta tener calefacción, agua corriente y luz eléctrica. 

Suele viajar con su mujer y su hija. 
Prefiero viajar con mi gente, con mi familia. No me gusta viajar en grupo y cuando viajo con la compañía teatral, al acabar la función cada uno hace su vida.

¿Alguna anécdota viajera?
Mi suegra me contó que durante un viaje por África vieron al otro lado de un barranco a una familia de orangutanes. Entonces, ella empezó a gritar “¡orangután, orangután!” y, de pronto, notó que le había caído algo en la cara. Uno de los orangutanes había cogido del suelo sus propias heces y se las había lanzado. Se ve que no era la primera vez que pasaba, pues enseguida apareció un señor con una manguera para limpiarla.